Lectura Dominical
“Jesús manifestó su gloria”
Pbro. Silvio Fonseca Martínez
La primera señal milagrosa de Jesús en Caná de Galilea.
Lectura del Santo Evangelio según San Juan 2, 1-12.
En aquel tiempo hubo una boda en Caná de Galilea, a la cual asistió la madre de Jesús; Jesús y sus discípulos también fueron invitados. Se les acabó el vino, y entonces la madre de Jesús le dijo: “No les queda vino”. Jesús le contestó: “mujer, no intervengas en mi vida; todavía no ha llegado mi hora”.
La madre de Jesús dijo entonces a los que servían: “hagan lo que El les diga”. Había allí seis tinajas de piedra, de unos cien litros cada una, que utilizaban los judíos para sus ritos de purificación. Jesús dijo a los que servían: “llenen las tinajas de agua”. Y las llenaron hasta el borde. Entonces les mandó: “saquen ahora un poco y llévenselo al mayordomo”. Así lo hicieron.
Cuando el mayordomo probó el agua convertida en vino sin saber su procedencia (sólo los sirvientes lo sabían), llamó a la novia y le dijo: “todo el mundo sirve primero el vino de mejor calidad, y cuando los invitados ya han bebido bastante, sirven el más corriente; tú, en cambio, has guardado el de mejor calidad hasta ahora”.
Esto sucedió en Caná de Galilea; fue el primer signo realizado por Jesús. Así mostró su gloria y sus discípulos creyeron en él.
Después, Jesús bajó a Cafarnaúm, acompañado de su madre, sus hermanos y sus discípulos, y se quedaron allí unos cuantos días.
Palabra del Señor.
Lecturas Bíblicas: Isaías 62, 1-5/ Corintios 12, 4-11/ San Juan 2, 1-12.
Hace ocho días celebramos la Epifanía del Señor. En nuestro itinerario litúrgico el evangelista Juan nos trae otra manifestación del Señor en las bodas de Caná. Recordemos las dos últimas también en este tiempo de Navidad; la de los pastores y la de los magos; así, al iniciar el tiempo ordinario no encontramos un corte brusco, sino una continuidad en los misterios del Señor.
El evangelio de este domingo es aplicado en Mariología, Sacramentos y hasta una página maravillosa para el sacramento del matrimonio, sin embargo, en esta ocasión la liturgia quiere revelar la cristología que ocupa el lugar importante, como también la fe que se inicia en sus discípulos. Entrando en el evangelio teológico de San Juan, el milagro sucedido en Caná de Galilea, no pretende de ninguna manera manifestar una espectacularidad y por la intercesión de su Santísima madre Jesús se ve obligado a ceder. Aún no era la hora de Dios, o sea, el momento inicial u oportuno para su manifestación mesiánica. El evangelista insinúa de esta manera que Dios tiene su propio calendario, su propio orden.
Juan no se fija tanto en la acción de Jesús, sino en su persona y es normal que las personas nos damos a conocer por nuestros actos, en el caso de Jesús tienen que ocurrir obviamente actos sobrenaturales para manifestar su divinidad; con su manifestación mesiánica, el Señor busca la gloria de su Padre y no para sí mismo; de ahí que sus signos no pretenden saciar la curiosidad de los presentes, de ahí que muchas veces se resista a hacer milagros.
Los signos y/o milagros ocupan entonces aquí un lugar privilegiado; una necesidad, una convicción, una militancia etc. de parte del hombre religioso en cualquier religión; la convicción de que lo humano tiene frontera y que después sólo queda el poder de lo divino. Igualmente los cristianos vivimos en esta necesidad y al mismo tiempo una tentación de querer a un Dios milagrero; de donde no busco la fe sino mis propios intereses; casi una relación comercial entre Dios y mi persona y viceversa.
El mensaje más sencillo y profundo que hoy pudiésemos sacar de este domingo es el don de la fe; sería sin duda el milagro más profundo, la fortuna mejor adquirida por nosotros mismos; desde nuestros dogmas católicos pedir la intercesión de María ante su hijo para pedir el vino que se agotó o que no tenemos o que nunca hemos tenido: la fe; el resto, son cosas o situaciones que se dan por la naturaleza misma o que son posibles adquirirlas por nosotros mismos (salud, dinero etc.). La fe nos da la alegría y la esperanza y es sin duda el vino que se terminó en la vida de muchos cristianos, de muchos sacerdotes, de muchas familias... cuando lo tengamos o lo recuperemos, encontraremos entonces la alegría de vivir y darle sentido al mundo y a la historia, entonces nuestra fiesta no se acabará... ¡y siempre habrá vino en abundancia! 
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