A Guillermo Barquero Porras
Me duele demasiado
tu despedida, calma
serena como la tarde.
Te alejaste sin podernos ver.
Tus visitas a diario
con pláticas ajenas
de risas y llantos
con muchos recuerdos
en mi trabajo.
Esperanzas tengo todavía
de que estés en casa
con tu silla mecedora
y tu sombrero, en la acera
a las cuatro de la tarde.
Qué recuerdos tan dolorosos
si a mí era la única que a los 6 años dormías en la silla todas las noches. Tan rápido te fuiste que todavía te busco y no te encuentro qué falta me haces. Siempre estaré esperándote tu semblante elegante tu sombrero con pluma y tu bastón brillante parado en la esquina del correo dándonos los buenos días. Hasta pronto, querido papá por allí estaré algún día contigo uniéndonos de nuevo como un día empezamos a nacer en esta vida.
Tu hija Blanca Elena de Herrera Masatepe 
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