La filosofía para niños
Juan Bosco Cuadra cuadraj@mecd.gob.ni
En 1969, en los Estados Unidos, un filósofo norteamericano, Matthew Lipman, propuso un nuevo y revolucionario método educativo para niños. Se trataba, nada más y nada menos, que enseñar a niños y niñas de 4 a 12 años de edad, a pensar de una forma filosófica.
Por supuesto, que esto les pareció a sus coetáneos una aventura imposible de obtener buenos resultados. ¿Cómo los niños y niñas pueden pensar con seriedad a como lo hace un filósofo? Las pruebas que utilizaron para atacar este método es que los infantes a esta edad lo único que piensan es en el juego.
El Dr. Lipman supo salir adelante demostrando que una conversación y diálogo bien dirigido, podía despertar en el niño su capacidad de asombro y su capacidad de análisis racional sobre las cosas, los acontecimientos y las personas.
Ahora que se está escribiendo mucho de filosofía en LA PRENSA y más concretamente en esta página editorial, este artículo quizás les pueda parecer ridículo y hasta un desatino.
La cosa es que estoy en unos tiempos en el que el surgir del pensamiento filosófico quiere ser apropiado y hasta personalizado por los actores más destacados de la cultura intelectual de nuestro país. Como si la “filosofía” se prestara a este tipo de vanidad, con el solo hecho de autonombrarse o de ser elevado por terceras personas a una categoría de superhombre o de titán del pensamiento!!!
Nos basta con sólo estudiar la historia de la filosofía para darse cuenta que los verdaderos filósofos no han vivido ni en las comodidades materiales y de fama (que muchas veces son combatidas por la clásica legión de envidiosos), ni mucho menos entre el aplauso de las multitudes.
Personalmente respeto a muchos pensadores de este país, pero sinceramente no creo que todavía existan filósofos de profesión y mucho menos de vocación.
La nueva política educativa del Ministerio de Educación, Cultura y Deportes y más concretamente del ministro, Dr. Silvio de Franco, quiere alcanzar un proyecto educativo de esta categoría en todas las escuelas de Nicaragua.
Enseñar a los niños a pensar por sí mismos desde su más tierna edad es un proyecto educativo muy ambicioso que sólo este método filosófico pueda llevar a cabo.
La filosofía para niños está siendo aplicada en más de 50 países en todo el mundo. Además, el CIFIN (Centro de Indagación o Investigación de Filosofía para Niños está reconocida por la UNESCO. En otras palabras, es necesario implementar este método educativo, no para hacer filósofos de profesión, sino para elevar el nivel cognoscitivo, afectivo y de conducta de todos los niños de Nicaragua.
Me contaba por teléfono la presidenta de esta asociación internacional, señora Stella Accorinti, que todos los niños que cursaban este seminario ascendían en 36 por ciento más de su capacidad en otras asignaturas como español y matemáticas, que los otros niños (normales) que no los tomaban.
El método es bien sencillo: se les lee una serie de cuentos y se les hace a los niños una serie de preguntas típicamente filosóficas. El resultado es que los niños se interesan por los temas abordados y sacan sus propias conclusiones usando su viva inteligencia y su riquísima imaginación.
Por algo Arthur Schopenhauer admiraba a los niños. Este filósofo alemán, contemporáneo de Hegel, decía que los niños son “genios” porque comprenden y entienden la realidad sin perturbaciones psicológicas o preocupaciones propias de los adultos. La risa que provocan sus ocurrencias, si se fijan bien, son verdaderas genialidades que muchas veces se escapan a la visión intelectual de los adultos. Basta con comprobar que un niño, entre los 6 y 12 años es, en muchos casos, un gran preguntón. ¿Por qué esto? ¿por qué lo otro?, son preguntas comunes entre los niños y niñas, que, a la postre, son también preguntas filosóficas.
Las preguntas como: ¿Por qué eso?, ¿Cómo es eso? , ¿Qué es eso?, y otras más formuladas en el programa permiten al niño o niña ampliar sus horizontes cognoscitivos y despertarle el razonamiento crítico y el espíritu creativo.
Aunque parezca muy ambicioso este proyecto, quizás se está sembrando una buena semilla que posteriormente se cosechará. Toda transformación cultural, necesita tiempo, trabajo y paciencia, para verdaderamente producir lo que se espera, a saber, un pueblo en el futuro inmediato, más inteligente y más culto.
Quiero terminar este artículo con un pensamiento de Matthew Lipmann:
“Si no podemos hacer filosofía con niños y niñas, despojamos a su educación del verdadero componente que puede hacer que esa educación sea más significativa. Y si les negamos a los niños y a las niñas una educación significativa, aseguramos que seguirán dominando la ignorancia, la irresponsabilidad y la mediocridad que con frecuencia dominan entre los adultos”.
El autor es asesor del MECD. 
|