Reforma sí, manipulación no
El artículo 12 de la Ley Electoral establece que “el quórum del Consejo Supremo Electoral se formará con cinco de sus miembros”. Ese poder del Estado está compuesto por siete magistrados, y como producto del pacto libero-sandinista del año pasado, el CSE quedó integrado por tres magistrados que pertenecen al PLC, tres que pertenecen al Frente Sandinista, y uno que, aunque no pertenece a ninguno de esos partidos, tiende a votar con el PLC. Eso significa que se requiere de la presencia de cuando menos un magistrado sandinista, o de uno liberal para formar quórum. De lo contrario, no puede reunirse el CSE.
Eso es lo que sucedió recientemente cuando, sin ninguna justificación, los tres magistrados sandinistas rehusaron durante dos semanas a integrarse al Consejo, impidiendo, en consecuencia, que esa institución funcionara. Eso trajo como consecuencia inmediata una parálisis y un retraso en el cumplimiento del calendario electoral, y puso en evidencia la posibilidad real de que cualquiera de los dos bandos, el PLC o el FSLN, impida la integración de quórum si los resultados de las elecciones de noviembre le fueran adversas. El resultado de una situación así sería que el CSE no podría reunirse para proclamar a los ganadores de la contienda electoral, con lo cual se generaría una gran inestabilidad y un posible caos social.
Ante esa posibilidad no deseable, LA PRENSA propuso en su opinión editorial de este miércoles una reforma al artículo 12 de la Ley Electoral que garantice la conformación de quórum en cualquier circunstancia. Ese mismo día, el presidente Alemán anunció que enviaría una iniciativa de ley a la Asamblea Nacional solicitando tal reforma. Algunos magistrados del Frente Sandinista, sin aportar ninguna razón de peso, ya manifestaron su oposición a ella. Con eso, el FSLN está manifestando su deseo de mantener abierta la posibilidad de impedir la formación de quórum en el CSE, y de estar dispuesto a impedir su funcionamiento, otra vez, si así conviene a sus intereses.
Y si el Frente Sandinista se opone, es muy difícil que esa reforma —a todas luces conveniente para la buena marcha del proceso electoral— se pueda aprobar en la Asamblea Nacional, ya que la Ley Electoral tiene rango constitucional, y por lo tanto se requiere de una mayoría calificada, o sea, de 56 votos a favor, cantidad de votos que es muy difícil de alcanzar sin la cooperación del FSLN. Sería bueno que ese partido recapacite y apoye la reforma.
Por otra parte, ese mismo día, el presidente Alemán, dio muestras, una vez más, de estar dispuesto a manipular las leyes del país para su propio beneficio. Anunció que también introducirá al parlamento una solicitud de reforma a la Ley Electoral para que no pueda ser candidato a presidente o vicepresidente de la República cualquier persona que en algún momento haya renunciado a su nacionalidad nicaragüense.
Es evidente que lo que el Dr. Alemán quiere con esa reforma es impedir desde ya la posibilidad de que el Dr. José Antonio Alvarado pueda correr como candidato a la Presidencia en el 2006. Una vez más pone de manifiesto su disposición de actuar, no sobre la base de los principios, sino por mezquinos intereses personales. Si lo que estuviera defendiendo fuera un principio, el Dr. Alemán se hubiese opuesto a que se quitara de la Constitución Política la inhibición que existía antes de las reformas producto del pacto, y que impedía que pudieran ser candidatos a la Presidencia o Vicepresidencia “los que hubieren renunciado en alguna oportunidad a la nacionalidad nicaragüense”. Pero como en ese momento no le convenía a sus intereses no lo impidió.
Antes de que se dieran las reformas constitucionales del año pasado, LA PRENSA se opuso a la remoción de esa inhibición por una cuestión de principios, y apoyaría, sin lugar a dudas, una reforma que la reestableciera. Pero resulta chocante que algo que en sí mismo es bueno, se esté proponiendo para satisfacer las desmedidas ambiciones de poder de una persona que con su actuación ha demostrado no tener el menor reparo en manosear las leyes para su propio beneficio. 
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