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VIERNES 15 DE FEBRERO DEL 2002 / EDICION No. 22643 / ACTUALIZADA 02:00 am
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Los diputados podrían dignificarse

El señor Edén Pastora demandó el miércoles de esta semana (13 de enero) a los diputados nicaragüenses, que destituyan al doctor Arnoldo Alemán de la presidencia de la Asamblea Nacional. Según el antiguo “comandante Cero”, el doctor Alemán ocupa ese cargo de manera ilegítima, porque no es diputado elegido por el pueblo sino por una concesión del FSLN mediante el pacto libero-sandinista.

Tiene toda la razón el señor Edén Pastora. En realidad, si bien es cierto que la curul del doctor Alemán fue establecida en la Constitución por la reforma constitucional del pacto libero-sandinista, se trata de una diputación jurídicamente ilegítima y políticamente inmoral, porque atropella el principio esencial de la representación de que los diputados deben ser electos por el pueblo.

En efecto, la Constitución Política de la República de Nicaragua establece (artículo 132) que “El Poder Legislativo lo ejerce la Asamblea Nacional por delegación y mandato del pueblo. La Asamblea Nacional está integrada por noventa diputados con sus respectivos suplentes elegidos por el voto universal, igual, directo, libre y secreto, mediante el sistema de representación proporcional. En carácter nacional, de acuerdo con lo que se establezca en la Ley Electoral, se elegirán veinte diputados, y en las circunscripciones departamentales y regiones autónomas setenta diputados”. De manera que la cláusula de excepción que se incluyó en el artículo siguiente de la Constitución (el 133), de que “También forman parte de la Asamblea Nacional como Diputados, Propietario y Suplente, el Ex Presidente de la República y Ex Vicepresidente de la República electos por el voto popular directo en el período inmediato anterior”, contradice de manera flagrante el principio sustantivo del artículo 132, de que los diputados tienen que ser electos para que puedan ejercer la representación nacional y la función legislativa.

Por otro lado, el hecho de que el actual presidente de la Asamblea Nacional sea precisamente el único que no fue elegido por el pueblo para desempeñar la función pública de diputado, y que no recibió ninguna clase de votación ciudadana, es una ofensa a los principios de la democracia representativa, una vergüenza para la nación y un ultraje a la dignidad de la República. Y además, tal como lo subrayó el señor Edén Pastora ante los medios de comunicación, la hegemonía del doctor Arnoldo Alemán sobre la Asamblea Nacional es una amenaza a la estabilidad y la gobernabilidad del país, porque obstaculiza el cumplimiento del programa de gobierno del presidente Enrique Bolaños, quien sí fue elegido por la mayoría del pueblo y está revestido de una incuestionable legitimidad constitucional y moral.

De manera que la demanda del señor Edén Pastora a los diputados, de que destituyan al doctor Arnoldo Alemán de la presidencia de la Asamblea Nacional, hay que apreciarla como un sano interés en el fortalecimiento de la institucionalidad democrática del país, y debería ser acogida por los parlamentarios antes de que la insensatez y la lujuria de poder de una persona vuelva a arruinar a Nicaragua, como ya sucedió en el pasado con los caciques liberales Zelaya, Somoza García y Somoza Debayle.

Hay quienes consideran que la demanda del señor Pastora no es realista ni viable, pues los diputados —los únicos que pueden destituirlo— en su mayoría son aparentemente incondicionales del doctor Alemán, y porque ellos mismos lo impusieron en la presidencia de la Asamblea Nacional. Pero debe haber también diputados conscientes de que por el bien de Nicaragua habría que destituir al doctor Alemán, y además, una presión popular adecuada los podría obligar a que actúen de acuerdo con el interés de la nación.

Así como reaccionaron enérgicamente —con una solidaridad de cuerpo digna de mejor causa—, a las irrefutables denuncias sobre las evasiones fiscales y las irregularidades presupuestarias que se cometen en la Asamblea Nacional, los diputados podrían honrar su responsabilidad y reivindicarse ante el pueblo y la comunidad democrática internacional, destituyendo de la presidencia del Poder Legislativo al doctor Arnoldo Alemán.

Sólo así sería posible restablecer la confianza de la población en las instituciones gubernamentales y en el sistema político de la representación democrática, lo mismo que el respeto ciudadano a los mismos diputados y a la dignidad de la función legislativa del Estado.  
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