En una pelea sangrienta y de alto voltaje
“El Salsero” Escalera, destrozado
 | Alexis Argüello fue un verdugo implacable sobre el ring |
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Edgard Tijerino M. edgard.tijerino@laprensa.com.ni
Sólo hay un vocablo que puede describir en toda su magnitud la brutalidad y la intensidad del combate que protagonizaron Alexis Argüello y Alfredo Escalera, el 28 de enero de 1978 en Bayamón, Puerto Rico, y es ESPELUZNANTE... No hay otro más adecuado.
Como en el drama clásico, el telón cayó sobre el escenario dejando mil encontradas emociones. Al finalizar la reyerta, nuestros nervios estaban tan destrozados como el rostro de Escalera, con varias grietas grotescas y bañado en sangre, como si estuviera saliendo de los escombros de un bombardeo.
Ver a Escalera después de haber atravesado por un agotamiento devastador, escalado por las laderas de una agonía interminable y rebotando en las paredes del infierno, víctima del golpeo certero y dañino de Alexis Argüello, era algo tenebroso.
UNA OLLA DE PRESIÓN
Cuando sonó la campana, Argüello propuso la media distancia, Escalera en cambio, extremadamente ansioso, trató de achicar los espacios forzando el cuerpo a cuerpo y proponiendo un ritmo de combate a 100 kilómetros por hora... Rápidamente aquello se convirtió en una olla de presión.
Los dos primeros asaltos fueron muy nivelados. En el de apertura, Argüello acusó recibo de un potente derechazo, y en el segundo, el retador retrocedió hasta las sogas impulsado por una violenta combinación de golpes. Todo el estadio se puso de pie, para presenciar lo que se esperaba una ofensiva agobiante por parte del campeón, pero éste se dedicó a sacar la lengua, a tratar de burlarse de Argüello y danzar sin sentido... Inexplicablemente, se olvidó de disparar sus puños.
Argüello, firme, contraatacó con precisión y contundencia. Empujó a Escalera hacia el centro del ring, y con un gancho corto, pero potente, lo derribó para el conteo de protección... Después, Argüello se volcó sobre el campeón convertido en un huracán, y aunque recibió varios impactos, provocó un corte en la ceja izquierda del boricua y una pequeña abertura en el labio superior
UN VERDUGO IMPLACABLE
El ritmo del combate se volvió a ratos vertiginoso, y en el cuarto asalto, Argüello ensartó a Escalera en un poderoso izquierdazo, abriéndole un surco debajo de la ceja derecha. Para el quinto round, era Argüello el que ordenaba qué se debía hacer entre las doce cuerdas, apoyado en la flexibilidad y poder de su recto de izquierda, un golpe que parece ser invento de la fantasía. Del sexto asalto en adelante, lo de Escalera fue patético heroísmo.
En el séptimo asalto, el rostro de Escalera era un catálogo de cicatrices: presentaba un corte largo y profundo en la ceja derecha, otro en la ceja izquierda recién reparada, tres de menor envergadura alrededor del ojo derecho, y que adornaba el labio superior, cada vez más ancho, cada vez más profundo. A esa altura del combate, lo que Escalera necesitaba urgentemente era un trabajo de alta cirugía, pero, ni que le hubieran colocado enfrente un espejo hubiera desistido de seguir en la lucha.
Argüello siguió su trabajo implacable. Reiteró que no conoce la piedad sobre la tarima brava. Avanzó siempre con los dientes apretados disparando sus latigazos de zurda combinándolos con derechas estremecedoras. Escalera parecía una palmera azotada por un vendaval.
¿Qué hacer y cómo hacer, para detener esa máquina infernal de golpes? Escalera sólo atinó a seguir debatiéndose con el corazón en los dientes, aun al precio de tener que soportar el flagelo de los impactos que lo sacudían, que lo destrozaban en forma sangrienta, estrujante y dramática.
ALEXIS TAMBIÉN SANGRA
En el asalto doce la lucha fue brutal, porque Escalera lo quiso ensayando una arremetida suicida, síntesis de hombría y hazaña. La pelea echaba lumbre, cuando, sobre un giro de la cabeza de Argüello, intentando el esquive, llegó el volado de derecha de Escalera con toda la carga. No pegó de lleno. Fue algo así como una cuchillada, y apareció un hilo de sangre en el ojo derecho de Argüello. Escalera trató de desbordarlo, pero el flaco, frío y vigoroso, congeló la fogosidad del boricua y eludió el temporal.
Casi 18,000 aficionados esperaron de pie y con el credo en los labios, el llamado para el round trece. Vitorearon a un Escalera encendido empujándolo a que buscara la definición, pero en la esquina de Argüello, la orden también había sido tajante: Hay que ir con todo. Con la escopeta y los trastes viejos aunque la ventaja acumulada en las tarjetas fuera suficiente para especular. Y al igual que Escalera, Argüello fue decididamente al frente. Y volaron las balas. ¡Sálvese quien pueda! Un cruzado de izquierda hizo explosión en el labio superior de Escalera. La visión fue espantosa. Una parte de la carnosidad quedó colgando y el surtidor de sangre le daba un aspecto macabro a la escena.
NO MÁS, POR DIOS
El árbitro Arthur Mercante se detuvo ante aquella masa tumefacta y llamó al médico Capella. No había razón para seguir. Capella ordenó la suspensión, y de esas grietas que “adornaban” grotescamente el rostro de Escalera, Alexis Argüello extrajo su segunda corona mundial.
Cuando todo terminó, se pudo apreciar en los dos rostros una prueba cabal de la violencia. Los cortes de Escalera eran escalofriantes, pero la cara del propio vencedor tenía huellas suficientes como para que nadie dudase que había visto trece rounds inolvidables.
LA REVANCHA
Escalera, un original suicida, exigió la revancha, y como es natural la gente de Alexis aceptó la propuesta... El combate se realizó en Rimini, Italia, el 4 de febrero de 1979, justamente un año después.
Ocurrió lo previsto: con la terrible sencillez del golpe seco, que abre la piel, mina la resistencia del adversario e impone respeto —uno de los tantos secretos de la bofetada brava— Alexis logró desembarazarse del ahora tenaz y aguerrido retador Alfredo Escalera, noqueándolo en 13 asaltos y conservando el cinturón de las 130 libras.
El quinto asalto fue un drama, cuando rotas las zonas blandas de Escalera y torpedeada su línea de flotación, fue tumbado por segunda vez en forma estrepitosa. Al recuperar angustiosamente la vertical dio la impresión de estar listo para el arrastre, pero sobrevivió.
Alexis tumbó tres veces a Escalera, lo conmocionó otras seis veces, obligó a una cuenta de protección, le cerró un ojo y logró abrirle varias grietas impresionantes... La revancha fue también sangrienta, pero nada intrigante. 
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