¿Por qué la Banca pretende ser diferente?
Cornelio Hopmann*
Dejo desde el inicio asentado que establecer y operar un banco es como establecer y operar cualquier otro negocio, es decir implica invertir capital y tomar riesgos, salvo que es una empresa que produce servicios financieros, donde otros ofrecen productos materiales. Me quedé entonces sorprendido por las declaraciones de algunos representantes de la banca nicaragüense, donde ellos reclaman para sí y contra cualquier lógica de una economía de libre mercado un tratamiento diferente al que se aplica a todos los demás.
Quien monta una empresa tiene que enfrentar costos y no sólo costos propios de operación y de personal sino él paga por servicios, que otros le brinden, como energía o servicios de transporte. Paga también por la materia prima. Una empresa cobra además a veces anticipos por productos a entregarse en el futuro. Tanto el empresario como sus proveedores y clientes corren el riesgo de la quiebra de la empresa, es decir que el empresario no pueda ni pagar todos los servicios brindados ni toda la materia prima, ni entregar todos los productos ya pagados de anticipado. Sería el fin definitivo de una economía libre de mercado, si el estado —y por tanto los contribuyentes— asumieran todos estos riesgos eliminándose de esta forma la eficiencia como criterio de la supervivencia de una empresa en una economía de libre mercado.
Lo formalmente correcto sería entonces, que los bancos ofrecieran sus productos y servicios como lo hace cualquier otra empresa, es decir a riesgo solamente propio y de sus clientes. Resulta sin embargo que bajo estas condiciones los bancos tendrían tremendas dificultades en obtener su materia prima —como la reciben completamente al fiado— y ellos tendrían que pagar costos muy elevados por la misma. ¿Cuál es esta materia prima? Pues son los fondos depositados en sus cuentas con las tasas de interés por depósitos como costos, fondos que ellos conviertan con mucha ganancia en productos finales, productos, que no son nada más que los créditos, que ellos otorgan contra muchas seguridades reales.
En esta situación el estado les viene a ayudar a los bancos para bajar sus costos. ¿Cómo? Estableciendo por ejemplo órganos como la Superintendencia de Bancos o Fondos de Garantía de Depósitos hasta poniéndose el estado mismo como último fiador, con el fin que los proveedores de los bancos, los depositantes, tengan más confianza y cobren precios más bajos, es decir se conformen con tasas más bajas de interés. Hay países como los EE.UU. o Europa occidental, donde con este objetivo los bancos mismos por iniciativa propia y sin obligación por ley han creado fondos de garantía o se extienden garantías mutuas.
No hay almuerzo gratis en ninguna parte del mundo. Siendo las instituciones mencionadas un servicio prestado por el estado de Nicaragua a los bancos, para que ellos obtengan más recursos con mejor facilitad y a costos más bajos, debería ser más que obvio, que los bancos paguen por tales servicios, más obvio aún cuando el riesgo bancario ya trasladado al estado hasta ahora nos ha producido una deuda interna de al menos 500 millones de dólares y el estado, es decir todos nosotros, seguimos de fiadores para los bancos frente a sus depositantes, porque FOGADE no ha acumulado suficientes fondos.
Si los servicios brindados por el estado les parecen a los bancos demasiado caros, pues que prescinden de ellos y intenten a continuar sus empresas completamente a riesgo propio, como lo tendría que hacer cualquier otro empresario. Pero que no intenten presentar costos de su propio negocio como si fueran impuestos, es decir ingresos que la Asamblea Nacional podría asignar libremente para escuelas, hospitales o carreteras.
Y que por favor paguen sus impuestos sobre la renta como cualquier otro empresario.
* El autor es consultor en informática. cornelio@eready.org.ni 
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