Una mala interpretación propició el mortal accidente
Karla Marenco L. karla marenco@laprensa.com.ni
Un ambiente fúnebre de lamentos, desconsuelo y muchas dudas satura las casas de las familias Urbina Rivera y Rivera Araúz tras perder a varios de sus seres queridos en el espantoso accidente ocurrido el viernes en la entrada del Ingenio azucarero Victoria de Julio, donde una rastra embistió a una camioneta con 13 personas a bordo, dejando siete muertos y cuatro heridos.
Eran dos familias diferentes a pesar del apellido Rivera en común. Una, de la finca Santa Bárbara y otra de la comunidad Colama, en el sector Brasil, pero la fatalidad los unió para siempre.
Cinco de las víctimas murieron en el acto y otras dos horas después debido a la gravedad de sus lesiones.
La Policía de Tipitapa aún está investigando el accidente y no ofreció mayores elementos. El conductor de la rastra, Antonio Pineda Centeno permanece detenido mientras que el de la camioneta Datsun, Javier Rivera Araúz participaba ayer de los actos fúnebres de su madre y su hermanita de siete años.
Rivera Araúz contó que andaba en la finca Santa Bárbara trayendo a su madre y a sus hermanos que habían ido a pasar unos días de vacaciones. Al llegar a El Brasil su amigo Henry Mendoza, quien pereció en el accidente, le pidió que los llevara a él y a su familia a una vela en San Francisco Libre. El joven aceptó pero primero iría a dejar a su madre a Tipitapa.
Agregó que al llegar a la entrada del ingenio, en la intersección del kilómetro 16 de la carretera Tipitapa-San Benito, observó que la rastra venía en sentido contrario y como el conductor le hizo señas con las luces entendió que podía pasar primero. Pero al parecer la seña era lo contrario y sin bajar la velocidad ni detenerse en la intersección, la rastra embistió a la camioneta llena de personas, arrastrándola unos 60 metros sobre la carretera.
LA PRENSA intentó conocer la versión del conductor de la rastra y detalles más precisos del accidente con la Policía de Tipitapa, pero no quisieron proveer información.
Por parte de la familia Urbina Rivera fallecieron tres miembros: Agustín Antonio Urbina Rivera (18), Henry Mendoza Sandoval (36) y su hijo Emilio Mendoza Urbina (15), quedando gravemente heridas Ana Julia Rivera Flores (48), su hija Angela Urbina (30) y su nieta Dalila Mendoza Urbina (12).
En cuanto a la familia Rivera Araúz perecieron doña María Araúz Mejía, de 42 años —madre del conductor de la camioneta embestida que resultó ileso— y su hija Masiel Magdalena Rivera Araúz (7), quedando heridos los niños Madelín, Nuncia y Yobis Rivera Araúz de 13, 14 y 15 años respectivamente. Se mencionan los nombres de dos mujeres heridas de apellido Guadamuz, pero las familias no precisaron datos.
Los niños están internados en el Hospital La Mascota. Nuncia Rivera permanece en la UCI del Hospital “Lenín Fonseca”, en estado de coma.
Alvaro Evelio Mayorquín Mayorquín, de 29 años, quien también resultó muerto bajo las llantas de la rastra, no pertenecía a ninguna de las dos familias afectadas sino que había pedido un aventón al joven Javier Rivera Arauz.
Un abrazo de despedida diferente
Ocultando sus lágrimas detrás de sus lentes oscuros, don José Rivera, de 70 años, recordó que antes de que su esposa María Arauz partiera de la finca Santa Bárbara en la camioneta Datsun que manejaba su hijo Javier, “ella me dio un abrazo como de media hora y mis niñas me dieron como cien besos sin imaginarme yo que era la despedida”
Don José aseguró que ha sufrido muchas pérdidas materiales en los últimos años pero la pérdida de su esposa y de una de sus niñas ha abierto una herida profunda en el corazón de toda la familia, pues doña María era el centro del hogar.
Javier Rivera, su hijo y chofer de la camioneta, recordó que unos kilómetros antes del accidente él venía bromeando con su mamá. “Ella se reía y le gustaba que yo le diera bromas¨, dijo.
Ayer los familiares ofrecieron una misa de cuerpo presente. Las dos víctimas serían enterradas en la finca Santa Bárbara porque así lo había pedido doña María siempre.
Perseguido por la fatalidad
Ya había perdido a un hijo el año pasado tras ser atropellado por una pipa de agua del mismo ingenio Victoria de Julio y ahora don Miguel Angel Urbina perdió a otro de sus hijos, su nieto y su yerno en el fatal accidente.
“Mi señora (doña Ana Julia Rivera) no quería que mi hijo Agustín trabajara en el ingenio porque temía que fuera accidentado por una rastra, como murió mi otro hijo y mire cómo son las cosas: ella también resultó casi muerta”, expresó don Miguel Urbina.
La tragedia enlutó a casi toda la comunidad de El Brasil, pues la familia Urbina Rivera es muy apreciada porque en la casa hay una pulpería que suple las necesidades de los vecinos y don Miguel es conocido por su negocio de ganado.
Doña Ana Julia aún está internada en el Hospital Lenín Fonseca, junto con su hija Angela Urbina y su nieta Dalila. 
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