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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 30 DE NOVIEMBRE DE 2002
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Relecturas de la historia

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Katerina Nguyen.

 

Aldo Díaz Lacayo

Nada más refrescante que las reinterpretaciones del poeta Fernando Silva sobre la primigenia historia nacional, dicho esto último TANTO en sentido amplio como restringido, mesoamericano y/o nicaragüense. Y no porque el poeta acierte o no sino por el sólo hecho de invitar a los estudiosos del tema a sumarse a esta obligada tarea quinientos años después.

No se trata solamente de cuestionar la historia convencional —hecho, por lo demás, recurrente— sino de aportar los resultados propios de nuevas lecturas a la luz de nuevos hallazgos o simplemente de una relectura crítica, desprejuiciada, sin la carga del escolasticismo histórico.

Como parte del inconsciente colectivo nacional, a mí —que no soy estudioso de este período de nuestra historia— me suena razonable, por no decir correcta, la reinterpretación del poeta Silva acerca de Macuilmicuiztli y Xonoctla. Por eso me sumo a la invitación implícita en sus escritos y declaraciones. Pienso en especialistas, en narradores de la historia de ese período, en filósofos de la historia, en todos los investigadores de las raíces socioculturales de nuestro pueblo, aparentemente tan distinto.

No estoy en contra de los mitos, por el contrario creo que es necesario reafirmarlos porque son la raíz del inconsciente colectivo —por lo mismo invulnerables a las relecturas de la historia, que sólo pueden conducir a su reafirmación o, cuando mucho, a su readecuación. En otras palabras, estoy convencido de los cuestionamientos a la historia siempre conducen a la reafirmación del mito, del inconsciente colectivo, y por esta razón creo que es obligado propiciarlos y apoyarlos.

No es tan importante aclarar que Nicarao fue quizás soólo una fácil referencia en la relatoría de los conquistadores a Su Majestad para referirse a Nicaragua, o producto de un deliberado ocultamiento de los pobladores originarios para preservar la identidad de Macuilmicuiztli, su líder político-religioso. Tampoco lo es la aclaración de que el Lago de Managua nunca fue llamado Xolotlán por la rama indígena de nuestros ancestros, ni que éstos se identificaban a sí mismos como Nagrandos y no como Nagradanos. Más importante es que el aporte de todos los estudiosos de este período de nuestra historia a las relecturas del poeta Silva, terminen reafirmando el inconsciente colectivo nacional, otra vez: mesoamericano y/o nicaragüense.

Y sin duda este aporte a las relecturas del poeta Fernando Silva terminarán ratificando los mitos y el inconsciente colectivo: una vez echada a andar una relectura suele terminar en un nuevo consenso, en una nueva interpretación convencional, pero no la última. El tiempo producirá nuevos relectores y nuevas interpretaciones: no es posible hablar de «terminar» de reescribir la historia.

«Nuestra historia ha sido tan dramática —dice Pablo Antonio Cuadra— que cada generación se ha sentido como quien se salva de una catástrofe: entre un pasado más o menos en escombros y una historia que hay que fundar de nuevo»; y él desarrolla este pensamiento a partir del apotegma de Goethe, quien opinaba que «cada generación debe escribir de nuevo la historia».

Managua, 30 de noviembre del 2002  
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Apertura del camino del tránsito entre San Juan del Sur y La Virgen en 1851


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