Basura maldita
El recién pasado lunes 29 de enero se incendiaron unas bodegas del Ministerio de Salud ubicadas en las ruinas del antiguo hospital El Retiro, en Managua.
En esos mismos terrenos, que están en el centro de los populosos vecindarios de Bolonia y “Jonathan González” y junto a los centros comerciales de la rotonda El Güegüense y Plaza España, se guardan desechos radiactivos que incluyen una bomba de cobalto, que se usó en el desaparecido hospital El Retiro para los tratamientos con radiaciones a los enfermos de cáncer.
El incendio del lunes no pasó a más, afortunadamente, pero el siniestro reactivó entre los vecinos del lugar el viejo temor que sienten ante el peligro de que en cualquier momento pudiera ocurrir un accidente de terribles consecuencias, por la peligrosidad de los desechos que allí están guardados.
Para tranquilizar a los alarmados vecinos de los desechos radiactivos de El Retiro, el presidente de la Comisión de Energía Atómica de Nicaragua, Fabio Morales, declaró que “las fuentes radiactivas, aunque haya fuego en el lugar, no explotan, no les ocurre nada ni con un terremoto. Donde están no se escapa radiación”. Dios quiera que así sea. Pero, ¿quién sabe?
La verdad es que esa siniestra basura radiactiva no debería estar “guardada” en un lugar tan poblado como es el sector capitalino de El Retiro. Es más, cualquier clase de desechos contaminantes y peligrosos en general deberían ser guardados o sepultados lo más lejos posible de los lugares habitados por seres humanos y vivientes en general.
Hace unos tres años se quiso trasladar los desechos radiactivos de El Retiro hacia las cercanías de Matagalpa y depositarlos en los terrenos de una base militar de la zona, que es conocida como “el corredor del café” por la gran cantidad de beneficios cafeteros que hay en ella. Sin embargo, gracias a la protesta de los cafetaleros y de toda la población matagalpina, las autoridades desistieron de enviarles los mortales desechos.
En realidad, nadie que esté en su sano juicio puede querer ni aceptar que la “basura maldita” esté junto al mismo lugar donde habita o trabaja. Por muy seguro que sea el depósito de desechos radiactivos, como dice el funcionario de la energía atómica de Nicaragua que es el de El Retiro, siempre se corre el peligro de que por cualquier eventualidad los desechos contaminantes pudieran causar graves daños a las personas y el entorno.
Esa es una preocupación constante y angustiosa que hay en todas partes del mundo, y particularmente en los países que generan grandes cantidades de desechos radiactivos, tóxicos y contaminantes en general, pues está comprobado que la mayoría de los residuos que afectan la salud de la población y el ambiente no se encuentran depositados en sitios que cuenten con las condiciones mínimas de seguridad.
El problema es tan grande que en los países desarrollados se discute desde hace 20 años el proyecto de construir un depósito gigantesco en el que se pudieran concentrar todos los desechos radiactivos del mundo. Tal depósito se llamaría Almacenamiento Geológico Profundo (AGP) y tendría capacidad para guardar durante decenas de miles de años todos los residuos radiactivos de alta actividad que hay en el mundo y en el estudio de su viabilidad se han gastado ya más de 20,000 millones de dólares.
En Nicaragua el problema de la basura radiactiva es minúsculo comparado con el de los países que usan en grandes cantidades la energía atómica. Sin embargo, aquí se producen también muchos desechos contaminantes y tóxicos, sobre todo en los hospitales, y no hay lugares especialmente seguros para depositarlos ni procedimientos adecuados para destruirlos o reciclarlos. De modo que toda la población, y la capitalina en particular, está permanentemente expuesta a los efectos negativos de los desechos contaminantes y tóxicos que son enviados a los depósitos para la basura ordinaria.
Volviendo al caso de los desechos radiactivos, que hay en los terrenos del antiguo hospital El Retiro, las autoridades deberían hacer el esfuerzo necesario para trasladarla hacia algún sitio donde al menos no amenacen de manera tan cercana y directa a los seres humanos. 
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