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SáBADO 2 DE JUNIO DEL 2001 / EDICION No. 22387 / ACTUALIZADA 11:00 pm

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Tratado antidrogas

Con el tratado antidrogas suscrito ayer entre Nicaragua y los Estados Unidos, nuestro país ha dado un paso muy serio en su involucramiento en el combate contra el narcotráfico internacional. Dicho tratado permite que naves del Servicio de Guardacostas estadounidenses penetren en aguas territoriales nicaragüenses para interceptar el tránsito de estupefacientes que van de Sudamérica hacia Norteamérica.

Los estadounidenses están muy preocupados por el enorme consumo de drogas en su país, y es por esa razón que desde hace varios años implementaron un costosísimo programa para dificultar e impedir el ingreso de narcóticos en su territorio. Se estima que las compras de drogas en los Estados Unidos ascienden a 63 mil millones de dólares anuales.

En el mercado de estupefacientes, como en el mercado de cualquier otro producto que se pueda concebir, funciona la ley de la oferta y la demanda. Esa ley, que en el campo económico es tan natural como en el campo de la física lo es la ley de la gravedad, establece que mientras exista una demanda existirá siempre una oferta. O sea, que mientras en los países ricos exista esa desmesurada apetencia por las drogas, siempre habrá quien esté dispuesto a suplirla. Asimismo, el nivel de consumo está correlacionado con el nivel de ingresos, y por eso es que los índices más altos de consumo están en los países de mayores ingresos, como son los Estados Unidos y algunos países europeos.

El alto precio de la droga está relacionado con el costo en el que incurren los narcotraficantes para producirla y trasladarla desde los centros de producción hasta los centros de consumo. Si ese costo es alto –y lo es especialmente por el alto riesgo que implica el transporte–, el precio de los narcóticos también es alto, y es, por ende, un negocio muy lucrativo. De ahí que mientras se mantenga una fuerte demanda en los países consumidores, y se mantenga alto el costo de introducirla en ellos, el precio tenderá a ser alto, y posiblemente, cada vez mayor. Y si la lucha contra el narcotráfico lograra alguna vez disminuir la cantidad de drogas que ingresan a los Estados Unidos, el precio se elevaría aún más si la reducción de la oferta no va acompañada simultáneamente de una reducción en la demanda.

La justificación que se da para que nuestro país se involucre más directamente en el combate al narcotráfico es que una parte de la droga que por aquí pasa rumbo a Estados Unidos se queda en nuestro territorio para ser consumida localmente. La pregunta que debemos formularnos es que si con la implementación del tratado referido se disminuirá el consumo local de drogas. Eso está por verse, y lo más probable es que no se disminuya, así como los grandes controles que las autoridades estadounidenses han puesto en práctica no han logrado impedir el ingreso de estupefacientes en su territorio y, mucho menos, resolver el problema de la demanda.

Ante el manifiesto fracaso de los programas de interdicción, en la sociedad norteamericana existe un gran debate sobre cómo mejor atacar el problema de las drogas que aflige a un buen número de ciudadanos de ese país. Cada vez hay mayor conciencia de que es mucho más lo que tiene que hacerse por el lado de la demanda de lo que se ha hecho hasta ahora. Algunos incluso creen que la lucha tal como está planteada actualmente, y que se concentra mayoritariamente en un esfuerzo para reducir la oferta, está condenada al fracaso, tal como sucedió con la famosa prohibición de venta de licor a principios del siglo pasado.

Nuestras autoridades gubernamentales –incluyendo al Ejército y a la Policía Nacional– que decidieron firmar ese tratado, deberían tener muy en cuenta la urgente necesidad de acompañar lo convenido con programas de educación para la niñez y la juventud. Pero esos programas tienen que ser bien diseñados y tendientes a fortalecer a la familia como célula fundamental de la sociedad. Cualquier programa por salir del paso no serviría para nada. Para Nicaragua, el beneficio del tratado antidrogas suscrito sería prácticamente nulo si de inmediato esos programas no se ponen en marcha con la intensidad y responsabilidad requeridos.  
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