Los niños de Nicaragua
Hoy se celebra el Día Internacional del Niño. Esta celebración es convocada por la Organización de Naciones Unidas (ONU), que en 1978 comenzó a elaborar una Convención Internacional sobre los Derechos del Niño y la Niña y por tal motivo declaró a 1979 como el Año Internacional del Niño. Pero dicha Convención sólo fue aprobada por la ONU hasta en noviembre de 1989 y Nicaragua la ratificó legalmente en abril de 1990.
A diferencia del Día de la Madre, que es una celebración sentimental, el Día del Niño tiene un carácter político y social y fue proclamado por la ONU para promover la adopción y aplicación de políticas públicas que exalten la dignidad y los derechos de las niñas y de los niños, incluyendo como tales a las y los adolescentes.
Cuando se celebró el Año Internacional del Niño, en 1979, Nicaragua se encontraba enfrascada en las tempestuosas luchas políticas cívicas e insurreccionales contra la dictadura somocista y por eso el homenaje a los niños se enfocó en aquella ocasión hacia los que participaban en las insurrecciones populares. Con tal motivo se publicó una emotiva obra de literatura política infantil, “Los niños de Nicaragua” –que fue auspiciada por los organismos internacionales Overseas Book Centre, Canadian International Development Agency y Muttart Foundation-, redactada por la artista nicaragüense Ligia Guillén e ilustrada con las extraordinarias pinturas de la colección “Testimonio I. Insurrección de Masaya”, del pintor masayés ya desaparecido, Rafael Mejía Martí (Ramen).
22 años después, los niños de Nicaragua ya no ofrendan sus vidas en las barricadas insurreccionales. Muchos de ellos han mejorado, junto con las familias a las que pertenecen, sus condiciones generales de vida. Pero también muchos otros niños y adolescentes sufren toda clase de privaciones y vejámenes, y de condiciones socio-económicas injustas y degradantes.
Según cifras de las ONG que trabajan en el ámbito de la problemática infantil, en 1998 más de 700 mil niñas, niños y adolescentes de ambos sexos se encontraban en situación de riesgo. De ellos, unos 250 mil eran niños desamparados o perjudicados de alguna manera por los conflictos bélicos, 180 mil afectados por los desastres naturales y unos 200 mil niños de la calle víctimas de la extrema pobreza que azota a gran parte de la población nacional. Esas cifras supuestamente no han disminuido, sino que, por el contrario, habrían aumentado, aunque fuentes del Gobierno aseguran que las ONG las abultan con propósitos políticos y para conseguir más financiamiento.
Sin embargo, cualquiera que sea la cantidad de niñas y niños que se encuentran en situación de riesgo, o que deambulan por las calles y los basureros buscando cómo sobrevivir, o que son víctimas de la adicción, y aunque sólo fuera una niña la que por causa de la pobreza y la injusticia social se vea obligada a prostituirse, esto debería ser motivo de vergüenza para el gobierno y la sociedad.
La verdad es que hasta ahora lo más que se ha hecho es dictar el Código de la Niñez y la Adolescencia, que fue aprobado por la Asamblea Nacional en marzo de 1998 y entró en vigencia el 22 de noviembre del mismo año. Pero la ley, por sí sola, no resuelve absolutamente nada. En efecto, según el mencionado Código el gobierno ya debería haber formulado y estar aplicando las políticas públicas necesarias para atender y proteger integralmente a las niñas, niños y adolescentes, y compartiendo con la sociedad la responsabilidad de atender al sector más vulnerable de la niñez nicaragüense, pero en la práctica es muy poco lo que se ha hecho a estas alturas.
En realidad, nada o muy poco de lo positivo que tiene el Código de la Niñez y los Adolescentes se ha aplicado hasta ahora, lo único que parece tener vigencia es su aspecto negativo, el que fomenta la impunidad para las pandillas de delincuentes juveniles que operan en muchos barrios de Managua y otras ciudades del país.
Por cierto que sería en beneficio de la misma niñez y adolescencia de Nicaragua que se debería reformar el actual Código de la Niñez y la Adolescencia. 
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