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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 2 DE JUNIO DE 2001
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Omar D’León, ‘la piel del signo’

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Erwin Silva

La poesía de Omar D’León entraña un tejido de relaciones con los universos sutiles y materiales en el que nada humano es extraño y el mundo de la cultura y de la geografía o de las pasiones fundamenta y atraviesa toda su obra sin olvidar las raíces de su canto que penetran lo telúrico y se sumergen en lo marino.

Poesía una sola que se levanta a los aires de la mañana, a la luz, al encuentro o la pérdida de una amistad, nos permite ver en el reflejo del agua la rama florida, el sentir que cae de una vieja y anónima traducción latina, el contentamiento de labrar la propia hortaliza, los deudos que lloran en la sangre, el sentido de la pervivencia de lo nombrado no por el lenguaje adámico sino por el sobrenatural cosmos de la poíesis.

La ironía de las costumbres y contra los que quieren perdurar sin buscar el verdadero arte es notable porque son preteridos actualmente los buenos consejos epistolares de Horacio los abc del reading del viejo Ezra Pound y los prólogos de Rubén Darío y el más simple de los recursos de Vicente Huidobro de que el adjetivo que no da vida mata.

El “excelente disgusto” que decía Carlos Martínez Rivas es poco visto y traducido en poemas contra aquel mundo súper modelado y vacío como aparece en la obra de Omar.

Otra característica de la prolífica producción poética de Omar es que está referida también a un espectro cultural de múltiples valencias que provienen de la literatura, la poesía y la pintura, de su visión de esas expresiones definitivamente espirituales.

La Naturaleza como una constante cósmica a la que el sujeto de honda percepción se siente atado amorosamente por ligámenes: Los elementos de la física jónica, los nombres de una inaudita geología, plenitud de luz y los colores que emanan de una cultura soterrada y originaria Cahokya y el placer que le provocan unas reminiscencias antiguas.

Esta es una textura, podríamos decir un componente no bucólico no eglógico, sí esencial a toda la poesía de Omar D’León. Roland Barthes en su obra Degré zeró de l’ècriture, sostiene que la Naturaleza aparece discontinua en la poesía moderna; pero en estos poemas es muy clara la presencia de la natura como fuente de armonías y continuum de complacencias.

Nicaragua, sus gentes y paisajes, el mar y lo que allí se vive y se vivencia bajo el sol o la luna, son temas que se concretan en dos de sus poemas más extensos a lo largo de los cuales se anota un catálogo oceánico y una dilatada geografía, sostenida por un hálito poético memorable.

En relación a la cultura que puede leerse debajo de cada página de Omar, nos impresiona porque en cualquier latitud que él se encuentre se ofrece una referencia que obliga la cita culta o el intertexto, el propio arte de la poesía y el club de los poetas muertos (Whitman, Darío, Borges ...).

A veces los poemas de Omar se contraen hasta una economía como la de su homónimo persa y en otras se explayan más allá de la tentación versicular en los que la música acompaña sin el tedio y en los que danza una logopeia. La inteligencia bailando entre las palabras.

Cierta poesía erótica realiza sus calas en los poemarios a la vista, con una frecuencia notoria hasta constituir el amor un tema eje, pero antes que la retórica o la poética nos digan cómo está construido el decir con sus morosas figuras y reglas, el amor es una experiencia vital que consume los cuerpos, los tiempos y los frutos.

No sé con el amor, pero puede ser lo que cure la ruptura con el frívolo y cotidiano acontecer o el horizonte de posibilidades en que la existencia se evapora, un eros bifronte y hedónico, una furiosa libido arranca nostalgias y pulsa deseos como sagitas, complementa y satisface aun en la memoria.

El amor, el tiempo, la muerte, el anhelo de eternidad, la carne, los néctares, los dioses que asoman sus rostros alegres a las cosas humanas, se entrecruzan en una amalgama de planos, hiperrealidades, esencias y múltiples sensaciones.

En algunas secuencias de la poesía de Omar, se desliza un ambiente a lo Kavafis y esto no es una valencia intertextual sino una similitud que se nos ocurre por el refinamiento y la visión de la cultura que el autor comporta.

Hay en los versos de Omar un impulso whitmaniano de pradera pero no de enumeración como si quisiera ser oído más por la entonación que por una salmodia, en todo caso, es como asevera Harold Bloom en su libro La Cábala y la crítica, ya la poesía es una letanía contra la muerte a la que D’León exorciza sin temor ni temblor.

Hay en la poesía de Omar D´León una tentativa de infinito, y siente pasar “un céfiro de relojes” como si dijésemos que la carne del ente humano se constituye de puro tiempo; de péndulos y meses, el ser humano en su radical soledad y evanescencia.

Esta selección de poemas es tomada de Estancias del Canto (1985-1993), de Tedio Terrestre, (1995-1998) y de Canto Inoxidable, (1999), tres obras que recogen una producción poética significativa de muchos años de trabajo y que es portadora de la belleza, el pensamiento y la imaginación de un poeta como Omar D´León que ha laborado silenciosamente, abriendo brechas y despertando cantos para llevarlos a la gran riada de la poesía nicaragüense.

Presentación

Pedro Angel Palou y Denis Torres P.*

Omar D’León (Nicaragua, 1929), es uno de los artistas plásticos más importante del continente, así como uno de nuestros poetas más exuberantes y prolíficos. Su obra artística, tocada por la gracia, se nos revela en dones de incesante creación, experimentación y búsqueda.

Ver una retrospectiva de Omar D’León es enfrentarse con una obra plural, desafiante, variada e intensa, donde los moldes han sido rotos para no repetir lo único inefable de cada cuadro. Lanzarse —águila o albatros— al océano tenaz de su escritura poética, es gozar el vuelo de la libertad y una profunda inmersión en una palabra brotada de un ser humano complejo y profundo, testigo de sí, con extraordinaria capacidad para poetizar seres, memorias, eventos, elementos y objetos.

Omar D’León vive en la actualidad en California, hoy Estados Unidos de América, a donde lo han llevado su sed de espacios y los vientos de la azarosa y cruel historia política de su país. Con la publicación de su obra pretendemos recuperar una de las voces de los transterrados, capaz de ver el mundo y su circunstancia, cantar sus deseos y apetencias, retratar el paisaje y alimentar las memorias y recuerdos con el soplo vigoroso y sutil de su poesía.

Para la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla de los Estados Unidos Mexicanos y para el Instituto de Investigaciones y Acción Social Martin Luther King de la Universidad Politécnica de Nicaragua, es un honor entregar a los lectores del continente esta selección de textos poéticos luminosos y gozosos, imaginativos y testimoniales, artísticos y artesanales, profundos y superficiales, hechos por uno de los grandes creadores de América.

* Palou de la Secretaría de Cultura del Estado de Puebla de los Estados Unidos Mexicanos y Torres del Instituto de Investigaciones y Acción Social “Martin Luther King” de Nicaragua.

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