Vender tranquilidad para una mejor calidad de vida
Doraldina Zeledón Úbeda
Un pájaro poeta rumia en su buche versos; Chismoso y petulante, charlando va un gorrión; Las plantas trepadoras conversan de política; Las rosas y los lirios, del arte y del amor. Rubén Darío (“Del Campo”, 1893)
“¿Y cuál es el objetivo de escribir tanto sobre el ruido?” “Nadie te va hacer caso”. “Esto es asunto cultural”. “Para el primero de enero, sólo de vos me acordaba con cada cargacerrada. ¡Eso está difícil!” “El ruido es energía, es vida”. Son expresiones que me han dicho. Sé que algunas veces es en broma. ¡Pero qué satisfacción poder disfrutar esos versos de Darío, en silencio! Y el canto de las aves, que ahuyenta el ruido.
¿Qué ganará usted si se une a esta campaña del no-ruido? ¿Qué se le vende? Se le vende apacibilidad, tranquilidad, solidaridad. Respeto mutuo por el derecho a la paz sonora, a la salud, a la intimidad. Lo que equivale a una mejor calidad de vida; que no es sólo tener trabajo (y ojalá todos tuvieran). Calidad de vida es tener también un poco de silencio, un poco de tranquilidad. ¿Qué calidad de vida puede haber si no se tiene un momento de descanso mental, si el ruido absorbe la música, la conversación y la salud? Una mejor calidad de vida es poder leer, conversar; trabajar sin ruido; ir por las calles, sin ruido; sin ser sorprendidos por un pitazo o una bomba. Poder dormir sin ruido, pues según la Organización Mundial de la Salud el sueño ininterrumpido es un prerrequisito para el buen funcionamiento fisiológico y mental (Guías para el ruido urbano, 1999).
Se vende un poco de conciencia para que no compre ruido a la competencia. Cuando compre una máquina, no compre ruido. Ni use ruido. Súbase al bus o al taxi menos ruidoso. Si lleva música a todo volumen, bájese. Si en el supermercado la música lo hace temblar, no compre ahí. Si el restaurante no lo deja dormir, proteste; si no resulta, denúncielo ante la Policía, la Procuraduría de Medio Ambiente o la Alcaldía. Alguien tendrá que resolver. Si escucha a los que hacen campaña conta el ruido, verá que sí venden salud y quién sabe si se le vende también juventud, porque se dice que el sueño es reparador, que el sueño rejuvenece.
Usted debe saber que el ruido tiene relación con el rendimiento escolar y laboral. Dificulta la atención, la comunicación, el descanso, y esto lo puede llevar al estrés. Todo lo cual afecta la salud y el entendimiento, con sus consecuencias en la educación y en el trabajo, y por ende en la economía. Es difícil que los estudiantes rindan satisfactoriamente en una escuela a la orilla de una calle con mucho tráfico, como la que está detrás del Palacio de Cultura. Esa con paredes de alambre de malla. Y también, si trabaja en un ambiente ruidoso, no podrá escuchar ni comprender bien, además de fatigarse. Por eso esta campaña.
Se vende paz sonora, se rechaza la “violencia acústica”, muchas veces institucionalizada, defendida y financiada, como una guerra. Y es eso: una guerra contra la salud, contra la tranquilidad. Entonces, hay que vencer la guerra del ruido con un poco de silencio, o por lo menos con no-ruido.
Y contra las guerras de aviones y tanques, cuyo ruido afecta desde que comienza la noticia a sonar en los medios, hay que contrarrestarla con el silencio. Ya no sólo para una mejor calidad de vida, sino para salvar vidas. La guerra es terrible, con el ruido estremecedor silbando se lleva vidas queridas, mientras uno se queda con la columna electrizada. La palabra guerra debería borrarse, ser prohibida, y a quienes la propicien, pedirles que escuchen a las madres, a los hijos, a los inocentes. Pero, ¿podrán escuchar quienes fabrican guerras?
Se vende tranquilidad, paz sonora. No para quedarse indiferente ante el ruido de los problemas. Tranquilidad no es indiferencia. Paz sonora es salud auditiva. Es poder escuchar y solidarizarse. Es poder disfrutar de esa poesía apacible, poder contemplar el paisaje y descifrar la Naturaleza, cuyos sonidos hablan y advierten, y ante los cuales la gente parece estar sorda.
Se vende paz sonora para poder escuchar lo que dicen las plantas trepadoras, las rosas y los lirios: hablan de política, del arte y del amor.
La autora es consultora ambiental. 
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