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Managua, 04 de mayo, 2012
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Falta madera para muebleros

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  • Se ha logrado establecer la cadena de valor del sector, pero ahora, madera solo queda en comunidades indígenas del caribe y hay mucha competencia externa

 

 

 

Por Génesis Hernández Núñez y Lucydalia Baca Castellón

 

 

Para hacer una silla o una mesa de madera en el país se debe buscar la materia prima en comunidades indígenas de la región del Caribe, porque en el Pacífico lo poco que queda se encuentra en reservas privadas; y en la zona Norte y Central el cultivo de café y la ganadería extensiva ha exterminado muchísimas hectáreas de bosques.

 

“El problema es que las comunidades indígenas necesitan vender grandes volúmenes, mínimo una rastra que son 12,000 pies tablares de madera con un valor promedio de 15,000 dólares y las pymes no tienen ese capital de trabajo para invertir ni en una bodega para guardar esa cantidad de madera, además hay mucha demanda de exportación y eso tensiona el mercado local”, explica Margie Ortega, directora ejecutiva de Jagwood Red Mesoamericana y del Caribe de Comercio Forestal capítulo Nicaragua.

 

El problema, añade, es “que llegan extranjeros con el dinero en la mano en el momento preciso de la extracción de la madera y compran los lotes a las comunidades indígenas”.

 

Para combatir esta situación y así permitirle a los productores tener acceso a madera legal, extraída de las comunidades indígenas del Caribe, fue creado Maderas Tasbaiki, localizado en Masaya, que es el primer banco de madera certificada del país y cuenta con la tecnificación de cabinas especializadas para el secado de madera.

 

Es por esta razón que también el Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa (Inpyme) ha firmado convenios de colaboración con distintas instituciones del Estado como el Instituto Nacional Forestal (Inafor), que capacita a los empresarios para que participen en las subastas de madera que realiza la institución.

 

También se llegó a un acuerdo con el Instituto Nacional Tecnológico (Inatec) para capacitar y brindar asistencia técnica a las empresas y así mejorar la ergonomía y el acabado de los muebles, que permitan la diversificación de los modelos conforme a las demandas del mercado.

 

Además, a través del Programa de Apoyo al Comercio Exterior del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) el Inpyme con el apoyo del Centro de Exportaciones e Inversiones (CEI) impulsan las exportaciones del sector, que durante el 2011 crecieron alrededor del 30 por ciento.

 

“El éxito de las microempresas está en fabricar lo que el mercado quiere comprar, lo que al cliente le guste. Entonces debe haber un cambio de actitud y de mentalidad”, enfatiza Martha Briones, directora ejecutiva del Inpyme.

 

En este aspecto Marlene Aráuz Méndez, gerente general de Muebles Valeska, de Estelí, opina: “Ya no podemos pensar que porque mi abuelito hacía así estas sillas, así las tengo que fabricar yo también, porque no necesariamente se va a vender. Tenemos que ver qué es lo que el cliente necesita y no lo que nosotros queremos producir, por eso estamos apostando a la ideología del cambio”.

 

MERCADO INESTABLE

 

 

Vicky Vaughan, gerente general de La Mueblería, explica que “el mercado local es bien inestable, sube y baja y tenemos una alta competencia con el mueble que viene de fuera”.

 

Según datos del Ministerio de Fomento, Industria y Comercio (Mific) cada año las importaciones en muebles de todo tipo ascienden a trece millones de dólares.

 

Vaughan manifiesta: “Las tiendas grandes que son las que tienen dinero para invertir no nos compran a nosotros, porque no competimos con los precios de Asia, pero sí competimos con calidad, entonces el mercado nuestro se vuelve muy exclusivo porque te busca un cliente exigente que puede pagar”.

 

“Tuve la oportunidad de vender en una tienda por departamento y me di cuenta que los vendedores promovían el producto asiático solo porque el otro era hecho en Nicaragua y lo decían con menosprecio. Trabajo mucho con extranjeros y se sorprenden al ver cómo el nicaragüense valora más el producto que viene de fuera que el propio. Entonces también debe cambiar la cultura de consumo en nuestro país”, expresa Vaughan.

 

 

Las pequeñas empresas dedicadas a la producción de mueble nacional, además de madera, necesitan créditos para sus negocios. LA PRENSA/Oscar Navarrete

Otro aspecto que la empresaria destaca es que “las pymes no pueden crear condiciones de crédito y hay un gran sector de la población que le compra, por ejemplo a estas grandes empresas, porque le ofrecen crédito, uno llega y no le dicen ni cuánto cuesta el mueble, sino que presentan directamente la cuota y nosotros no podemos hacer eso”.

 

Es por ello que Vaughan dice que quieren crear alianzas con la banca privada, para que hayan “paquetes de crédito o de financiamiento tanto para las pequeñas y medianas empresas como para los clientes que quieran comprar muebles de madera nicaragüense bien hechos”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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