Correo
Portada Impresa
    La Prensa    
Archivo
Busqueda
LUNES 29 DE ABRIL DEL 2002 / EDICION No. 22713 / ACTUALIZADA 1:00 am
PORTADA
POLITICA
ECONOMIA
NACIONALES
REGIONALES
EDITORIAL
DEPORTES
SUCESOS
EL MUNDO
OPINION
REVISTA
SUPLEMENTOS
OBITUARIOS
CARTAS AL DIRECTOR

CLASIFICADOS
SUSCRÍBASE


   
¡Mucho ojo, don Enrique!

Foto  

 

Jorge Salaverry*

Hace más de un año, en mi artículo, “La candidatura de don Enrique” (LA PRENSA 22-01-01), escribí lo siguiente: “Hay personas que creen que en una posible Administración Bolaños sería el doctor Arnoldo Alemán el que seguiría gobernando desde la diputación que le regaló el Frente Sandinista en la Asamblea Nacional”. Y a renglón seguido expresé: “Yo no lo creo. Conozco muy bien a don Enrique y estoy seguro de que jamás permitiría tal cosa”. El tiempo se ha encargado de darme la razón, y creo que, al menos en ese asunto, continuará dándomela. Pero conviene hacer una diferencia: una cosa es que don Enrique no esté dispuesto a dejarse mangonear, y otra muy distinta es que Alemán no esté dispuesto a causarle problemas si así conviene a sus intereses políticos.

Hasta el momento, don Enrique se ha movido dentro del ring con una habilidad extraordinaria para neutralizar a Alemán, y hasta lo ha puesto “sedita”, si se quiere, pero… ¡mucho cuidado! Alemán no se ha dado por vencido. De él se podrán decir muchas cosas, menos de que sea un dundo en materia política. Ambos personajes están enfrascados en una gran pelea: don Enrique viste la calzoneta de “la nueva era”, y Alemán la de “la corrupción”. Uno de los dos tiene que ganar; el empate no está permitido. Así lo demandamos los espectadores nacionales y extranjeros.

El presidente Bolaños, en su discurso a la nación el domingo antepasado, dijo: “Para mí, esta lucha contra la corrupción no es negociable”. Se lo creo; pero quienes estamos interesados en el resultado de la lucha, necesitamos que haya un triunfo claro y contundente que lo estimaremos consumado cuando su contendiente baje del ring, es decir, cuando el doctor Arnoldo Alemán abandone la presidencia de la Asamblea Nacional.

Siempre pensé que el señor Alemán no debía llegar a la presidencia del Poder Legislativo, porque, entre otras razones, su presencia en esa distinguida y visible posición “estaría impidiendo la tan necesaria renovación de la imagen del país”. (LA PRENSA, 07-01-02). Hoy sigo pensando lo mismo, debido, no sólo a la razón arriba mencionada, sino porque estimo que es necesario e indispensable que sea la bancada del Partido Liberal —y no la sandinista— la que se constituya en columna de apoyo al presidente Bolaños en la Asamblea Nacional. Y para eso se requiere que esa institución sea presidida por un liberal digno, como don Jaime Cuadra Somarriba, por ejemplo.

El impacto hacia fuera de ese evento no sería tampoco del todo despreciable. El día en que el señor Arnoldo Alemán abandone la presidencia del Poder Legislativo, el mundo percibirá de manera clara que nuestro gobierno no está dispuesto a transigir con la corrupción, y que una verdadera nueva era ha iniciado en nuestro país. Eso, sin duda alguna, pondrá a Nicaragua en un nuevo plano, y hará que empiece a ser considerada como lo deseamos la mayoría de los nicaragüenses: como una pequeña nación con una fuerte voluntad de dejar atrás el caudillismo, la corrupción, y la impunidad, que, por desgracia, son tan comunes en estas latitudes.

Y cuando eso suceda, ¿significará acaso que hemos acabado con la corrupción? Por supuesto que no. Será tan sólo el comienzo de una voluntad que deberemos institucionalizar mediante la creación de un sistema judicial que de verdad imparta justicia. La corrupción es como la roya del café; no se le puede erradicar, pero se le puede combatir y mantener a niveles bajos mediante aplicaciones oportunas y apropiadas de fungicidas y plaguicidas eficaces. Igual sucede con la corrupción; no se puede eliminar, pero se puede reducir sustancialmente con aplicaciones oportunas y apropiadas de justicia y con castigos ejemplares a los delincuentes. De ahora en adelante, jamás deberán quedar impunes robos tan descarados como el de la piñata sandinista, ni los que se cometieron durante la administración de doña Violeta, ni los perpetrados bajo el gobierno de Alemán.

Alemán no cuenta con ningún apoyo substancial que le permita aferrarse al poder en contra de la voluntad popular, y considero, por lo tanto, que sus días al frente de la Asamblea Nacional están contados. Don Enrique necesita el apoyo cooperativo del Partido Liberal para impulsar su programa de gobierno, y Nicaragua y los nicaragüenses necesitamos que se nos permita dedicarnos a trabajar en paz. Pero, repito: ¡mucho ojo! El trompo puede de momento estar “sedita”, pero mientras esté girando y no se le detenga, se corre el riesgo de que se vuelva “tatarata” otra vez.

* El autor es miembro del Consejo Editorial de LA PRENSA,

y catedrático de la Universidad Thomas More.
jorgesal@cablenet.com.ni  
.


---
   
Otros Artículos

¡Mucho ojo, don Enrique!

Psicología y corrupción

El síntoma de Francia

¿Requiere usted privacidad financiera?

Sobre los ex funcionarios corruptos