Blanco y negro
¡Padrastros!
Eduardo Enríquez eduardo.enriquez@laprensa.com.ni
Aunque yo todavía no me explico por qué, les gusta que les digan “los padres de la Patria”, pero en realidad se portan como el peor de los padrastros. Hablo de los diputados de la Asamblea Nacional, que se supone deben legislar a favor de sus representados pero hacen precisamente lo contrario.
Lo vemos en el caso de la reforma al Presupuesto General de la República. Ellos decidieron que instituciones como el FISE o Inifom no eran útiles y dispusieron pasar el dinero a las municipalidades; decidieron también que no había por qué abonar 1,400 millones de córdobas a la deuda interna y entonces tomaron 366 millones de córdobas de ahí para usarla en aumentos a maestros, jueces y enfermeras. Aumentos que no le van a resolver el problema a nadie y más bien crean un problema inmenso.
No van a resolver problemas porque las reformas rompen los acuerdos con el Fondo Monetario Internacional (FMI), acuerdos que básicamente dicen que no se va a gastar “a la loca”. O sea, es lo primero que se les dijo que no debían hacer y es lo primero que hacen.
¿Cuál es la consecuencia de eso? Que sin acuerdo con el FMI entonces Nicaragua no es sujeto de crédito para nadie en el mundo, y nosotros nos quedamos con un hoyo presupuestario de cuatro mil millones de córdobas. ¡Un tercio del Presupuesto! Si en realidad se abre ese hoyo, o sea, si los padrastros no enmiendan ese presupuesto, el único lugar donde van a existir los aumentos salariales y los proyectos municipales será en el papel donde estará impreso el presupuesto. ¿Alguien se acuerda de Argentina hace un año? Igualito.
Claro, los argumentos de los padrastros son muy populistas y muy “patrióticos”. Ellos aseguran que los empleados públicos necesitan aumentos, que ganan muy poco. ¡Genial! Si para que me digan eso no necesito pagarle a un padrastro cinco mil dólares. El trompo que me tienen que bailar en la uña es el de conseguir todo lo que hace falta en este país con ese pobre presupuesto del que disponemos.
También invocan a la pobre “soberanía”. Dice uno de ellos, un diputado sandinista a quien le gusta andar siempre muy bien vestidito, que la exigencia del FMI “lesiona la soberanía”. ¡Otra genialidad!, pues sí es cierto, pero es que Nicaragua está como el borrachito que anda pidiendo prestado. Le prestan sólo con la condición de que deje de beber, se bañe y empiece a trabajar. ¡Nadie nos va a prestar para que sigamos la bebedera! Claro, nosotros tenemos el derecho soberano a morirnos de hambre, como el borrachito tiene el derecho a morirse de tanto guaro.
Pero lo peor es que los padrastros no hacen esto por ignorancia. Por ejemplo, muchos de los que ahora se rasgan las vestiduras por la deuda interna estaban ahí cuando se aprobaron los Cenis en el gobierno de Arnoldo Alemán. Ellos conocían los descomunales intereses que se estaba comprometiendo a pagar el gobierno.
Tampoco ignoraban los problemas que causaría quitarle los fondos del FISE a las alcaldías. Los organismos y los gobiernos acordaron prestarle a una entidad y no van a desembolsarle a otra.
Entonces, ¿por qué lo hicieron? Porque tanto liberales como sandinistas saben que con eso ponen al gobierno entre la espada y la pared. Vulnerable. Listo para negociar cualquier cosa con ellos. O sea, son como el cruel padrastro que pone en peligro al hijastro para lograr que la mujer haga lo que él quiere.
Pero en realidad están peor que el padrastro del ejemplo, porque a éstos todavía les pagamos para que nos arruinen. 
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