DOMINGO 3 DE AGOSTO DEL 2003 / EDICION No. 23169 / ACTUALIZADA 1:00 am





EL HUMOR DE



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Reflexión sobre la medida de nuestra civilización

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Álvaro Lacayo*

Admirado ante la sombra de Pizarro en el tierno lienzo de la alborada del Nuevo Mundo, el inca despertó creyéndolo un dios mientras el conquistador tomó a Atahualpa por una bestia. Ante dos errores garrafales quiso la posteridad, que del lejano encuentro en Cajamarca, el hombre americano estuviera más próximo a la verdad, aunque pagara con su cabeza aquel espejismo, tras percatarse que sólo era una pesadilla de la que nunca jamás despertaría! El tramposo delirio del poder hizo rodar poco tiempo más tarde también la mollera de Pizarro.

Si bien el pasado es prólogo, y la esperanza es el ensayo del porvenir, la obra maestra del “homo sapiens” parece haber quedado suspendida hace 500 años en un preámbulo de cosmogonías insólitas, donde el futuro anida incierto, como certísima y brutal fuera la repugnancia y el desdén con que el acorazado fulminó a su adversario, aquella tarde en aquel corral de Cajamarca, sólo porque el español estaba armado y el inca desnudo. “Homo Sapiens” versus “alter ego” en un duelo misantrópico que todavía nos salpica.

En la versión veintiunesca del intríngulis cajamárquez, se nos planta en el nuevo proscenio de la globalización el juez Baltasar Garzón pidiendo la cabeza de los dictadores militares que plagaron el hemisferio y que fueran otrora poderosos alfiles de la Guerra Fría, Pinochet secuestrado por los ingleses, anciano, paralítico, infame e inofensivo; quien hubiera osado tocarle un fleco de su chamarra el día siguiente del fusilamiento de Allende; y las atrocidades de Franco, ¿quien las asume?, ¿quién las paga?, ¿quién las dirime?; y las atrocidades de la Reina Victoria, los despojos de la guerra del opio, la ignominia de los Coolíes, y la masacre del Indostán ¿quien las asume, quien las juzga y quien las paga? Resulta difícil erigirse en juez de la globalización en este mundo tan oprobiosamente desigual sin ser tentado por la infatuación del poder y convertir a los tribunales en catafalcos de linchamiento de malecón.

Cómo auscultar entonces el malestar de la cultura desde las calles de Managua. Se podría contar él numero de vendedores ambulantes en un semáforo de cuatro esquinas. Conté ciento dieciocho, sin incluir los niños de brazo ni los inválidos en sillas de rueda; se podría calcular el número de beodos que seguían al comandante Daniel en la edición 24 del repliegue histórico, fueron 48 los que pude ver frente a las cámaras de TV sin haber participado en la caminata; o bien tomar como termómetro la causa número uno de muerte entre los ciudadanos en edad económicamente activa (18-45): el alcoholismo y sus complicaciones y la epidemia de cocaína.

Tocándole el pulso a la otra cara del mundo, también se encuentran síntomas de franca decadencia. El abanderado de la globalización, los Estados Unidos de América, maneja un presupuesto de gastos militares superior al de los doce países más poderosos que le siguen en la lista incluyendo a los grandes fabricantes de armas como Francia y Rusia, cuyos gastos inverosímiles, en pertrechos bélicos no superan las cifras patéticas de la gran potencia. Oliver Buston, director de Oxfam en Washington, calcula que con la mitad del costo de un solo bombardero invisible (Stealth Bomber) se lograría en un año la meta para la educación primaria universal de toda Centroamérica, piedra de toque fundamental para poder salir de la abyecta miseria. Estados Unidos colabora además con 0.1 por ciento de su PIB (Producto Interno Bruto) para ayuda externa a países al borde del colapso, mientras que Dinamarca, por ejemplo asiste al mundo con casi diez veces esa figura cercana al uno por ciento del PIB.

La quimera, en la otra ribera del Atlántico, enseña sus dientes en vez de mostrarnos su rostro, la Unión Europea y el Japón subsidiaron a sus productores con casi 150 billones de dólares (OECD 2002) y el presidente Chirac, hombre de paz que se opuso al derramamiento de sangre en Irak, es el acorazado mayor en la debacle de los productores del tercer mundo, que no pueden competir ante la muralla de acero del subsidio y el proteccionismo inclemente de las autoridades del comercio mundial de las naciones poderosas. Ya el profeta de la globalización Cordell Hull (1871-1955) Ministro de Estado del presidente Roosevelt lo había pronosticado hace más de medio siglo al referirse al libre mercado y las fronteras tarifarias, “si no pasan las hortalizas, van a pasar las tanquetas”.

No hay duda que los únicos responsables de la lastimosa miseria somos nosotros mismos, homo sapiens versus alter ego; “no busques en las estrellas lo que anida en tu corazón”, arengó Julio César a Brutus, cuando observó la angustia en el rostro del que le daría la puñalada mortal. En Nicaragua ha fallado la educación y a los del G7 y los semidioses del Bretton–Woods les ha faltado la solidaridad.

Los productos de exportación de mayor rentabilidad en la América de Atahualpa son hoy por hoy la cocaína y los mojados. En Afganistán y Corea del Norte es el opio, en el Congo infernal los diamantes y en Irak lo que fue petróleo por comida, bajo la errática administración de los aliados parece estarse convirtiendo en guerra de guerrillas. Ninguno de estos productos, por cierto, necesita visa de entrada.

El homo sapiens en sus oscuras entrañas, siempre ha ambicionado el poder y las riquezas. Esto ha sido confirmado en los fósiles del genoma. Lo que parece habérsenos olvidado, es que, nuestro esqueleto carbonífero también demuestra que sin la educación y la solidaridad, estamos condenados a la extinción. Sólo el hombre puede ayudar al hombre!

* El autor es médico y ensayista. alacayo@inedeh.com
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