Opinión
Nicaragua merece algo mejor
Róger Fischer
Aterrorizar a la población ofreciendo violencia en vez de soluciones inteligentes es la oferta que el FSLN hace a Nicaragua con sus consignas coreadas como en sus mejores tiempos.
El manido discurso sandinista muy alejado de la realidad además de desfasado promueve el desorden, la inquietud, la intolerancia y hace mella no sólo en la psiquis de la población nicaragüense, sino también afecta la economía de nuestro sufrido pueblo. Sólo la malevolencia de un enfermizo agitador, hace tambalear el Sistema Financiero y amenaza terminar con la institucionalidad democrática que tanto dolor ha costado a los nicaragüenses.
La pobreza no se combate con morterazos ni voces destempladas, tampoco inventando devaluaciones. La miseria es el pan que reparten a diario quienes desean ensangrentar a nuestro país y convertirlo de nuevo en la tierra de aventureros irresponsables.
La victoria que obtuvieron en Managua con falsas promesas de progreso y transparencia, ellos los de siempre, se han encargado de desvirtuarla demostrando su insensibilidad ciudadana y su morbosa acción política de chantaje y presión.
La ciudadanía está consciente de lo que puede ocurrir, las voces de tristeza y desconcierto se oyen en mercados, bancos, tiendas, farmacias, calles y en todas partes. Es el pueblo el que sufre la carestía de alimentos y medicinas. Es el pueblo honesto y trabajador quien se afecta principalmente. Es el comercio organizado el que resiente la ausencia de los compradores. Es el inversionista quien se atemoriza y pospone o cancela su inversión. Es la imagen de Nicaragua que nos proyecta al exterior como un pueblo de bárbaros. Es el estudiante quien no siente a nuestra Nicaragua como el futuro que anhela.
Las pocas fábricas no pueden competir, ni nuestras exportaciones son confiables por la inestabilidad política y la constante agitación social.
¿Qué será Nicaragua para los mayores que ya no tienen otras aspiraciones? ¿Volveremos a caer en la noche de la tristeza o el destierro? ¿O unidos quienes amamos a esta tierra con valentía y trabajo alcanzaremos por la ruta del civismo, la paz permanente y la dignidad como país y como personas?
Alguien con mucho sentimiento me decía: ¿será que queremos vivir en un país con respeto, seguridad y democracia y tal vez la mayoría prefiere el odio, la violencia y la vulgaridad? Yo creo a pesar de las apariencias, con todo y que Nicaragua parece estar en un callejón sin salida, que nuestro pueblo merece una oportunidad y nuestros hijos un país con esperanzas.
Las turbas sandinistas, con su líder a la cabeza sembrando el terror, son el espejo fiel del desgobierno y su reincidente accionar, hará que en las elecciones presidenciales venideras el pueblo consciente, de nuevo unido, los derrote en las urnas electorales desterrando para siempre la cultura del odio y el desamor a Nicaragua.
* El autor es asesor del Intur. 
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