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MIéRCOLES 15 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22972 / ACTUALIZADA 2:30 am
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Cambios en el Gabinete

Por motivos que sólo el presidente Enrique Bolaños y sus colaboradores más cercanos conocen, el anuncio de cambios en el equipo de gobierno se ha retrasado.

Se supone que al cabo de un año en el poder el presidente Bolaños tiene una visión clara sobre la capacidad, eficiencia, responsabilidad, integridad y lealtad de los ministros; o que son todo lo contrario.

Al respecto, en noviembre pasado la encuestadora independiente Cid-Gallup, auscultó la opinión de los ciudadanos nicaragüenses sobre cada uno de los doce ministros que forman el Gobierno. Pero el presidente Bolaños no dijo si tomaría en cuenta esa evaluación del público para decidir quiénes dejarán de ser ministros y quiénes continuarán al frente de las mismas carteras, o serán trasladados a otras.

De manera que el vacío creado por el silencio presidencial ha sido inevitablemente llenado por toda clase de especulaciones, y lo que es peor, por presiones de quienes se aferran a los arcaicos criterios políticos de que el Estado es un botín del partido vencedor, en la guerra o en las elecciones. Y por lo tanto esos líderes tratan de imponer su criterio de que los miembros del gobierno tienen que ser del PLC.

Pero casi todas las personas que en el gobierno anterior fueron ministros u ocuparon otros altos cargos sólo porque eran “orgullosamente liberales” y “rojos sin mancha”, ahora son fugitivos de la justicia, o se escudaron en la inmunidad para evadir el juzgado y la cárcel, o están libres gracias a la lenidad de algunos jueces.

Por otro lado, es cierto que el partido que ganó las elecciones debe tener una apropiada representación en el Gobierno. Sin embargo esa representación se concreta en la Asamblea Nacional, mientras que los ministros son nombrados en base a criterios no partidistas, tal como se establece en la Constitución y en la Ley 290, que es la Ley de Organización, Competencia y Procedimientos del Poder Ejecutivo.

Si el gobierno fuese sólo para los liberales el Presidente tendría razón y derecho de escoger como ministros únicamente a miembros y recomendados de ese partido. Y hasta podría llamar de nuevo a individuos como Martín Aguado, Esteban Duque Estrada, Jorge Solís Faria, etc., Mas el Gobierno es de todos los nicaragüenses y en consecuencia los ministros tienen que ser escogidos entre personas que además de ser honorables, conozcan y estudien en profundidad los problemas nacionales y tengan criterios claros y acertados sobre lo que se debe hacer en cada ámbito de la administración pública.

En Nicaragua y otros países atrasados existe la mala costumbre de premiar con posiciones ministeriales a los principales miembros o aliados del partido que ganó las elecciones, así como a los amigos y familiares cercanos del cacique partidista. Se trata de una especie de ley no escrita, que supuestamente obliga al Presidente de la República a nombrar no a las personas más indicadas para cumplir la honrosa función de servicio público, sino a quienes hay que beneficiar por razones políticas, personales y familiares. De modo que el mérito de los ministros es político, y peor aún, partidista, cuando lo que se requiere es que sean íntegros y que tengan experiencia como promotores, gerentes y organizadores capaces y eficientes.

En fin, suponemos que antes de decidir los cambios en el Gabinete el Presidente de la República habrá recibido y considerado un informe exhaustivo sobre la situación de cada ministerio y lo que hizo cada ministro en el cumplimiento o incumplimiento de sus responsabilidades. Y esperamos que la decisión de mantener a unos y sustituir a otros se base en una evaluación objetiva de esa información.

Al respecto se sabe que algunos de los actuales miembros del Gabinete no han podido desempeñar correctamente las funciones que se les encomendaron, por falta de competencia o porque fueron ubicados en carteras que no eran las apropiadas para ellos. Inclusive hay algunos que se ausentan de sus despachos y abandonan sus atribuciones, y hasta llegan habitualmente demorados a las reuniones de Gabinete, con el Presidente de la República.

En fin, no es achiote liberal lo que necesita el Gobierno del presidente Bolaños, sino funcionarios íntegros, capaces, eficientes y con una real vocación de servicio a la comunidad.  
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