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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 29 DE JUNIO DE 2002
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Entrevista
Miguel Huezo Mixco, “Comarca” poesía ganadora

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Enrique Jaramillo Levi

Miguel Huezo Mixco (1954) Poeta, y periodista salvadoreño, ganador del Premio Rogelio Sinán de Panamá (1999), máximo galardón que se otorga a la creación poética en la región centroamericana, por su poemario Comarcas. Es autor de cinco libros de poesía, el más reciente de ellos titulado El ángel y las fieras, se publicó en San José, Costa Rica, en 1997. También ha publicado los ensayos La casa en llamas: la cultura salvadoreña en el siglo XX (1996), El tercer ejército: Desafíos del ejército salvadoreño en la post guerra (1997) y La perversión de la cultura (en prensa).



¿Qué significado tiene para ti, para tu carrera u oficio de escritor, en lo emocional, haber ganado el Premio Centroamericano de Literatura ‘Rogelio Sinán’?

Voy a serte sincero al decirte que este premio no me lo esperaba, pero que llegó, como llegan las cosas valiosas, en el momento correcto. Voy a explicarme. Cuando en mi país terminó la guerra, y a partir del momento en que decidí poner punto final a mi participación en la actividad política (un año y medio después de la firma de paz), me entregué de lleno a la literatura. En 1993, estuve en la encrucijada de dedicarme a la actividad política y organizativa al lado de una fuerza que hacía un ingreso excepcional a la vida del país, o de regresar al trabajo silencioso, país, paciente y difícil de la literatura, en un medio que en muchos sentidos desestimulante. Desde luego, opté por lo segundo.

Escribí “Comarcas” entre 1994 y 1998. Esta colección de poemas estaba lista en el momento que supe de la convocatoria del Premio “Rogelio Sinán”. Me pareció que participar era oportuno, especialmente porque el premio supone la publicación del libro ganador, y no hay mucha gente ahora interesada en publicar poesía. Como puedes ver, todo esto tiene algo azaroso y eso siempre es emocionante.



¿Semejanzas y diferencias de concepción, de intencionalidad y forma entre tus poemarios anteriores y “Comarcas”,la obra premiada?

Creo que coherencia entre “Comarcas” y mis anteriores cuatro libros de poesía. Debo aclararte que no escribo “libros” de poesía, en sentido estricto, sino más bien mis libros son colecciones de poemas. “Comarcas” también es una colección de poemas que giran alrededor de la idea del viaje, visto como un aventura del lenguaje. A partir del premio y de la difusión que ha tenido el libro, algunas personas se han cautivado por la idea, que está presente a lo largo del poemario, de un personaje que hacen un viaje primero por barco y luego por tierra, entre el puerto de Veracruz (México) y Granada (Nicaragua).



¿Cultivas otros géneros literarios?

Sí, especialmente el ensayo sobre temas relacionados con la literatura y la cultura. Este año se publicará mi segundo libro de ensayos, que contiene aproximaciones a la obra de autores muy importantes en mi formación, tales como Alberto Guerra Trigueros, Italo Calvino y los poetas, René Char y Joseph Brodsky. También hago periodismo. Después de la guerra fui corresponsal de una agencia internacional de prensa. En 1994, con un grupo de periodistas y escritores fundamos el semanario Primera Plana, del cual fui su Redactor jefe. Fue un proyecto libertario, vital, destinado o al éxito o al fracaso más rotundos. Nosotros fracasamos. Para mí el periodismo es una expresiones. Desde hace tres años mantengo una colaboración sistemática con La Opinión, el mayor periódico en español de los Estados Unidos, que se publica en la ciudad de Los Ángeles, donde tengo espacio para escribir sobre lo que más me interesa: literatura, libros, autores, o crónicas sobre la vida en San Salvador.



¿Cuál es el momento actual de la poesía y la narrativa salvadoreñas?

Creo que es un buen momento, especialmente para la narrativa. Tenemos un conjunto de narradores nuevos muy bien dotados. Los mejores son Horacio Castellanos, Jacinta Escudos y Rafael Menjívar Ochoa. Todos viven fuera de El Salvador. Su tradición va más allá de los autores salvadoreños y centroamericanos. Están influidos por la novela policíaca norteamericana, la literatura centroeuropea y lo mejor de la literatura latinoamericana.

En relación a la poesía, creo que nuestra tradición nacional cuenta en este siglo con tres nombres cimeros: Claudia Lars, Roque Dalton y Alfonso Kijadurías. La poesía ha sido el género favorito de los salvadoreños, pero la guerra y la confrontación indujeron la producción de cierta poesía de emergencia, muy poco cultivada, muy poco dotada. Creo que ese es un accidente de los tiempos que debemos esforzarnos por trascender lo más rápido posible.



¿A qué escritores admiras más y por qué? ¿Qué obras influyeron en tu quehacer literario?

Admiro a muchos escritores. La lista sería enorme. Para mi formación fueron muy importantes los franceses René Char, Blaise Cendrars y Guillermo Apollinaire, así como el antillano Aimé Cesaire. Creo que al escritor que más he leído desde joven es a Joseph Conrad. Para mí, Conrad es algo más que un escritor, es uno de mis héroes favoritos.

Pero no sólo él: entre mis libros preferidos está, por ejemplo, “Cándido”, de Voltaire, una novela que nadie debiera dejar de leer. Te he hablado de mi predilección por la poesía nicaragüense, a la que podría comparar con la poesía griega contemporánea a la que tanto debo, especialmente a Giorgos Seferis. Los ensayos de Seferis sobre Eliot y Kavafis me enseñaron mucho más sobre poesía que todas las conferencias de mis profesores en la universidad. En los últimos años he tenido la suerte de tomar contacto con la poesía de Derek Walcott y Joseph Brodsky, y debo reconocer que han sido encuentros que han cambiado mi manera de ver las cosas en muchos sentidos. Ambos son, además, notables ensayistas. Todos estos son escritores que han influido e influyen en mi trabajo, pero no solamente eso. Yo tengo una formación “libresca”, en el sentido de que los libros y los escritores constituyen una autoridad trascendental en mi vida. Hay libros que fueron importantes en determinado momento y que luego dejaron de serio. Es el caso de “El lobo estepario”, de Hesse, que yo leí siendo adolescente pero que luego, al releerlo durante la guerra, perdió todo el magnetismo. No es el caso de la novela Mascaró, el cazador americano, del argentino Haroldo Conti. Ese fue uno de los grandes hallazgos de mi juventud, una historia que sigue sorprendiéndome y encantándome. En lo referente a mis lecturas, debo expresar especial gratitud por mis amigos y amigas, en España, Estados Unidos, México, Costa Rica, que todos estos años me han enriquecido con nuevos libros y autores.

Tomado de la revista Maga, fragmento.

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