Caldero argentino vuelve a hervir
Gisela Salomon
BUENOS AIRES/AP.- La golpeada clase media argentina tomó cacerolas, tapas de sartenes y banderas celestes y blancas para protestar en las calles de todo el país contra funcionarios corruptos y medidas económicas que vacían cada vez más sus bolsillos.
Visiblemente ofuscados por el bloqueo de sus salarios y depósitos en las cuentas bancarias, cansados de políticos de quienes creen que no escuchan sus reclamos y por la persistente inclusión de figuras sospechadas de corrupción en los distintos gobiernos, decenas de miles de hombres y mujeres alzaron sus voces para protestar en las calles.
“Devuélvannos nuestra plata”, gritaban el sábado algunos de los manifestantes, mientras otros pedían “Basta de ladrones” en el gobierno.
María Luisa Lerer, de 64 años, explicó que se unió a la protesta por su descontento con las limitaciones bancarias.
“Queremos nuestro dinero. Le están robando a la gente”, expresó, e indicó que “todo esto es injusto”.
COMO EN LOS VIEJOS TIEMPOS
Se trata de la primera manifestación multitudinaria contra el presidente Adolfo Rodríguez Saá, en el poder desde el domingo pasado; y la segunda contra las autoridades en menos de 15 días.
Sin embargo, no es la primera vez que la tradicional clase media argentina —otrora una de las mejores educadas y numerosas de Latinoamérica— sale a las calles en los últimos 20 años para expresar públicamente sus reclamos a los gobernantes. La diferencia radica en el motivo de las protestas.
En 1981, miles de trabajadores y miembros de la clase media tomaron las calles para reclamar a la dictadura militar por los desaparecidos y el respeto a los Derechos Humanos.
Al año siguiente, en abril, unas 5,000 personas se congregaron en la histórica Plaza de Mayo para expresar su ira por la caída argentina ante Gran Bretaña en la guerra iniciada por la dictadura militar argentina para recuperar las islas Malvinas.
En 1987, cuatro años después de la restauración democrática, cuando un grupo de militares se sublevó e intentó derrocar al gobierno, la Plaza de Mayo se convirtió nuevamente en el escenario de una masiva y espontánea manifestación de respaldo al orden constitucional.
MALESTAR CON CORRUPTOS
Al compás de las cacerolas, bocinas de automóviles y bombos, los manifestantes pidieron a gritos la madrugada de ayer el alejamiento del gobierno de funcionarios sospechados de corrupción y la eliminación de las restricciones bancarias que impiden a la población extraer más de 250 dólares semanales de sus cuentas.
La multitudinaria rebelión de la clase media derivó en enfrentamientos con la Policía, que disparó proyectiles de goma y gases lacrimógenos.
Doce agentes de Policía resultaron heridos, seis de ellos de gravedad, y 33 personas fueron detenidas, informó la institución del orden público.
Se registraron intentos de saqueos en el interior del Congreso, donde algunas personas ingresaron y causaron destrozos.
Los manifestantes lograron al menos un cometido: la renuncia del cuestionado asesor presidencial Carlos Grosso y la de todos los miembros del gabinete de Rodríguez Saá. El gobierno, sin embargo, aún no dijo si aceptó las dimisiones (al cierre de esta edición de LA PRENSA).
TEMOR A PICADA FINANCIERA
La restricción al uso de dinero en efectivo ha provocado una profunda caída de las ventas de pequeños y medianos negocios, cuyos propietarios pertenecen a la clase media, que se estima superior al 70%. Informes privados proyectan una caída anual del consumo del 10% o más.
-Desde el domingo pasado, cuando asumió el poder, el presidente Rodríguez Saá declaró una cesación de pagos de la abultada deuda pública de 132,000 millones de dólares, lanzó un programa para la creación de un millón de puestos de trabajo y anunció la creación de una nueva moneda para inyectar liquidez en la plaza local.
-Sin embargo, el Presidente —que juró por el término de 60 días— no ha levantado las restricciones a los depósitos bancarios, ante el temor de que se produzca un quiebre en el sistema financiero. 
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