La propiedad bajo el sandinismo
Bien dice el refrán: ‘Ver para creer’. Cuando se creía que con el vergonzoso episodio conocido como “la piñata sandinista”, el juicio histórico definitivo sobre el tratamiento que se le dio a la propiedad privada bajo ese régimen había sido emitido condenatoriamente, he aquí que resurge nada menos que el mismo ministro de Reforma Agraria de ese gobierno, licenciado Jaime Wheelock Román, asegurándonos en un artículo publicado el sábado pasado en LA PRENSA, que “El gobierno sandinista no fue un enemigo de la propiedad privada”, y que tan sólo incurrieron en abusos, pero “sin desearlo” en la aplicación de las leyes agrarias.
El señor Wheelock defiende la fracasada reforma agraria sandinista y la compara, entre otras, con la reforma agraria de Taiwan -una de las pocas exitosas en el mundo entero, cuya forma y contenido nada tiene que ver con la efectuada por el FSLN-, en vez de compararla con una que se le asemeja mucho más por la magnitud de su fracaso, como es el caso de la reforma agraria mexicana, por ejemplo.
Dice don Jaime que a partir de 1979 el país experimentó una recuperación productiva y un crecimiento económico que tuvo lugar en los años de 1980, 81 y 82, “precisamente... cuando se ejecutaron extensivamente los mayores cambios en la propiedad agraria”. Si bien es cierto que hubo una recuperación productiva en el agro que ocurrió -a pesar de, y no debido a- la Reforma Agraria, esa recuperación se dio únicamente en relación a los anormalmente bajos niveles de producción de 1979, año en el que el conflicto armado se generalizó en todo el país. Sin embargo, lo cierto es que el área promedio sembrada anualmente durante el período sandinista, que según el mismo Wheelock fue de 950 mil manzanas, jamás alcanzó los niveles de 1978, año en el que se sembraron un millón cien mil manzanas. En cuanto al crecimiento económico, y como bien señala el economista Eduardo Duquestrada en un artículo publicado en la página siguiente de esta edición, éste se debió a la extraordinaria ayuda externa recibida por el sandinismo y no a las políticas económicas implementadas.
Para el señor Wheelock, el culpable de la estrepitosa caída de la producción que siguió a partir de 1984 fue la guerra. Una excusa fácil, pero que no aguanta un análisis serio. El mismo Sergio Ramírez Mercado lo reconoce en su libro “Adiós muchachos”. Es comprensible que Jaime Wheelock no quiera reconocer que el desastre económico que experimentó Nicaragua en la década en la que él fue ministro de Reforma Agraria, fue consecuencia de las irracionales políticas económicas que aplicó el sandinismo junto con el simultáneo y sistemático ataque a la propiedad privada y a la libertad individual.
Pero dejemos que sea el mismo Jaime Wheelock el que nos diga lo que era parte de la filosofía de la reforma agraria que él presidió. En 1984 escribió: “En relación con la Reforma Agraria, nosotros continuaremos avanzando para reducir el tamaño del sector de los grandes tenedores de tierra... En este caso, es importante para nosotros iniciar un estudio para analizar las propiedades de menos de 500 manzanas, teniendo en mente aquellas... secretamente rentadas o prestadas... o pertenecientes al sector empresarial que no tiene intenciones de producir para la Revolución y que apoya planes imperialistas y somocistas”. ¿Es que acaso puede considerarse que podía haber algún tipo de seguridad en la tenencia de la tierra con una mentalidad tan arbitraria e irrespetuosa de la propiedad privada como la que se manifiesta en la cita mencionada? ¿Es que se puede pensar que una frase como esa no atemoriza y desestimula los planes de inversión de cualquier propietario racional?
Y por último -si como parece- a juicio del señor Wheelock la tierra no está todavía “justamente repartida” es de esperarse, entonces, que un nuevo gobierno sandinista vendría nuevamente a violentar y a trastornar los derechos de propiedad para hacer una supuesta redistribución justiciera de la tierra, lo que no haría más que hundirnos, una vez más, en la peor de las crisis económicas y sociales posibles. 
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