Control de ruido y de personas ruidosas
Doraldina Zeledón Ubeda rrpp@ideay.net.ni
El aire no sólo se contamina con partículas sólidas o gaseosas, el ruido también provoca contaminación, la contaminación acústica. Según la Organización Internacional del Trabajo, OIT, (1977), “el término ruido comprende cualquier sonido que pueda provocar una pérdida de audición o ser nocivo para la salud o entrañar cualquier otro tipo de peligro” .
Se dice que el ruido no se acumula, porque no se traslada en el espacio y no se mantiene en el tiempo, como los gases contaminantes en la atmósfera o el agua, que se desplazan (si se apaga la máquina, se acaba el ruido). Pero se acumulan las consecuencias en la salud, y genera daños y molestias. Por eso se define el ruido como un sonido molesto, no deseado, desagradable; o como un sonido cuyo nivel sonoro sobrepasa las normas establecidas para no afectar la salud .
Y aunque haya actividades que no se perciben como molestas, afectan si el nivel de presión sonora sobrepasa las normas establecidas para no perjudicar la salud. Podrían ser las prácticas en las escuelas de música o en las bandas de guerra.
La intensidad o magnitud del ruido se mide en decibeles (dB). El umbral de audición, cuando se comienza a percibir el sonido, está en 0 dB. El umbral del dolor, en los 120 dBA. (F. Miyara). Según recomendaciones internacionales un ruido comienza a afectar la salud a partir de los 70 decibles de nivel de presión sonora, dependiendo del tiempo de exposición.
Después de los 85 decibles se tiene que usar protectores auditivos o disminuir la jornada de trabajo, según normas laborales. Pero el nivel de presión sonora depende de la actividad, tiempo de exposición, lugar, hora, interior o exterior de edificios. Por ejemplo, en las bibliotecas tiene que haber más silencio; en los hospitales también, y aun aquí, es diferente si se está en el exterior, en los pasillos o en la sala. El nivel de presión sonora se mide con el sonómetro y el dosímetro, principalmente.
Los efectos del ruido son: dolores de cabeza, insomnio, estrés, problemas de circulación, de digestión, falta de concentración, efectos en la comunicación, pérdida del equilibrio, tensión nerviosa, pérdida de la audición, que puede ser instantánea ante ruidos impulsivos, y gradual, cuando hay exposición a ruidos no muy fuertes pero constantes.
Control de ruido
Comprende una serie de pautas, técnicas y medidas para prevenir el ruido y mantener los niveles de sonido dentro de ciertos márgenes para no afectar la salud. Este control puede ser en varios niveles: en la fuente donde se produce el ruido, en el medio que lo transmite y en el ser humano que lo percibe.
Primero hay que identificar la fuente y las causas; por ejemplo, desajuste de piezas de la máquina, falta de mantenimiento, instrumentos ruidosos, como ciertos “pitos” que les adaptan a los buses. Si no es posible controlarlo en la fuente, hay que ver por qué medio se transmite y establecer medidas preventivas con aislantes, amortiguadores, paredes recubiertas con materiales absorbentes. Si no se puede controlar, o no se controla totalmente, ni la fuente, ni el medio por el que se transmite, hay que controlarlo en la persona receptora, con protectores auditivos.
Se puede prevenir la contaminación acústica con educación y normativas, pero no sólo con la aprobación de las leyes, sino con su cumplimiento. La población tiene mucho que hacer, porque es difícil esperar a que las leyes se emitan espontáneamente, hay que demandarlas y exigir su cumplimiento. Y los Medios de Comunicación juegan un papel primordial.
Y sí hay leyes para demandar a los contaminadores: Código del Trabajo, Código Penal, Ley General del Medio Ambiente y los Recursos Naturales. También se puede pedir apoyo a los centros de derechos humanos, Procuraduría del Medio Ambiente. Y ojalá pronto las alcaldías emitan sus ordenanzas para prevenir y controlar este problema invisible, pero presente en todas partes. Y tener así parámetros para proceder.
La autora es relacionista pública 
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