Crítica
Guardianes de la granja contraatacan a Orwell
 |
|
|
George Orwell |
| |
Luis Sánchez Sancho* luis.sanchez@laprensa.com.ni
Los comunistas en particular y los izquierdistas en general no le han perdonado a George Orwell (1903-1950), ni le perdonarán jamás, lo que este genio de la literatura política hizo para arrancarle al totalitarismo su máscara de bandido justiciero y desnudar la infamia de la sociedad “del proletariado”.
En realidad, Orwell, cuyo verdadero nombre era Erick Arthur Blair pero fue y sigue siendo conocido universalmente por su pseudónimo y debido en particular a sus libros “Rebelión en la granja” (1946) y “1984” (1949), desempeñó con sus libros un papel tan determinante como el de Juan Pablo II en el ámbito religioso y el de Ronald Reagan en el campo de la política internacional, para el socavamiento primero y el derrocamiento después del comunismo, en la Unión Soviética y los países de Europa Oriental.
Por cierto que aquí, en Nicaragua, el libro de George Orwell ‘Rebelión en la granja’ fue publicado por LA PRENSA y su divulgación masiva contribuyó significativamente al desenmascaramiento del totalitarismo, cuando apenas estaba en proceso de imposición.
Por eso es que ahora, al cumplirse el centenario del nacimiento de Orwell (25 de junio de 1903), los escritores e historiadores izquierdistas y comunistas que sobrevivieron al colapso del totalitarismo en los fines del siglo XX, y que se han reagrupado alrededor de diversos movimientos sociales como los de género, feministas, gay, ambientalistas y pacifistas; así como los intelectuales izquierdistas de nueva hornada atraídos por el mismo señuelo de buscar un vellocino de oro de hermandad, justicia social, reconstrucción del paraíso en la Tierra, derrota del ‘gran satán” que es Estados Unidos, etc., atacan, distorsionan y difaman a Orwell desde enfoques aparentemente objetivos, inclusive en algunos casos haciéndose pasar por partidarios del “profeta del anticomunismo”.
Por ejemplo, en “Orwell, la santidad controvertida”, artículo de Chrístopher Domínguez Michael publicado en la revista “Letras Libres” y reproducido en La Prensa Literaria del 21 de junio de 2003, el autor aprovecha la reciente publicación del libro Why Orwell Matters, de Chrístopher Hitchens, para descalificar al Orwell anti-totalitario llamándolo “un novelista mediocre o, llanamente, un mal escritor”, cuyas novelas “son francamente desastrosas”.
También se acusa a Orwell de falta de omnisciencia por su ‘insólita incomprensión de Estados Unidos como horizonte cultural (que previamente se definió como ‘la actual crisis del liberalismo, determinada por la devastadora hegemonía de los Estados Unidos’), su desprecio por los galeses, los irlandeses y los escoceses, o algunos comentarios hoy políticamente incorrectos sobre los judíos, los homosexuales y las mujeres.
Pero, además, se acusa a Orwell de haber sido un vulgar soplón que habría proporcionado “una escueta lista de escritores comunistas a los servicios de inteligencia británicos en los albores de la Guerra Fría”.
En ese mismo sentido, un despacho de la agencia británica de prensa, Reuter, firmado por Jeremy Lovell y publicado en la sección internacional de LA PRENSA del domingo 29 de junio, bajo el sugestivo subtítulo de ‘¿Soplón?’, asegura que: ‘Documentos recientemente descubiertos demuestran que el socialista Orwell entregó una lista de 38 comunistas encubiertos y compañeros de viaje al Ministerio de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña, meses antes de morir de tuberculosis”.
El mencionado despacho del periodista Lovell asegura, por otro lado, que “Un artículo del diario estadounidense Washington Post acusó a Orwell de ser un antisemita y un solitario poco amigable, quien vestía de clase obrera pero que hablaba claramente como alguien de clase alta”.
Es clara la intención de enemistar a Orwell con diversos grupos étnicos, sectores sociales y grupos culturales, así como descalificarlo política y moralmente con la acusación de soplonería, pues ni siquiera aclara si ese artículo del Washington Post es una columna editorial o una opinión particular de determinada persona y qué credibilidad tiene ésta. Además, ¿cómo podía Orwell denunciar a “comunistas encubiertos y compañeros de viaje”, si para entonces (1950), ‘meses antes de morir de tuberculosis’, él era y desde hacía mucho tiempo un declarado e implacable anticomunista y antitotalitario en general, y por lo tanto era imposible que tuviera camaradas y compañeros de viaje comunistas? La verdad es que resulta demasiado burda la difamación y no resiste el menor análisis.
Ciertamente, Orwell desentrañó las interioridades del comunismo y demostró los alcances de la manipulación totalitaria sobre la gente, desde que estuvo en España, durante la Guerra Civil de 1936-1939, y conoció a fondo la esencia antilibertaria de las organizaciones comunistas, tanto del anarquista Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM) por medio del cual él llegó a Barcelona para participar en la lucha contra el fascismo, como de las estalinistas Brigadas Internacionales organizadas por el Comitern (Internacional Comunista), que era dirigido desde Moscú por el Partido Comunista de la Unión Soviética.
La falacia fascista de derecha o de izquierda, de predicar por un paraíso y construir un infierno, separó definitivamente a Erick Blair del comunismo y alumbró al escritor George Orwell, quien a base de su experiencia en España y de sus aleccionadores contactos y los testimonios recibidos de los comunistas internacionalistas rusos, escribió su primer libro, “Homenaje a Cataluña”, publicado en 1938, en el que el autor comienza a señalar las distorsiones del discurso y de la propaganda comunista.
Posteriormente, las más conocidas de sus obras (‘Rebelión en la Granja’ y ‘1984’) completarían el planteamiento orweliano sobre el totalitarismo y confirmarían su don profético de describir cómo sería la sociedad comunista en el futuro, aunque en aquella época pocas personas le hicieron caso, tal vez por la maldición de Apolo contra Casandra de que nunca nadie le crea a los profetas de la verdad, hasta que sus advertencias se hubieren cumplido.
Pero ahora, en el centenario de su nacimiento, a pesar de los esfuerzos que hacen los guardianes intelectuales de la granja totalitaria para desacreditarlo, Orwell sigue siendo una bandera de rechazo al totalitarismo, el que una y otra vez intenta recuperar el poder sin dudas que para volver a esclavizar a la gente en nombre de una utopía social que es imposible imponer, porque atenta contra la realidad social y contraría la naturaleza humana, la cual es inteligente, individualista, rebelde y libertaria.
* Editor general diario La Prensa. 
|