Educación para un ambiente sonoro saludable
Doraldina Zeledón Ubeda
No hace mucho LA PRENSA publicó que el director de un instituto de Juigalpa, Chontales, fue sentenciado a tres años de prisión por el supuesto delito de causar lesiones sicológicas a una familia, debido al ruido que se produce en el colegio.
El director expresó que es normal el ruido, porque hay miles de jóvenes gritando durante las clases de educación física y las competencias deportivas. Y que la “banda de guerra” no perjudica porque las prácticas las hacen en otro lugar. Pero si practican varias horas y varias veces por semana, ese ruido les puede afectar: “Es clásico el ejemplo de los integrantes de alguna orquesta, aunque el sonido puede ser muy agradable, si supera los límites recomendados por los estándares internacionales, debemos considerarlos ocupacionalmente expuestos al ruido” (Dr. Hernando Rendiles).
Y aunque sea un nivel sonoro bajo, puede ser perjudicial. Entonces, la preocupación debería ser de todos: alumnos, maestros, delegada regional, padres de familia, vecinos, Procuraduría del Medio Ambiente, centros de derechos humanos.
La educación ambiental no deberíamos entenderla sólo como no botar basura en las calles, no contaminar el aire, el agua. El ruido también es contaminación ambiental.
Tampoco educación ambiental es sólo ver hacia fuera: cuidar la naturaleza, denunciar si la destruyen. Debería comenzar por la gestión ambiental en los colegios, universidades e instituciones del medio ambiente. ¿A qué niveles de ruido están sometidos los alumnos? ¿Cuáles son las normas acústicas de construcción? ¿Qué pasa con las escuelas a la orilla de una calle con mucho tráfico? ¿O a la orilla de una carretera, como es común en Nicaragua? La maestra tiene que gritar. Y se queja de dolor en la garganta, pero no en los oídos. La garganta le duele porque grita para que le escuchen, ya que el ruido del ambiente enmascara su voz. Hay estudios que demuestran que a causa del enmascaramiento, se confunden los sonidos, y esto podría afectar el aprendizaje.
He revisado el Plan Nacional de Educación, leí el Plan Ambiental Nacional, y no percibí algo que dé una luz para saber si dentro de la educación, y específicamente en la educación ambiental, se incluye el tema del ruido. Como son planes generales, no hay detalles, por algún lado estará el tema del ruido.
El ruido se define como un sonido molesto, no deseado; o como un sonido cuyo nivel de presión sonora sobrepasa las normas establecidas para no afectar la salud.
Entre los efectos que causa el ruido está la presbiacusia, o pérdida de la audición. (O más simple: sordera). Se destaca la hipoacusia profesional, debida a la pérdida permanente de la audición, causada por la exposición durante años a altos niveles de ruido en el trabajo (Federico Miyara, Control de Ruido).
Otros efectos señalados por médicos y especialistas en acústica son: dolor de cabeza, interferencia en la comunicación y en el sueño, estrés, retraso en el aprendizaje, problemas en la circulación, en la digestión; problemas de equilibrio, aceleración del pulso, fatiga, incremento en la frecuencia respiratoria, etc.
¿Es culpable el director del instituto que sentenciado y cuyo caso está en apelación? Creo que no. Y tiene razón al apelar, no porque cumpla con los planes y programas, sino porque no es él quien define las políticas de educación.
Entonces, ¿el vecino no tiene razón? Creo que tiene razón de sobra. ¿Y quién es el culpable? Creo que quienes deberían ir presos son el Ministro de Educación y el del Ambiente. Y los alcaldes. O mejor, todo el sistema educativo, desde preescolar hasta la educación superior.
Hay que incluir la educación ambiental en todos los niveles de la educación, inclusive el tema del ruido. Emitir y aplicar leyes y ordenanzas para controlar el ruido. Denunciar problemas de ruido. Y cumplir con el artículo 60 de la Constitución, que dice que tenemos derecho a un ambiente saludable, y el artículo 24, que los derechos de cada persona están limitados por los derechos de los demás. Mi derecho a hacer ruido termina en tu derecho a la tranquilidad y a un ambiente sonoro saludable.
La autora es Master en gestión ambiental 
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