Opinión
Inseguridad ciudadana
Bayardo Altamirano López
Nuestros campos y ciudades son cada día que pasa más inseguros. Antes bastaba con recomendar no ir a determinados lugares en ciertas horas de la noche. Ahora en la medida que la crisis económica se profundiza y golpea más amplios sectores, lo recomendable es no salir de su casa a ninguna hora. Y dentro de la casa se debe estar listo a repeler las agresiones, siempre.
Por supuesto que esta inseguridad no es ambiente adecuado para que algún inversionista se arriesgue a crear empresas y promover trabajos. El efecto repercute sobre la causa, generando ondas concéntricas como la piedra en el agua. A mayor delincuencia, mayor desempleo y viceversa. Pónganse ustedes a pensar cuántos impactos negativos tiene esta situación.
En el plano económico, se aumenta el presupuesto de la Policía, de los tribunales de Justicia y del sistema penitenciario. Decae el comercio porque disminuye la afluencia de compradores y lo poco que ganan los comerciantes lo pierden por los asaltos; los turistas no quieren visitar el país.
En el plano sicológico, se crea un ciudadano desconfiado, inseguro y carente de solidaridad humana. La familia se erosiona por la falta de confianza y el nerviosismo. La gente ve impasible cómo asaltan a su vecino y se niega a servir de testigo ante el temor a las represalias de los malvivientes. Cualquier persona mal vestida es asociada con la delincuencia y por lo tanto despreciada y mal vista.
Agregue a esto otros elementos detonantes. Errores de la Policía en su comportamiento. Protege a ciertas personas y es reacia a atender a otras. Errores de los jueces absolviendo a corruptos y criminales de gran tamaño y condenando a pobres e inocentes. Iglesia parcializada con los poderosos. Mas la presencia creciente de los traficantes de drogas que además de operar sobre la juventud han convertido al país en un corredor de paso hacia la gran nación del norte.
La delincuencia se ha nutrido con desmovilizados del Ejército y de la Contra. Con frecuencia se observa el empleo de técnicas militares en asaltos a bancos y comercios. Usan de manera adecuada las refinadas armas de guerra. Estudian y planifican los operativos, etc.
Sume que las cárceles en vez de reeducar al delincuente para que regrese al trabajo honrado, lo postgradúan en el delito. Para colmo de males si cualquiera trata de preservar sus ahorros llevándolos al Banco, vive en la zozobra de cuando van a quebrarlo los ladrones de saco y corbata.
¿Hasta dónde vamos a llegar? Nadie lo sabe. Pero para mientras solicitemos a los precandidatos que algo prometan sobre el tema y después obliguémoslos a que algo de lo prometido cumplan. Peor es nada.
* El autor fue vicerrector de la UNAN y de la UNI. 
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