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SáBADO 18 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22975 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Gutiérrez: Expectativas e incertidumbre

Hay una paradoja en la América Latina de hoy, finalmente enrumbada a la democracia, y es que la libertad electoral facilita la llegada al poder de líderes populistas que son impecablemente electos. Esta observación la confirman los tres últimos casos, de Hugo Chávez, de Venezuela; Inacio Lula da Silva de Brasil y Lucio Gutiérrez Borbúa, del Ecuador, lo que nada tendría de criticable excepto que las irrealistas promesas de mejoramiento económico en la campaña electoral resultan irrealizables y convierte la frustración pública en material de desestabilización, que incluso puede desembocar en el derrocamiento del mandatario.

Ese indeseable porvenir podría esperar a Lucio Gutiérrez, el flamante Presidente del Ecuador, si carece de pragmatismo para aceptar que las necesidades de su país son tan grandes como pequeños los recursos para satisfacerlas; y que debe procurar la comprensión de los factores reales de poder nacional e internacional.

Decimos lo anterior porque Gutiérrez propuso y prometió la rebaja del impuesto al valor agregado (IVA) del 12 al 10 por ciento; llevar al 30 por ciento los gastos en educación, establecer un seguro universal de salud, dotar de vivienda subvencionada y un extenso programa de autoconstrucción de casas para cuatro millones de hogares; y oferta de bonos para cubrir las necesidades alimenticias de los desamparados, agricultores precaristas, pescadores y artesanos. Gutiérrez también promete crear una Agencia para proteger los derechos del emigrante y luchar contra el tráfico de personas. Pero Gutiérrez debe cumplir esas promesas y al mismo tiempo atender el servicio de una deuda externa de 12 billones dólares con un crecimiento anual del PIB del 2.5 por ciento.

Tampoco le faltaron planteamientos éticos al líder del Partido Sociedad Patriótica-21 de Enero (PSP), quien ha prometido liderar una cruzada contra la corrupción y el fraude cometidos por funcionarios públicos, empresarios privados y financistas. En particular Gutiérrez propone una legislación para combatir la evasión tributaria, el contrabando aduanero y el lavado de dólares, incluyendo penas fuertes como cadena perpetua para todo empleado hallado culpable de malversar fondos del Estado.

Esa literatura es muy frecuentada por los candidatos de izquierda o de derecha en América Latina. Entonces, lo preocupante de la presidencia de Lucio Gutiérrez es su talante populista, similar al de Hugo Chávez y en menor escala al de Lula, excluyendo a Fidel Castro, que es un comunista radical y por añadidura dictador y confrontativo con los EE.UU. De manera que para los desconfiados se estaría formando un club izquierdista latinoamericano como reacción al neo liberalismo y a la globalización

Ahora bien, la aparición en el tercer mundo de esos gobiernos vendedores de ilusiones que siempre terminan mal, se debe a que la democracia permite la igualdad en el valor del voto y es lógico que electores de los grupos sociales menos favorecidos, marginados y explotados, que ya no tienen las revoluciones para enrolarse en ellas, utilicen el instrumento cívico de los comicios limpios para escoger a un candidato que les promete sacarlos de la miseria, sobre todo si lo ven apoyados —como en el caso de Chávez y Gutiérrez— por las fuerzas armadas, de donde provienen. La paradoja es que ese mismo mecanismo de apoyo popular masivo se revierte como un boomerang que los lleva a pedir obstinadamente su destitución. Y esto se agrava cuando el FMI, el BM y el BID exigen correcciones drásticas que no pueden cumplir sin causar daño a la demanda social. Pero es una realidad que sin esa ayuda caen en mora los países, como por ejemplo en el caso argentino.

En el campo político, Gutiérrez cuenta en el Parlamento con apenas 16 diputados de un total de 98, y con aliados inseguros tanto de izquierda como de derecha, que pudieran abandonarlo en cualquier momento .

Finalmente, pocos recuerdan que el coronel Lucio Gutiérrez estuvo en Nicaragua formando parte de la misión militar de ONUCA, que entre marzo de 1990 y enero de 1992 se encargó de verificar el desarme y desmovilización de la “contra” antisandinista y el cumplimiento del acuerdo de cese de hostilidades.

Esperamos que el Presidente Gutiérrez pueda sortear con habilidad los desafíos que le esperan. Nada necesita más América Latina que dirigentes que puedan conciliar la producción con la justicia social.  
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