DOMINGO 3 DE AGOSTO DEL 2003 / EDICION No. 23169 / ACTUALIZADA 1:00 am





EL HUMOR DE



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Un tributo a Ramiro y Liliam

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Roger Fischer S.*

Siendo un “cipote”, a mis diez años de edad conocí a Ramiro Sacasa Guerrero, cuando yo cursaba preparatoria y él fungía como inspector del Instituto Nacional de Occidente, prestigioso centro educativo que bachilleró a muchos nicaragüense provenientes de todos los departamentos del país y quienes conocieron al “ñato” Sacasa y supieron de sus cualidades, cultivando una amistad que sirvió de base en su destino político. El INO estaba dirigido por don Leopoldo Argüello Barreto de recio temple, como apacible y generosa era su esposa doña Chabelita Gil, quien llena de ternura me brindaba especiales atenciones por ser el interno de menor edad. Un día de tantos, cuando sentado en el muro del colegio, rumiaba mi tristeza, al no tener el córdoba exigido para comprar una boleta de examen; recuerdo que Ramiro pasó y preguntó ¿porqué estás apichingado Ficherito? Le dije que aún no me había llegado el dinero y desde luego no podía acceder a la prueba. Pese a lo que se dice de los leoneses, Ramiro me prestó el córdoba que cubrió la emergencia, y aunque al poco rato le devolví su dinero, le quedé debiendo el favor. Ramiro estudiaba derecho, era un hombre jovial, pronunciador de zetas y eses. Amistoso, muy Sacasa en su trato y Guerrero en su carácter. Era un político sagaz y oportuno, tenía agallas y ambiciones. Práctico y ejecutivo, de buen decir aunque malhablado, usaba palabras y modismos muy nicas. El “jotazo” era parte de su repertorio y hablaba de los chunches, virotes y chereques, así como manejaba los vocablos leoneses de nisayo, jovero, laja, pixi y poñoñón. Ceremonioso en su trato con las damas, era amigo del protocolo y muy cuidadoso en el manejo de sus relaciones.

Al trasladarme a Managua lo perdí de vista por varios años. Hasta que un día, en ocasión de una elección de Juventud Liberal, Ramiro encabezaba una planilla compitiendo con Orlando Montenegro, muy cercano a mi hermano Armando, ambos explosivos e inteligentes. Mi hermano fue director de La Estrella de Nicaragua en su segunda etapa. Las cosas fueron subiendo de tono y Ramiro me pidió calmar a mi hermano, en recuerdo, me dijo, de una vieja amistad. Armando regresó a México, donde se destacó como periodista a través de columnas en los principales diarios aztecas y como director de prensa de las más importantes instituciones oficiales de México, incluyendo la Alcaldía, el Seguro Social y otras entidades. A la fecha, ha sido sin duda el periodista de origen nicaragüense más destacado en aquel país. Al morir, Jacobo Zabludovsky le dedicó en su programa televisivo, una extensa crónica en la que daba testimonio de su capacidad profesional y calidad humana.

Cuando Anastasio Somoza era candidato, su hermano Luis dijo una frase histórica refiriéndose a las ambiciones del general: “Lo difícil no va a ser subirlo, lo difícil será bajarlo”. Ramiro Sacasa estaba absolutamente convencido de las intenciones de Tacho y ya en el camino las confirmó, fue así que inició poco tiempo después el Movimiento Constitucionalista en una jornada liberal devota y sincera. Como político visionario, intuyó lo que pasaría en Nicaragua y sembró la semilla que iba a redimir al partido liberal y a reafirmar la democracia. Ahí me reencontré con Ramiro a través de Luis Carrión Montoya y junto a Orlando Buitrago Méndez, Leopoldo Navarro, Orlando Trejos Somarriba, Antonio Tijerino Medrano, José Álvarez y otros amigos, formamos equipo e hicimos la concentración del Club Internacional, que fue todo un éxito. Más y más liberales se fueron sumando, hasta que el famoso pacto con los conservadores le sirvió en bandeja el poder a Somoza. El entusiasmo se diluyó ante un arreglo que trajo como consecuencias la inconformidad, la violencia y la guerra a nuestra patria. Ramiro prosiguió su trabajo, estableció una firme amistad con Pedro J. Chamorro, y ambos, sin pretenderlo, se transformarían en símbolos de Nicaragua. Pedro se convirtió en el Mártir de las Libertades Públicas y Ramiro en el icono liberal de la liberación, los dos, sin aspiraciones de caudillos, pasaron a la historia como unas de las figuras más representativas de la segunda mitad del Siglo XX y más allá. Escribo este artículo como un tributo al amigo, y a su extraordinaria esposa Liliam, recientemente fallecida.

* El autor es liberal, funcionario del BCN
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