La papeleta liberal
Los convencionales del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) escogieron el domingo recién pasado en la hacienda El Chile, del Presidente Arnoldo Alemán, al doctor José Rizo Castellón como candidato a la Vicepresidencia de la República, para acompañar a don Enrique Bolaños Geyer -candidato presidencial- en las elecciones del próximo mes de noviembre.
Al respecto debemos decir que el doctor Rizo Castellón también nos parece un buen candidato a la Vicepresidencia de la República, así como ayer dijimos que nos parece buena la candidatura presidencial de Bolaños Geyer; y reiteramos que cabe esperar que si el PLC ganara las elecciones presidenciales del próximo noviembre, el binomio de El Chile podría hacer un mejor gobierno que el actual.
En los mentideros políticos del país se comenta que la candidatura vicepresidencial del doctor Rizo Castellón no está muy segura, y que en la Convención liberal del 28 de enero se podría nominar a otro candidato. Esta duda se basa en los muchos obstáculos que Rizo debió enfrentar y resolver antes de la preconvención del domingo pasado, y porque, además, Rizo tiene poderosos adversarios o enemigos dentro de su propio partido, a los que él mismo ha calificado como “los montesinos y las montesinas” del PLC.
Pero la verdad es que así como la candidatura presidencial de don Enrique Bolaños Geyer tiene sentido estratégico para el interés del PLC de seguir en el poder, así también es lógica la candidatura vicepresidencial del doctor José Rizo Castellón para las conveniencias de la campaña electoral del liberalismo, por el arraigo partidista y la influencia que supuestamente Rizo ejerce sobre la organización y la maquinaria del partido, a nivel nacional.
En cuanto a la candidatura presidencial de Bolaños Geyer, es obvio que los liberales tratan con ella de atraer todo el voto no sandinista y en particular el sufragio conservador, sin necesidad de que el PLC tenga que hacer una alianza con el Partido Conservador. Quieren también desvanecer o al menos disminuir la percepción de corrupción pelecista y gubernamental que hay en las grandes ciudades. Y en consecuencia pretenden crecer en los centros urbanos que es donde tienen sus mayores debilidades.
A pesar que hay quienes cuestionan a Bolaños Geyer porque supuestamente fue tolerante con la corrupción gubernamental durante su ejercicio como Vicepresidente de la República, cabe recordar que él guardó distancia de los funcionarios más señalados y denunciados como corruptos. Además, Bolaños Geyer estuvo públicamente en desacuerdo con el pacto libero-sandinista –la peor expresión de la corrupción gubernamental y bipartidista-, y organizó el Comité Nacional de Integridad, que a pesar de haber sido mediatizado es un excelente programa que bajo mejores condiciones podría desempeñar una función muy importante en el esfuerzo por moralizar el servicio público y restablecer los valores éticos de la sociedad nicaragüense.
Por lo que hace a la candidatura del doctor José Rizo Castellón, al parecer lo que se pretende es fortalecer la unidad del partido, pero también conservar y mejorar el respaldo mayoritario al liberalismo en el norte del país (de donde es oriundo el candidato vicepresidencial), cuyos habitantes se quejan de ser marginados por el poder central a pesar de la comprobada fidelidad norteña al PLC, al que en las elecciones municipales de noviembre pasado dieron 38 alcaldías contra apenas 10 que obtuvo el FSLN.
Como sea, para don Enrique Bolaños y el doctor José Rizo no será nada fácil ganar la elección presidencial del próximo mes de noviembre a los candidatos del Frente Sandinista, cuya aspiración a recuperar el poder fue ampliamente favorecida por el Presidente Arnoldo Alemán mediante el pacto libero-sandinista.
Sin embargo -y sin perjuicio de que no se puede descartar la posibilidad que los conservadores y los diversos grupos intermedios presenten algo mejor que la boleta del PLC, y también mejor por supuesto que la que va a escoger el FSLN en su consulta del próximo domingo-, no hay dudas que si Bolaños y Rizo ganaran la elección presidencial y cumplieran sus compromisos públicos, podrían hacer un gobierno mucho más eficaz y decente que el de ahora. 
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