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SáBADO 18 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22975 / ACTUALIZADA 02:30 am
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“Tiempo de vivir”: Lecciones para la vida

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Gretchen Robleto Lupiac
gretchen.robleto@laprensa.com.ni

“Tiempo de vivir”, de Claudia Chamorro Barrios, me encontró la tarde soleada del domingo, entre el calor de Managua y la pereza vespertina. Fue inevitable encontrarme entre sus páginas, así como inevitable fue asumir la invitación a recordar a las personas que queremos y que físicamente ya no se encuentran entre nosotros.

Esa tarde, como otras, pero esta vez acompañada de una reflexión interna y profunda sobre cómo vivir la vida, recordé a mi hermanito, Juan Bautista Robleto Lupiac y pensaba en cómo Dios presenta pruebas de su amor a su hijos, aunque algunas de éstas nos desgarren el alma por el dolor.

Tolentino, a quien conocí a través del relato de su madre, Claudia, da una lección de amor y gratitud a través de su ejemplo. “Tiempo de vivir” hace reflexionar sobre el valor que debemos darle a cada momento, a cada oportunidad de decir: Te quiero, de servir, de amar, de admirar el regalo de la vida. Y esa oportunidad muchas veces pasa inadvertida.

Claudia destaca en sus líneas cómo se nos enseña a vivir, pero no a aceptar la muerte física, que para Tolentino llegó representada por la leucemia, esa dolorosa enfermedad que Tolentino enfrentó de la mano de Dios y la esperanza, la cual hace sentir su presencia en el verde tierno de la portada, en armonía con la visión pictórica de Tolino alcanzando las nubes.

Vivimos en función del mañana, sin tener garantías de que existe en realidad. En un afán por planear el futuro, no disfrutamos de la magia de la cotidianidad, el saludo de un amigo, la bendición del abuelo, el abrazo del padre, los consejos de una madre.

En medio del dolor de la pérdida irreparable de Tolentino, la escritora Claudia Chamorro y su familia, son seres afortunados. Dios les dio la oportunidad de prepararse y preparar a Tolentino para su partida hacia los brazos del Señor. Eso no ocurre con quienes son sorprendidos por la muerte, como le ocurrió a mi hermano mejor, quien al igual que Tolentino, recibió su llamado cuando apenas iniciaba la adolescencia.

Nosotros no nos preparamos para despedirlo y creo que ése fue el golpe más duro, no poder darle un último beso, decirle cuán grande es el espacio que llena en nuestros corazones.

Este es el legado que a mi criterio deja Tolentino, la lección de “aprender a vivir” el hoy como si fuera el último día, dar amor como su fuera la última oportunidad, poner nuestro mejor esfuerzo en cada acción y proyecto, como si fuera lo más importante.  
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