ESCRIBANOS
EDICIONES ANTERIORES
LA PRENSA
OTROS SUPLEMENTOS
SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 5 DE JULIO DE 2003
PORTADA
CUENTO NICARAGÜENSE
POESIA NICARAGÜENSE
LEXICOGRAFIA
KINO-BIO-CINE
ENSAYOS
PINTURA
MUSICA
COMENTARIO
CRITICA
— Pancho O’donell: ‘El che apostó a la epopeya’

Foto  

1) En uno de sus discursos en Cuba, luego del trinunfo de la revolución cubana.
2) El 9 de octubre, muere Ernesto Che Guevara y nace la leyenda del Che, fue en La Higuera un pueblo...

 

Pablo Gámez*

Quería demostrar que no estaba todo escrito sobre Ernesto Guevara. Y lo hizo. El escritor argentino y uno de los biógrafos más importantes en Hispanoamérica, Pancho O´donell, publica Che, la vida por un mundo (Plaza & Janés). Su autor, lejos de centrarse en los años cubanos de Ernesto Guevara, logra con una gran maestría adentrarse en los rincones más íntimos de la vida de este personaje, acabando con serias imprecisiones históricas y reivindicando capítulos de la vida del Che ignorados casi en su totalidad. El resultado es exquisito y el lector queda sumergido en la lectura de esta nueva biografía —quizás la definitiva— desde las primeras páginas del prólogo, en donde O’donell hace una impactante reproducción del asesinato del Che en la aldea boliviana de La Higuera, cuando el sargento Terán recibe la orden de acabar con la vida de Ernesto Guevara. Estamos ante un libro singular y profundo, en el que Pacho O’donell nos recuerda la necesidad de recuperar ciertas ideas y reflexiones en tiempos de incertidumbre y confusión.


¿De dónde la necesidad de una nueva biografía sobre Ernesto Che Guevara?

“El Che sigue siendo el máximo icono mundial y uno de los personajes más admirados en todo el mundo. Lo vemos en casi todos los noticieros: donde haya una manifestación o una reivindicación se encontrará los cartelones con su figura, en cualquier ciudad de cualquier país de cualquier continente. El Che simboliza la rebeldía y el principismo; representa la ética y la convicción de que por los ideales se puede y se debe dar la vida. Pero son valores que hoy degrada nuestra sociedad globalizada de pensamiento único, hegemónica y neoliberal; son valores que tienen poca cabida en esta sociedad materialista e injusta en la que vivimos. Por eso es que el Che crece, a diferencia de otros personajes como Kennedy, Gandhi o Mao, que han ido disolviéndose en el tiempo. Esa es suficiente razón para escribir una nueva biografía del Che, sobre todo cuando se trata de una biografía distinta, porque la totalidad de los otros estudios le han dado una excesiva importancia a los años cubanos del Che”.


¿Y se ha hecho así por cliché, estrategia, por ingenuidad o por política?

“Por todas esas razones. El problema es que las biografías existentes se centran en los ocho años que pasa el Che en Sierra Maestra y en el gobierno cubano, quedando los otros 31 años de su vida como anécdota o complemento. En mi biografía abarco todos sus años para alcanzar un cuadro completo de su existencia. La infancia y juventud de este personaje son fundamentales para comprenderlo. También hay que entender que su voluntad revolucionaria no tuvo lugar solamente en Cuba, sino también en el Congo o Bolivia. Esta es una diferencia clave en la biografía que he escrito”.


Otras de las diferencias que mencionaría es que esta biografía intenta rescatar la argentinidad de Ernesto Guevara.

“Así es. Pero más que la argentinidad, lo que intento rescatar es que el Che no es solamente cubano y que él hablaba de la revolución internacional. El Che muchas veces se rescató como bolivariano. Es decir, con una idea que iba mucho más allá de las fronteras de los países. Por algo estuvo también intentando una revolución en el Congo. Cierto es, sin embargo, que los argentinos tampoco hemos reivindicado al Che por las atroces dictaduras que hemos tenido y porque se han sucedido gobiernos muy conservadores que no se han interesado mayormente por el tema. Y esto es algo a corregir. Al Che lo podemos discutir políticamente. Puedo estar en desacuerdo con algunas de sus políticas, pero lo que no se puede discutir es su actitud”.


Hay de por medio decenas de entrevistas a partir de sus viajes por Argentina, Bolivia, México, Cuba y Francia, con el único objetivo de encontrar nuevos datos y personajes en torno a la vida de Ernesto Guevara. ¿En algún momento de este gigantesco periplo llegó a cuestionarse sobre la viabilidad de su proyecto?

“No, porque me fue muy apasionante. Me pasa con el Che lo mismo que le ha pasado a la gente que lo conoció en vida. El Che marca y deja su impronta. No se sale indemne luego de escribir un libro sobre él. Fue maravilloso poder entrevistar desde su niñera —Rosario López— hasta su asesino, el sargento Terán, quien vive muy escondido y aún muy asustado en Santa Cruz de la Sierra, en Bolivia. Y en el medio todos los que lo persiguieron y combatieron con él; quienes lo capturaron, quienes lo amaron y quienes lo odiaron. Sin embargo no he querido hacer una apología del Che. He tratado de ser lo más objetivo posible. En el libro y en primera persona he puesto todas las voces que rodearon su vida, para que el lector saque sus propias conclusiones. Tampoco me ahorro los errores, contradicciones y obsesiones de Ernesto Guevara, porque su mérito mayor quizás sea el haber sido una persona común, una persona que fue capaz de cosas extraordinarias”.


Usted dice que nadie sale indemne luego de escribir sobre Ernesto Guevara. Ha profundizado muchísimo en la vida de este personaje y en el ambiente que lo rodeó. ¿De qué forma dejó el Che su impronta en usted?

“Le diría que me dejó mucha conmoción. El Che es una persona que entendió lo que todos nosotros deberíamos entender: que la vida tenga un sentido, que la vida es algo fugaz, frágil y que no vale lo que constantemente hacemos: negar nuestra mortalidad. Y es que vivimos como si no nos fuéramos a morir nunca. Esa cosa tan notable de estar vivos nos obliga a darle un sentido a la vida. La vida puede ser algo muy vacío, casi ridículo en muchos casos, si realmente no entendemos que la vida es algo a lo cual tenemos que darle sentido. Al Che quizás lo ayudó el haber sido un asmático grave. Es decir, el asma lo llevó a convivir con la muerte desde su más temprana infancia. Supo que el límite entre la vida y la muerte es muy tenue y le dio cara a ese infortunio que lo acompañó hasta el último minuto de su vida. Eso mismo le dio la idea de que su vida debía tener un destino elevado”.


El espectro central en toda esta biografía es que gracias a los testimonios por usted conseguidos se logra reconstruir, con mucho rigor, el paisaje humano, político y sentimental que rodea al Che. ¿Desmitificación del mito?

“El gran pecado que cometen los biógrafos es el de enamorarse del biografiado. Y resulta casi inevitable. Aún si escribiéramos la biografía de un asesino serial, es altamente probable que el biógrafo se enamore de ese biografiado. El peligro es mucho más grave cuando el personaje es absolutamente fascinante, como es el caso de Guevara. Hay biografías que describen al Che, y lo digo textualmente, como el guerrillero heroico. Eso no es una biografía. Eso invita a un espectáculo pornográfico. El lector asiste al enamoramiento entre el biógrafo y el biografiado. El biógrafo debe siempre mantener una visión lo más objetiva posible para que realmente se vea con claridad al personaje. Cosa que no sucede con las biografías sobre el Che. En ellas se le elogia o se le ataca por razones políticas”.


Esta nueva biografía ofrece también una extraordinaria descripción de cómo transcurrieron las últimas 24 horas del Che. ¿Descubre elementos que habían pasado ignorados?

“Absolutamente. Primero porque me instalé en La Higuera, donde el Che es asesinado, y en Valle Grande. Trabajé e interrogué a las personas que estuvieron en ese momento. Por ejemplo, la maestra Julia Cortés, personaje clave. Fue la maestra que enseñaba en la escuela donde el Che es asesinado y la única persona no uniformada que mantiene tres diálogos con él. En el fondo de su pregunta hay algo muy cierto: los últimos momentos del Che han sido tremendamente confundidos. Obviamente que son minutos demasiado trascendentales, pero algunos que han tenido una participación muy protagónica se han ocupado de esconderse, y otros, con tal de vender libros, se han asumido un papel que realmente no tuvieron. Traté de escribir con exactitud esas últimas horas con base también en entrevistas que mantuve con soldados y oficiales que allí estuvieron. Lo interesante es que surge que quién da finalmente la orden para matar al Che —si bien la orden la trae desde La Paz el coronel Centeno— es el eficientísimo agente de la CIA, Félix Rodríguez, quien funge falsamente como capitán del ejército boliviano, con el nombre ficticio de Capitán Ramos. Rodríguez le da la orden al sargento Terán —lo tengo documentado y filmado—, donde le dice que le tire “de la cintura para abajo”. Estaban desesperados por confirmar la versión oficial de que el Che había muerto desangrado en combate, ya se sabía que el Che estaba herido en las piernas. Pero el sargento Terán estaba tan nervioso que la ráfaga será muy irregular. Una bala le partirá al Che el corazón y lo matará de inmediato”.


En el marco de la presentación del libro en Madrid, usted habla de cierto paralelismo entre sus propios orígenes y la condición de Ernesto Guevara.

“Los paralelismos los muestro con mucha humildad. Digo que a pesar de las cosas en común él es él y yo solamente lo que soy. Pero pertenezco a la misma clase social que el Che: soy argentino, soy rama pobre de familia rica, soy médico sin vocación, soy asmático. Todo esto, para lo que sirve, es para haber tenido cierto ángulo de comprensión del Che, lo cual también me permitió entender algunas de sus actitudes, muy argentinas y propias de determinada clase”.


El libro llega a las librerías en Hispanoamérica en momentos en que se condena a Cuba por la ola represiva de abril pasado.

“Fidel Castro tiene que ver muy poco con las ideas del Che. Ernesto Guevara nunca fusiló a disidentes u opositores. Él llevó adelante la justicia revolucionaria contra torturadores y asesinos del régimen batistiano. Siempre fue muy humanitario con los prisioneros. Fidel insiste en exhibir al Che como una bandera propagandística de su gobierno, porque representa algo que Castro necesita mostrar y que no es. Un espejismo, en el más patético de los casos. Fidel apostó a la política y el Che apostó a la epopeya. Una diferencia gigantesca entre los dos”.

* ©Artgos Int.-2003/Todos los derechos reservados.

  
.


---
— Gustavo Adolfo Becerra: “Pactos. Hombre sentado junto a una montaña”


— Pancho O’donell: ‘El che apostó a la epopeya’


Nicaragua en el corazón