LA PRENSA. El Diario de los Nicaragüenses. Nicaragua

Managua, 13 de mayo, 2012
Actualizado 06:32 p.m.

 

27

27°C

Suscripción al impreso
logo

Gerente de Ventas
Ethel Dinter
Tel: 22556767 Ext. 5202
Email: ethel.dinter@laprensa.com.ni


Coordinadora de Ventas
Amanda López
Tel: Tel: 22556767 Ext. 5203
Email: amanda.lopez@laprensa.com.ni


Coordinadora Web
Scarleth Tenorio
Tel: Tel: 22556767 Ext. 5210
Email: scarleth.tenorio@laprensa.com.ni


Coordinadora Prensiguía
Lisseth Tellez
Tel: Tel: 22556767 Ext. 5211
Email: lisseth.tellez@laprensa.com.ni

logo

logoandroid 
logoipad 
logoiphone 
logobb
Android iPad iPhone Blackberry
 

Voces

Cuba después de Chávez

Valorar: Sin Interés Poco Interesante De interés Muy interesante Imprescindible
  4 votos

Por: Carlos Alberto Montaner

 

La parte más compleja de la herencia que dejará Hugo Chávez son las relaciones entre Venezuela y Cuba. Las que hoy existen están montadas desde una extraña subordinación emocional, política e ideológica del líder bolivariano a Fidel Castro y no responden a los intereses o a las preferencias de los venezolanos.

 

Encuesta tras encuesta, más del 82 por ciento de los venezolanos (lo que quiere decir que muchos son chavistas) responden que no desean que en su país se instale un modelo político similar al cubano. Presumiblemente, un porcentaje parecido tampoco está de acuerdo en que se continúe subsidiando con miles de millones de dólares el terco e improductivo colectivismo implantado por los Castro.

 

¿Por qué Chávez convirtió a Venezuela en el financista a fondo perdido de Cuba? Las razones son varias, pero la más importante es que el teniente coronel encontró en Fidel Castro una suerte de guía espiritual y político que le indicaba lo que tenía que hacer, y cómo y cuándo debía llevarlo a cabo. Fidel era su gurú, su padre moral, su protector contra los peligros que lo acechaban en Venezuela y que en abril del 2002 estuvieron a punto de costarle el poder y la vida.

 

Fidel, además, lo dotó de una visión compatible con el marxismo y de una épica misión internacionalista que lo clavaría para siempre en la historia: derrotar a Estados Unidos y enterrar el capitalismo. Con la sabiduría de Fidel, enriquecida por tres décadas de aprendizaje de la santa madre soviética, más la impetuosa juventud de Chávez, unida a su caudaloso río de petrodólares, los dos triunfarían en la tarea de salvar al mundo, traidoramente abandonada por la desaparecida URSS.

 

¿Cuánto valía para Chávez ese protectorado ideológico, estratégico, policíaco, tan diferente al poco fiable universo de sus propios colaboradores, generalmente corruptos y potencialmente desleales? Valía todo lo que Fidel necesitará y le pidiera. Chávez se entregó al Comandante de pies y manos. Era su única fuente de seguridad.

 

Llegó un punto en el que ambos líderes, sintonizados en el mismo delirio, planeaban federar ambos países, y hasta crearon una comisión mixta de juristas que comenzaron a estudiar cómo se llevaría a cabo ese proceso. En el trayecto, Chávez, de manera creciente, fue colocándose bajo la autoridad del habilísimo servicio de inteligencia cubano, cuerpo que le proporcionaba informaciones sobre todos los altos oficiales y sobre sus ministros y colaboradores cercanos.

 

Hoy nadie del entorno de Chávez se atreve a hablar sin temor a los micrófonos de La Habana. La oposición, es cierto, está controlada o vigilada por los cubanos, pero el cerco y el humillante acoso a los chavistas es mucho más intenso.

 

Cuando Chávez desaparezca de la escena, para cualquiera que ocupe Miraflores, incluso si se trata de un chavista, ¿qué sentido tiene prolongar esta relación enfermiza, montada sobre el vasallaje emocional de un líder codependiente que ya no existirá, preocupado por controlar y espiar a su propia clase dirigente? ¿Por qué temerle a una Metrópolis menesterosa que vive de las dádivas de una colonia infinitamente más rica, poderosa y sofisticada?

 

El politólogo venezolano Aníbal Romero suele afirmar que los esfuerzos internacionalistas del castrismo siempre han terminado por fracasar. Las guerrillas castristas, a veces dirigidas por los propios cubanos, fueron derrotadas en toda América Latina en la década de los sesenta, setenta y ochenta. Apenas triunfaron en Nicaragua, paradójicamente ayudadas por los gobiernos de Venezuela y Costa Rica, pero solo para perder el poder una década más tarde en unos comicios democráticos.

 

El peruano Velasco Alvarado, el panameño Noriega, el chileno Allende, gobernantes afines a La Habana, fueron desalojados del poder sin que Cuba pudiera evitarlo. Angola y Etiopía hoy tienen regímenes totalmente alejados del modelo comunista originalmente ayudado a implantar con sangre cubana. ¿Quién ha dicho que la influencia castrista puede conservarse en Venezuela tras la muerte de Chávez? ¿Por qué? ¿Para qué? Cuba se especializa en perder. Esa ha sido su historia.  

 

Escritor y periodista cubano

 

 

Tu Comentario


Nombre *
Correo *
Web/blog - Si desea mostrarlo
Código de Seguridad
 
Los Campos marcados con (*)
Son obligatorrios

AVISO IMPORTANTE


Apegados a la libertad de expresión y a las políticas de privacidad de éste sitio web, LA PRENSA procederá a moderar los comentarios de su edición línea a partir del 1 de julio de 2010.

En aras de fomentar un debate de altura entre nuestros lectores, LA PRENSA no publicará comentarios que contengan expresiones ofensivas, imputaciones de delito, acusaciones personales o que inciten a la violencia. En ese mismo sentido, sólo se publicarán aquellos textos cuyo contenido esté estrictamente relacionado a la nota objeto del comentario.

LA PRENSA tampoco publicará comentarios escritos en mayúsculas o que hagan enlace hacia otros sitios webs no autorizados, y únicamente se publicará comentarios escritos en español.

Los comentarios y opiniones que expresen nuestros lectores no son necesariamente compartidos por Editorial LA PRENSA, ni la empresa se hace responsable por sus contenidos.

Se le solicita a los lectores reportar un comentario publicado que contradiga estas disposiciones a: comentarios@laprensa.com.ni y/o ediciondigital@laprensa.com.ni
Para que sea removido.


Siga a LA PRENSA en Twitter