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DOMINGO 14 DE ENERO DEL 2001 / EDICION No. 22251 / ACTUALIZADA 12:15 am

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Controversia: Los candidatos liberales
Bolaños Geyer

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.Los convencionales del gubernamental PLC decidirán hoy en la hacienda-residencial del Presidente Arnoldo Alemán, El Chile, a quién van a nominar oficialmente como su candidato presidencial en la Convención del próximo 28 de enero. Esta controversia es sobre los tres principales candidatos a la sucesión presidencial, aunque extraoficialmente se conoce que el “elegido” por el Presidente Alemán es don Enrique Bolaños Geyer.

 

Orlando López-Selva

La historia cuenta que el filósofo griego Diógenes buscaba a un hombre justo y honesto, paseándose él con una vela prendida, incluso de día.

Sé que los hay de ese tipo: son hombres con buena conciencia, y correcto uso de la razón.

Sócrates creía que la conciencia era una voz interior que nos advertía y que tenía su origen en Dios. Para los filósofos estoicos, “la conciencia era simplemente la voz de la razón”.

De ello tal vez podemos inferir que la conciencia es a la vez una moneda de dos caras: la una el componente moral, y la otra el componente racional.

El domingo 28 de enero los liberales vamos a la elección de nuestro próximo líder para enfrentar un tercer milenio de progreso, lucha contra la pobreza, y la inoportuna amenaza dictatorial del sandinismo cangrejeante y laberíntico.

Los convencionales no se pueden dar el lujo de escoger mal. Todos los líderes son buenos, pero debemos escoger con la conciencia.

El liberalismo es la ideología de mayor énfasis en principios como la fe en la razón, el progreso y la libertad. Por ello, creemos en la inteligencia del individuo, no en su sometimiento a dictados; creemos en la supremacía de la razón, no en la obediencia al dogma; creemos en la democracia, no en la tiranía. No creemos ni en las jerarquías ni en la irracionalidad de las masas. Dios ha dotado a cada hombre de razón para buscar su propia o mejor verdad, y para que cada uno use su conciencia en libertad, sin cortapisas, ni prejuicios.

Estoy seguro que cada convencional va a votar de acuerdo a su propia conciencia por el líder que necesitamos. Si no es así, se habrá actuado de acuerdo al oportunismo y la inconsciencia. ¿Por qué el temor de hablar o actuar acorde a nuestra propia conciencia, si nos jactamos de ser los abanderados de la libertad?

Si somos pregoneros de principios democráticos, no debemos aceptar ni vicios ni costumbres impuestas que nos aten al pasado o amordacen las manifestaciones de la libertad.

Mi experiencia con los líderes liberales que hoy se postulan es muy limitada. Al Dr. Rizo lo conozco por ser un intelectual, humanista, e historiador completo; por su entusiasmo irremediable de político, y sus dotes de fino caballero.

Al Dr. Escobar Fornos lo conozco de mucho tiempo. Fue mi profesor: siempre gentil, honesto, inteligente, y abstraído como todo ‘scholar’ en la ciencia del derecho.

Pero al que más conozco es a Don Enrique, con quien trabajé de cerca por un año en dos períodos intercalados. Y me resulta difícil no hablar de él sin que se interpongan los sentimientos.

O tal vez, la única pregunta que quepa hacerse es: ¿Por qué él y no los otros?

Simplemente, siempre ha demostrado ser un hombre justo: siempre apegado a la ley, a los valores, a principios (algo ya difícil en estos tiempos) y a la equidad; siempre fiel a su conciencia moral. Muchos conocemos su gran capacidad de trabajo, sus habilidades analíticas, su entusiasmo de niño por la tecnología, y sus dotes de humanista -vertidos en sus escritos hechos con una prosa fina y precisa que furtivamente escapa de un alma sensible-.

Es innecesario hablar de sus experiencias como empresario, sus vivencias del agro, su defensa de la libertad de empresa y de expresión, su vocación inclaudicable de demócrata, su capacidad para hacer obras para que haya un mundo de mayores balances y menos injusticias.

En don Enrique he visto y encontrado a un hombre justo.

El autor es asesor político de la Vicepresidencia de la República  
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