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LUNES 27 DE ENERO DEL 2003 / EDICION No. 22984 / ACTUALIZADA 1:30 am
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Panameños intentan controlar frontera

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.Llegaron más de un centenar de policías fronterizos a Paya y Púcuro, lugares que carecían de seguridad
.Cientos de indígenas huyeron de sus casas y buscaron refugio en la comunidad de Boca de Cupe

Un helicóptero sobrevuela el campamento de indígenas refugiados en Boca de Cupe ubicado a 250 kilómetros de Ciudad Panamá, a donde sólo se puede llegar por vía aérea.

 

AP

BOCA DE CUPE, PANAMA.- Tras años de ausencia, la Policía panameña retornó a dos comunidades atacadas por paramilitares colombianos y alivió un poco la zozobra de los aldeanos, pero la pregunta que se hacen muchos es cuánto durará la tranquilidad en una zona donde las incursiones de grupos armados son el pan de cada día.

La Policía fronteriza tendrá que recobrar la confianza entre los aldeanos indígenas, que se han quejado en el pasado de irrespeto por parte de miembros de la seguridad pública.

Los policías, por su lado, piden colaboración de los lugareños, a los que acusan de ayudar a la guerrilla colombiana.

“Esperemos que la presencia de la Policía no sea sólo esta vez un calmante para nuestras comunidades, donde habitan muchas mujeres y niños”, dijo a la AP Tomás Caicedo, representante de la aldea de Paya.

El director de la Policía Nacional, Carlos Barés, reiteró en una entrevista la determinación de establecer “permanentemente” policías en Paya y en el vecino Púcuro, en la provincia de Darién, limítrofe con Colombia.

Paramilitares colombianos incursionaron el 18 de enero en Paya y Púcuro; destruyeron ranchos, robaron y mataron a cuatro indígenas, incluyendo dos jefes de tribu.

Cientos de indígenas huyeron de sus casas y buscaron refugio en la comunidad de Boca de Cupe.


MAS DE UN CENTENAR DE POLICIAS

Tras los incidentes, llegaron más de un centenar de policías fronterizos a Paya y Púcuro, lugares que carecían de seguridad desde fines de los años 90, cuando un grupo de agentes fue retirado en medio de acusaciones de que irrespetaban a las mujeres.

A Paya se han enviado unos 60 policías con entrenamiento en la selva, dijo Barés. Se estima que igual cantidad se estableció en el vecino Púcuro, donde buena parte de los habitantes de la etnia kuna ha retornado, según las autoridades.

La Policía estableció varios puntos de control a lo largo del río Tuira, por donde se llega en piragua a Boca de Cupe. El viernes, ante el asombro de los lugareños, la Policía trasladó sobre una balsa a esta comunidad un vehículo equipado con una ametralladora.

El ataque de los paramilitares el 18 de enero se dio cuando los aldeanos de Paya celebraban una fiesta tradicional.

“Fue una fiesta amarga. Un día de terror en una comunidad pobre, apartada, sin policías, y que no tiene nada que ver con el conflicto armado que hay en Colombia”, se quejó Marcela Vásquez, quien perdió a su padre en ese incidente. “Ahora hay muchas mujeres que no quieren regresar a Paya por temor a otra incursión”.

“Ojalá que con la Policía se calmen las cosas”, dijo Caicedo. “¿Pero se quedará para siempre en nuestras aldeas? ¿Dejarán de sembrar temor los grupos armados?”


POBLADORES APOYAN LA GUERRILLA

Policías de Boca de Cupe, que pidieron no ser identificados, señalaron a la AP que vigilar Paya y Púcuro es delicado, ya que sospechan que estas aldeas abastecen a miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Comentan que los paramilitares podrían haber atacado en represalia por la percibida colaboración con las FARC.

Dirigentes de otras aldeas situadas a orillas del Tuira —como Balzal, Punusa, Boca de Paya— están exigiendo también presencia policial tras la incursión paramilitar. “Nosotros necesitamos vigilancia. Nuestras aldeas quedan como blancos de los irregulares colombianos'', se quejó Euclides Osorio, dirigente de la etnia emberá, en la zona del Tuira.


ZONA INSEGURA

Para Panamá, que no tiene ejército propio y que no cuenta desde fines de 1999 con la presencia de tropas estadounidenses, le es complicado vigilar toda su zona fronteriza. “Son lugares muy apartados... el área no tiene protección”, admitió la presidenta Mireya Moscoso, quien ha exigido a Colombia que preste mayor atención a la seguridad en su lado fronterizo.  
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