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Cáncer: el enemigo
Mayda Meléndez y Rosario Mendoza nosotras@laprensa.com.ni
Ángela Acevedo ve pasar los días desde su cama en el Hospital de Bertha Calderón. Ahí la tiene su diagnóstico: cáncer cérvico-uterino. Esta enfermedad es la que cobra más vidas de mujeres en Nicaragua, seguida del cáncer de mamas.
En la plenitud de su vida, a los 34 años, la pobreza y la enfermedad parecen confabularse para invadir de tristeza la familia de Ángela.
Ella es madre de siete hijos, cuyas edades oscilan entre los 18 y los cuatro años, quienes ahora sólo cuentan con los cuidos de su progenitor.
Aunque el cáncer cérvico-uterino es detectable en temprano desarrollo a través del examen de Papanicolau, muchas mujeres desarrollan la enfermedad por la tardía detección.
Con este examen es fácil detectar alguna anomalía en el útero y tratarse, pues generalmente se descubren cuando aún son quistes o tejido “benigno”, es decir, no cancerosos.
Ángela empezó a sospechar que algo no andaba bien en su cuerpo cuando después de sostener relaciones sexuales sangraba.
Pese a que su marido le insistía para que fuera al médico, no lo hizo, pensando que la presencia de la sangre se debía a su padecimiento de anemia. “Yo pensaba que era debilidad”, reconoció.
Síntomas
El sangrado postcoito es uno de los síntomas del cáncer en el cuello uterino, indica la doctora María Delma Mejía, ginecóloga-oncóloga.
Otros síntomas son el dolor durante las relaciones sexuales, flujo maloliente y sangrado vaginal fuera de los períodos menstruales.
La especialista asevera que la mayoría de las mujeres visitan a los doctores hasta que el cáncer se encuentra en un estado bastante avanzado, cuando ya puede hacerse muy poco por la paciente.
“Y si vos les preguntás, te das cuenta que desde antes de venir a pasar consulta presentaba otros síntomas a los que no les pusieron atención”, dice.
Si bien es cierto que Ángela buscó ayuda médica hasta presentar sangrado postcoito, ella asegura que el avance del cáncer se debe a la negligencia de los galenos leoneses, pues éstos descubrieron los inicios del cáncer desde que estaba embarazada de la menor de sus hijas —de cuatro años— y no se lo comunicaron.
Ángela no hace gestos de dolor, pero éste manifiesta cuando habla. Parpadea lentamente y humedece sus labios de vez en cuando. “Aquí estoy sola y la gente del hospital se ha portado bien conmigo, aunque no siempre tienen lo que necesito, pero si lo tienen, me lo dan”, dice.
“Lo que (los doctores) dicen es que ya estoy complicada, que ya no me pueden operar. En el Seguro (Social) de León me habían dicho que lo tenía en la cuarta fase, pero aquí me dicen que lo tengo en la tercera”.
Al pie de la cama de Ángela está “la abuela”, otra paciente de cáncer de 70 años. Ella es quien, en la medida de sus posibilidades, asiste a nuestra entrevistada.
Ángela humedece los pálidos y resecos labios, y dice en referencia a lo que piensa pasará en un futuro inmediato con su estado de salud, “que se haga la voluntad de Dios. Si Dios quiere dejarme viva, pues, Él va a decidir, si no pues, qué se va a hacer”.
No tiene edad
El 52 por ciento de mujeres en edades de 50 años en adelante, murieron por cáncer cérvico-uterino en el período de 1992 al 2000, cifra que correspondió a 856 mujeres.
El 33 por ciento correspondió a mujeres entre 34 y 49 años, igual a 505 mujeres que perecieron en el mismo período, y las menos afectadas son menores de 34 años, igual a 8.2 por ciento.
Debido a la alta incidencia de este padecimiento, se instaló el Programa de Prevención y Atención del Cáncer cérvico-uterino, con lo que se logró que en el año 2000 asistieran por primera vez un total de 185,033 mujeres a chequearse en los sistemas de salud pública.
Según la doctora Karen Padilla, miembro del equipo técnico del Programa del Ministerio de Salud, los lugares de mayor incidencia de esta enfermedad son: Matagalpa, Managua y León. En las zonas rurales es más difícil captar a las mujeres debido al machismo existente en esos lugares.
Factores de riesgo
En el cáncer cérvico uterino podemos identificar los siguientes factores de riesgo:
- Infecciones por virus Papiloma humano.
- Inicio temprano de las relaciones sexuales.
- Múltiples parejas sexuales.
- Infecciones vaginales.
- El contacto del hombre con otras mujeres, altera el PH de éstas y aumenta las probabilidades de que la mujer desarrolle cáncer cérvico uterino.
El doctor Fabio Morales, Director del Centro Oncológico Nacional, afirma que entre un diez y quince por ciento más de pacientes de cáncer cérvico-uterino acudieron a este lugar, el año pasado.
Este lugar brinda la atención de radioterapia, pero hay otros tipos de tratamientos para el cáncer: radioterapia, cirugía, hormonoterapia, quimioterapia.
“En casos de enfermedad más avanzada hay que hacer una combinación de cirugía y radioterapia, en otros casos puede ser sólo radioterapia o sólo cirugía”, indicó la fuente.
Terapias:
Una paciente con cáncer se puede tratar con dos tipos de terapias:
- Teleterapia: se hace en una sala donde hay una unidad de cobalto que irradia rayos Gamma en el punto específico de la afección. (Ahí entran en función los físicos y los médicos radioterapeutas. Es el único lugar donde trabajan los físicos y médicos en conjunto, para optimizar que la radiación se aplique exactamente donde debe ser, lo cual se logra haciendo muchas mediciones en la parte afectada.
- Braquiterapia: se introducen las fuentes radioactivas en el útero y se deja ahí recibiendo la fuente radioactiva de mucho poder para combatir el cáncer de cerviz, por unos minutos.
- Según el especialista, la radiación Gamma cura, pero también puede producir cáncer, por eso hay que tener mucho cuidado en la medición “en lo cual somos extremadamente ordenados, hay un rigor estricto en todo”.
“En otros países, el tratamiento por cada paciente cuesta más de 4,500 dólares, pero aquí (en el Centro) se atienden independientemente que tengan dinero o no, ya que un 90 por ciento son de recursos muy pobres”, afirma Morales.
“Estamos creando el grupo científico contra el cáncer, un grupo multidisciplinario compuesto por médicos de diferentes hospitales para ayudar a los pacientes a enfrentar su crisis”.
“Aquí hay radiólogos, cirujanos, oncólogos, radioterapeutas, físicos, médicos, etc., que hacen un esfuerzo extraordinario sin ningún interés económico”, afirma.
Encuesta
¿Es importante el PAP y examen de mamas?
Mirna Ruiz (30 años) “Es bueno estárselo haciendo por el cáncer. Ese problema se da en las señoras de edad que por el miedo a que las miren están con cáncer. Tal vez es un poco falta de educación o el mismo sistema en que a uno lo han criado, con tantos tabúes. Yo me hice el PAP hace nueve meses. El autoexamen de mamas nunca me lo he hecho, tal vez por falta de información o porque no me lo han sugerido”.
Dolores Arévalo (51 años) “Conozco la importancia de los exámenes. Al menos el Papanicolao. Yo me lo hago cada dos años, y el de mamas lo más tres veces me lo he hecho, pero donde un médico porque es más seguro, más efectivo”.
Aurora Sánchez (23 años) “Son importantes, por amor propio y porque si se ve a tiempo, puede evitarse la muerte que es a lo que nos lleva cualquiera de las dos enfermedades. El examen de mamas me lo realizo de manera rutinaria en mi casa y cada seis meses donde mi ginecóloga. Me lo hago por tanta campaña sobre el cáncer de mamas. El PAP no me lo hago porque no soy casada y no tengo relaciones todavía”.
Blanca Martínez (32 años) “Claro que es importante para el control de la salud de uno, eso todo el mundo lo sabe. Yo me hago ambos tipos de examen”.
Cáncer de mama
Podría decirse que lo común es que el cáncer de mamas aparezca a eso de los 50 años. No obstante, las mujeres de menor edad no están exentas de padecerlo, como es el caso de Teresa Cruz Martínez, de 42 años.
Hace un año ella se sintió una pelotita en la mama derecha, fue al médico y éste la remitió al hospital. Allí le diagnosticaron cáncer. “Dicen que también tengo quistes en el intestino y el riñón”, cuenta mientras las lágrimas ruedan por sus mejillas.
En abril del año pasado se aplicó dos ciclos de quimioterapia, las cinco restantes no se las pudo aplicar por falta de dinero.
La oncóloga María Delma Mejía recomienda que a partir de los 40 años toda mujer debe hacerse una mamografía. No obstante, si en la familia existen antecedentes de cáncer de mamas, la paciente debe practicarse la mamografía diez años antes que la edad en que diagnosticaron la enfermedad a su familiar.
Un aspecto medular es que las mujeres aprendan a conocer sus pechos “como la palma de su mano”. De esta manera, pueden autoexaminarse por lo menos cada tres meses, y este chequeo debe hacerse después del período menstrual.
Con estos chequeos la paciente puede detectar algún quiste en sus mamas cuando aún no existen en la zona células cancerosas.
“¿Pero qué pasa? Al igual que con el cáncer cérvico las pacientes acuden al consultorio hasta que la enfermedad ya está en un estado muy avanzado”, dice Mejía.
Agrega que muchas pacientes detectan una “pelotita” en su pecho, pero no es hasta que éste mide el doble de lo normal que visitan al especialista.
Etapas del cáncer cérvico-uterino
Anualmente se diagnostican alrededor de 500 casos de cáncer invasor, y las estadísticas muestran que cada año mueren entre 200 y 250 pacientes.
El cáncer invasor del cuello uterino, se clasifica por etapas clínicas.
Etapa 1 La paciente tiene entre 85 y 90 por ciento de oportunidades de curarse con tratamientos, cirugía y a veces radiaciones.
Etapas 2 y 3 El tratamiento prácticamente es en base de radiaciones. En la etapa 2 la sobrevida de la paciente oscila entre el 65 y 70 por ciento, y en la etapa 3, del 30 por ciento. La respuesta de la tercera etapa es mala, prácticamente es paliativo (que no siga creciendo, disminuir el dolor).
Etapa 4 El cáncer no sólo está en el cuello, sino también en otras partes del cuerpo. El tratamiento para el cáncer de mamas es muy caro. Todo depende del tipo de tratamiento que necesite la paciente. En la etapa 1 puede costar entre 1,300 y 1,400 dólares; en tanto, la etapa 3 puede costar entre 5 y 12,000 dólares.
Al igual que en el caso anterior, la etapa 3 tiene posibilidades de vida de 30 ó 35 por ciento, y la etapa 4, de un 20 a un 10 por ciento. |
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