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MIéRCOLES 15 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22972 / ACTUALIZADA 2:30 am
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Barro mal pagado

Foto  
.A los artesanos del barro, los comercializadores le están dando “gato por liebre” pues los productos los revenden hasta 400 por ciento más caros de lo que perciben sus creadores
.Una olla mediana el artesano la vende a los comercializadores en 5.50 córdobas y llega a los clientes a 27.50 córdobas, comprobó LA PRENSA

Este comal fabricado en una comarca leonesa será vendido por su fabricante a un precio que una vez que llega a manos del consumidor final se ha encarecido 400 por ciento. (LA PRENSA/R. Ortega)

 

Gabriel Sánchez Campbell
gabriel.sanchez@laprensa.com.ni

Mientras centenares de micros, pequeños y medianos artesanos se esfuerzan trabajando en la elaboración de artículos de barro, los comercializadores se quedan con promedios de hasta 400 por ciento de ganancia en cada pieza que venden.

La formula es una combinación de características que el mercado ofrece: Facilidad de acceso a las instalaciones, especialización de los segmentos de consumos, exposiciones vistosas y por su puesto la composición de detalles en las piezas con un valor estético agregado que los actuales artesanos no han logrado después de estar en el negocio de las artesanías durante años.

Después de más de tres horas sin pestañear por fin terminó el ojo de la pieza que no quedaba bien. Eran ya las siete de la noche y habían pasado 12 horas desde que inició haciendo la mezcla, sólo para dar forma a la escultura de 80 libras que Amanda Guzmán, una artesana de La Paz Centro inició para terminar esa pieza: Una muñeca de barro, hecha a mano.

Si bien sacó el dinero que invirtió para su elaboración, la dueña de una tienda en Managua vino y la compró sin pintar en 250 córdobas, a como Amanda deja la mayoría de su piezas. La empresaria capitalina dio a pintar la pieza a uno de sus artistas ayudantes y le dio el acabado que la artesana de La Paz Centro jamás ha podido dar —porque no tiene tiempo— según dice.

La dueña de la tienda, después de indicar al pintor dónde debía ir el azul real que tanto le gusta —en el borde del rojo púrpura del vestido— y la cara pintada en un ocre canela que simula las facciones de las indígenas, le dijo que tenía que envejecerla, para darle misticidad. La pieza la presentó en la última exposición y en menos de 48 horas fue vendida a un nicaragüense que vive en Miami en 1, 200 córdobas, 480 por ciento más de lo que fue comprada originalmente por la dueña de la galería.

Una típica situación en este mercado de consumo.

Y es que desde la sección de artesanías del Mercado Central, antes Roberto Huembes, hasta cualquier otro establecimiento comercial que vende piezas de barro, todos los días cientos de productores de estas piezas artesanales del Pacífico y el norte del país llegan para tratar de vender los productos que hacen, sin embargo la mayoría de las veces tienen que abaratarlos porque no tienen otra fuente de ingreso y no saben hacer otra cosa que muñequitos cuyos diseños son copiados de otras piezas o jarrones que no han modificado su esquema desde hace más de una década, tienen que regirse por el precio del mercado.

Según Gioconda Hernández, una vendedora de ese mercado capitalino, y quien lleva más de siete años en el negocio de la comercialización de artesanías, señala que si bien es cierto que los artesanos nacionales trabajan muy bien el barro a mano, dándole valor agregado, a estos les falta perfeccionar la técnica, por encima de cualquier producto hecho en moldes.

“Además de eso cambian las formas de los productos con mucha lentitud porque siempre están haciendo lo mismo, hasta que viene otro y los cambia”, sostiene.

Es decir que los pocos diseños con los que trabajan no tienen capacidad para asumir las exigencias del mercado cuyas variaciones muchas veces van más rápido que las de sus productos.

DEFICIENCIAS “EMPRESARIALES”

Además la falta de producción en serie y la falta de cuantificación de sus ganancias en costos reales por producto, les impide saber con exactitud cuánto les cuesta cada pieza en la que invirtieron dinero para comprar la materia prima, pago de mano de obra, y dónde además tuvieron que invertir tiempo.

Por lo cual además no existe una promedio de gastos en el consumo de servicios básicos, por lo que muchas veces influye para no hacer piezas seriadas.

Esto conlleva a otro problema: invertir más tiempo de fabricación en artículos que en el mercado de consumo no tienen tanto valor y por lo tanto gastan más tiempo obteniendo menos ganancias, haciendo que no se maximice su inversión.

Según la vendedora del principal mercado de artesanías de Managua, otro de los problemas que los artesanos enfrentan es el acceso y la ubicación para ofrecer sus productos.

“Nunca será lo mismo ir a La Paz Centro, San Juan de Oriente, La Calle Real, El Sauce o cualquier otro lugar donde los caminos y acceso son más difíciles que llegar a un local, a una tienda donde las condiciones son mucho más ventajosas. Hay más tranquilidad, hay más variedad, hay toda una infraestructura y claro hay más opciones para ofrecer al cliente, que la que existe en cualquiera de los pueblos, donde la gente lo que hace es sacar los productos a la calle, para que el primero que pase se los compre”, sostiene.

Este es otro de los factores con los cuales los mismos artesanos tienen que lidiar a diario y por la misma razón tienen que abaratar sus precios “porque la gente nos paga lo que quiere” —sostiene Silvia Elena Salmerón Duarte, una mujer que desde hace más de 35 años hace ollas de barro en La Calle Real, de Atolapa, una comarca en León.

LAS OLLAS DE BARRO

La marejada de dificultades que afectan a este sector es grande. Sin embargo parece ser el más problemático porque la pobreza en la que están los artesanos que hacen este tipo de productos es tan grande que se les hace imposible desarrollarse, empresarialmente hablando.

Al no tener un capital permanente de trabajo, los miles de artesanos que hay, muchas veces tienen que prestarle dinero a los comercializadores para hacer sus productos y eso los condiciona porque los primeros les imponen el precio en que quieren comprarles el producto como forma de compensación al pago de intereses.

Leila Duarte Brenes, otra artesana de La Calle Real, ha prestado dinero durante los últimos años, porque en ocasiones no tiene ni para comer, según sostiene. Los paga haciendo ollas, comales, tinajas, maceteras y alcancías y un sin número de artículos de barro. Todo para poder comer.

La última producción, que fue hecha por encargo consistió en un juego de ollas de cuatro tamaños diferentes que las dio a 20 córdobas. Este mismo juego fue vendido en 80 córdobas en el Mercado Oriental.

Y como no tiene especificado los costos de producción porque sólo le interesa sobrevivir no sabe que ganó menos de cinco córdobas por juego y que el comercializador 400 por ciento más que ella.

LOS COSTOS Y EL SUSTO

Según cálculos hechos para elaborar 10 ollas medianas, cada artesano gasta un promedio de 40 córdobas en materia prima. Ocho córdobas en un quintal de barro, 6.60 córdobas para la arena que necesita, 10 córdobas para la cantidad de barro rojo y 10 córdobas para el manojo de leña con el que quemará la pieza para darle el acabado final.

Aunque no se incluye la pérdida que pueda tener si una pieza se quiebra o se quema. Tampoco se incluye el 30 por ciento de materia prima que tienen que desechar siempre debido a la basura e imperfecciones.

Esto da un costo de 40 córdobas por las 10 piezas, lo que significa que, cada pieza terminada cuesta cuatro córdobas en promedio. Se vende en un promedio de cinco córdobas con cincuenta centavos, por lo que la ganancia de promedio es de 1.50 córdobas, sin incluir el pago de mano de obra que lo hacen ellos.

Esta pieza es comprada por los vendedores que salen de cada comarca o lugar donde se fabrican los productos rumbo a la capital y es revendida a los comerciantes del Mercado Oriental en un precio promedio de 14 córdobas. Estos la venden en promedio a 27.5 córdobas cada una.

Es decir que quien hizo la pieza ganó 37.5 por ciento sobre el producto, quien la compró ganó el 154 por ciento sobre el precio de compra y el que la vendió en el mercado se ganó el 96 por ciento sobre el precio de compra.

Al final la pieza que los artesanos vendieron en 5.50 córdobas, es comercializada en Managua a 27.50 córdobas, es decir 400 por ciento más cara.

A INNOVAR

Harold Rocha, director del Instituto Nicaragüense de Apoyo a la Pequeña y Mediana empresa (Inpyme) dice que lo que están haciendo es empezar a enseñarles a los artesanos algunas técnicas para innovar, pero a través de moldes que hacen en esa institución.

“Además a través de la Cancillería estamos promoviendo, por medio de las embajadas de algunos países la producción de estas piezas. Estamos dando cursos de capacitación de pintura para que mejoren su calidad porque definitivamente la tienen y se tiene que aprovechar”, expresó.

EL PROCESO PRODUCTIVO

Para hacer cualquier artesanía, obra de arte o material industrial como ladrillos y tejas de barro la fórmula es casi la misma. Se necesita materia prima: el barro.

En Nicaragua se usa principalmente el negro, mismo que abunda en todas las partes del país. El cual se mezcla con agua para lograr obtener un pasta semi hulosa.

Para la elaboración de ollas, comales, piezas de arte y artesanías en general, ladrillos, bloques, cenefas y tejas la pasta se mezcla con arena, mineral que sirve como anti oxidante.

Luego se prepara la masa para moldear la pieza. Una vez hecho esto, se deja secando sean al tiempo o en hornos de vapor. Luego se hornean y la pieza queda lista para poder aplicarle pintura o algún acabado adicional, que es lo que al final le da valor agregado.

MUCHO POTENCIAL

“Esta es una actividad con mucho potencial que deberá reorientarse y reorganizarse para que los productores puedan mejorar más y más su calidad, que hay ya niveles de exportación, ya que en el resto del mundo las piezas nacionales son reconocidas por su gran valor estético y son mejores cotizadas por ser hechas a mano y eso hay que aprovecharlo”, expresó Roberto Brenes, gerente general de la Asociación Nicaragüense de Productores y Exportadores de Productos No Tradicionales.  
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