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SáBADO 2 DE JUNIO DEL 2001 / EDICION No. 22387 / ACTUALIZADA 11:00 pm

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Hay que regular turismo en Granada

El desarrollo acelerado del turismo en Granada, ha permitido que muchos extranjeros hayan puesto de manifiesto unos sus interés por residir de forma temporal, otros de forma permanente en la ciudad. Los que una vez establecidos, observaron el inminente progreso del turismo, y se han dispuesto a rentar o comprar diversas casas en el centro de la población a buen precio, incitando a sus propietarios a venderlos rápidamente e incluso a no esperar ofertas, sino a ofertarlos. En consecuencia se ven obligados a habitar las periferias, porque el extranjero se va apropiando del centro colonial de Granada, para convertirlo en bares, restaurantes u hospedajes.

De estos sitios, se ha despojado laboralmente a nuestros conciudadanos, de los beneficios económicos por los servicios que ahora ellos (los extranjeros) prestan, del acceso a los mismos por su exclusividad y costos.

También los extranjeros no turistas, que deambulan descalzos, sin camisa, con el cuerpo tatuado, de pelo largo y carentes de aseo personal básico, por el corazón de la Gran Sultana, hace que el granadino le mire con indiferencia por su inadecuada presentación.

Otros por las noches buscan jovencitas en lugares ya determinados para satisfacer sus placeres sexuales, las que quizás se entregan por necesidades económicas, deviniendo así el incremento de la prostitución, actividad a la que se inclinan principalmente adolescentes.

Habrá que preguntarse ahora ¿si todas estas normas de conducta propia de extranjeros, no de turistas, la practican desmedidamente en sus lugares de origen? ¿Podrán los nicaragüenses llegar a sus países a hacer lo mismo? ¿Qué derechos tienen los extranjeros para comportarse de esta manera, cuando se supone que vienen de regiones donde culturalmente son más desarrollados?

Ante este fenómeno, urge una seria reflexión por parte de los ciudadanos, autoridades municipales e Instituto de Turismo, para que se emitan regulaciones que normen la conducta inadecuada que practican los extranjeros al transgredir el comportamiento de un verdadero turista.

Finalmente si no nos preocupamos por la preservación íntegra de la bella Sultana, nadie lo hará por nosotros, dado que corremos el riesgo de ser orgullosamente sultanecos o granadinos, pero sin el patrimonio más antiguo de Nicaragua.

Rafael Suárez,

El autor es profesor de español.  
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