ESCRIBANOS
EDICIONES ANTERIORES
LA PRENSA
OTROS SUPLEMENTOS
SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 4 DE OCTUBRE DE 2003
PORTADA
CUENTO NICARAGÜENSE
POESIA NICARAGÜENSE
LEXICOGRAFIA
KINO-BIO-CINE
ENSAYOS
PINTURA
MUSICA
COMENTARIO
CRITICA
John Maxwell Coetzee, Premio Nóbel de Literatura 2003

Foto  
.El literato de 63 años fue premiado por su capacidad para escribir relatos de ficción que “de innumerables formas, reflejan la sorprendente participación de los extraños”

 

AP

ESTOCOLMO.— El novelista sudafricano John Maxwell Coetzee fue galardonado con Nóbel de Literatura 2003, por la Academia Sueca. En su comunicado, la Academia dijo que las novelas de Coetzee se caracterizan por una “cuidada composición, diálogos llenos de significado y brillantez analítica”.

“Empero, al mismo tiempo, es un escrupuloso ser dubitativo, inmisericorde en sus críticas del cruel racionalismo y moralidad cosmética de la civilización occidental”, agregó.

El premio incluye un cheque por más de 10 millones de coronas suecas (1,300,000 dólares). Coetzee, un “afrikander” nacido en Ciudad del Cabo en 1940, escribe en inglés y refleja una visión desolada de su país, dividido racialmente.

El escritor obtuvo amplio reconocimiento y el premio Booker por su novela Life and times of Michael K, en 1983. En 1999, volvió a obtener este prestigioso galardón con su obra Disgrace. Su estilo alegórico y escueto ha generado comparaciones con el de Franz Kafka y Samuel Beckett.

El último sudafricano en ganar el premio más prestigioso de literatura fue la novelista Nadine Gordimer en 1991.



BREVE BIOGRAFÍA

John Michael Coetzee es uno de los escritores contemporáneos más importantes y enigmáticos. A pesar de la relevancia de su obra, premios y sólida fama que ha ganado en el mundo literario, se niega a dar entrevistas. Incluso se le conocen muy pocas fotografías.

Es profesor de literatura, crítico, traductor y lingüista. Entre sus novelas más importantes se encuentran En el corazón de la tierra (1977), Vida y época de Michael K (1983), Infancia (1997), Desgracia (1999), Juventud (2002) y La edad del hierro (2002); la mayoría publicadas por Mondadori y traídas paulatinamente a Chile en los últimos años. Aunque Esperando a los bárbaros data de 1980, recién ahora es publicada en castellano, producto seguramente del significado que la narrativa de Coetzee ha tomado en la última década.

Coetzee no es un escritor político, en el sentido proselitista del término, pero en Esperando a los bárbaros, como en la mayoría de sus textos, hay un progresivo develamiento de una atroz e injusta realidad, así como la creciente toma de conciencia por un protagonista que a lo largo del relato se va humanizando. “No soy el vocero de una comunidad ni nada que se le parezca —dijo alguna vez Coetzee—, soy alguien que tiene noción de la libertad, como la tiene cualquier prisionero encadenado y que construye representaciones de gente que se libera y ve la luz”.

En un estilo directo, carente de obvias emociones, descriptivo y casi distante, esta extraordinaria novela va imponiendo su tesis: la absurda situación que se produce cuando la llamada “civilización” impone sus términos a aquellos “incivilizados”. Esta obra puede ser la puerta de entrada a una narrativa conmovedora, poderosa y con extraños rasgos de belleza.



Juventud

John Maxwell Coetzee

En un mundo perfecto sólo se acostaría con mujeres perfectas, mujeres de feminidad perfecta pero con un núcleo oscuro que respondería al yo aún más oscuro de él. Pero no conoce mujeres así. Jacqueline —en cuyo núcleo no ha detectado oscuridad alguna— ha dejado de visitarle sin previo aviso y él ha tenido la sensatez de no intentar descubrir por qué. De modo que tiene que apañárselas con otras mujeres, de hecho, con chicas que todavía no son mujeres y quizá no tengan ningún núcleo verdadero en absoluto o ninguno del que hablar: chicas que se acuestan con un hombre sólo de mala gana, porque las han convencido o porque sus amigas lo hacen y no quieren quedarse atrás o porque a veces es la única manera de conservar el novio.

Deja embarazada a una. Cuando la chica telefonea para darle la noticia se queda estupefacto, helado. ¿Cómo puede haber dejado a alguien embarazada? En cierto sentido, sabe exactamente cómo. Un accidente: prisas, confusión, un lío de los que nunca aparecen en las novelas que él lee. Pero al mismo tiempo no se lo cree. En el fondo no se siente mayor que un niño de ocho años, de diez a lo sumo. ¿Cómo puede ser padre de un niño? A lo mejor no es verdad, se dice. A lo mejor es como uno de esos exámenes que estás seguro de haber suspendido y, sin embargo, cuando salen las calificaciones resulta que después de todo no te ha ido tan mal.

Pero no va así. Otra llamada de teléfono. En un tono pragmático, la chica le informa de que ha ido al médico. Se produce una pausa mínima, lo bastante larga para que él aproveche la oportunidad y hable. Podría decir “te apoyaré”. Podría decir “déjamelo a mí”. Pero ¿cómo puede decir que la apoyará cuando en realidad lo que significaría apoyarla le llena de aprensión, cuando siente el impulso de colgar el teléfono y salir corriendo? Se acaba la pausa. Sabe de alguien, continúa ella, que se ocupará del problema. Ha concertado una cita para el día siguiente. ¿Está dispuesto a llevarla en coche hasta el lugar de la cita y traerla de vuelta después, porque le han advertido que después no estará en condiciones de conducir? Se llama Sarah. Sus amigos la llaman Sally, un nombre que a él no le gusta. Le recuerda el verso Come down to the sally gardens. ¿Qué diantre serán los “sally gardens”? Sally es de Johannesburgo, de uno de esos barrios residenciales donde la gente pasa los domingos cabalgando por sus fincas y gritándose “¡Divino!” mientras criados negros con guantes blancos les sirven las bebidas. Una infancia de montar a caballo y caerse y hacerse daño pero no llorar ha convertido a Sarah en una persona de confianza. Puede oír a su grupo de Johannesburgo diciendo “Sal es una persona de confianza”. No es guapa —tiene la constitución demasiado fornida y una cara demasiado lozana—, pero está sana de pies a cabeza. Y no finge. Ahora que ha estallado el desastre, no se esconde en su habitación fingiendo que todo va bien. Al contrario, se ha enterado de lo que hacía falta enterarse —cómo abortar en Ciudad del Cabo— y se ha encargado de los trámites oportunos. De hecho, le ha dejado en evidencia.

Van a Woodstock en el pequeño coche de Sarah y aparcan delante de una hilera de adosados idénticos. Sarah baja del coche y llama a la puerta de una de las casas. Él no ve quién abre la puerta, pero sólo puede ser la abortista en persona. Se imagina a las abortistas como mujeres con un aspecto ordinario y el pelo teñido, el maquillaje resquebrajado y las uñas no demasiado limpias. Le dan a la chica un vaso de ginebra sola, la tumban, luego llevan a cabo alguna manipulación innombrable dentro de ella con un alambre, algo que implica enganchar y arrastrar. Él, sentado en el coche, se estremece. ¡Quién iba a sospechar que en una casa anodina como esa, con hortensias y un enanito de yeso en el jardín, tienen lugar atrocidades así!

Extracto del capítulo 4 de “Juventud”, de J.M. Coetzee. Editorial Mondadori, 2002.



Ganadores del Premio Nóbel de Literatura 1960-2003

2003: J.M. Coetzee, Sudáfrica.

2002: Imre Kertesz, Hungría.

2001: V.S. Naipaul, Gran Bretaña, nacido en Trinidad.

2000: Gao Xingjian, Francia, nacido en China.

1999: Guenter Grass, Alemania.

1998: José Saramago, Portugal.

1997: Darío Fo, Italia.

1996: Wislawa Szymborska, Polonia.

1995: Seamus Heaney, Irlanda.

1994: Kenzaburo Oe, Japón.

1993: Toni Morrison, Estados Unidos.

1992: Derek Walcott, Santa Lucía.

1991: Nadine Gordimer, Sudáfrica.

1990: Octavio Paz, México.

1989: Camilo José Cela, España.

1988: Naguib Mahfouz, Egipto.

1987: Joseph Brodsky, Estados Unidos, nacido en Rusia.

1986: Wole Soyinka, Nigeria.

1985: Claude Simon, Francia.

1984: Jaroslav Seifert, Checoslovaquia.

1983: William Golding, Gran Bretaña.

1982: Gabriel García Márquez, Colombia.

1981: Elias Canetti, Gran Bretaña, nacido en Bulgaria.

1980: Czeslaw Milosz, Estados Unidos, nacido en Polonia.

1979: Odysseus Elytis, Grecia.

1978: Isaac Bashevis Singer, Estados Unidos, nacido en Polonia.

1977: Vicente Aleixandre, España.

1976: Saul Bellow, Estados Unidos, nacido en Canadá .

1975: Eugenio Montale, Italia.

1974: Eyvind Johnson y Harry Martinson, Suecia.

1973: Patrick White, Australia, nacido en Gran Bretaña.

1972: Heinrich Boell, Alemania.

1971: Pablo Neruda, Chile.

1970: Alexander Solzhenitsyn, Rusia.

1969: Samuel Beckett, Irlanda.

1968: Yasunari Kawabata, Japón.

1967: Miguel A. Asturias, Guatemala.

1966: Shmuel Y. Agnon, Israel nacido en Polonia, y Nelly Sachs, Suecia, nacida en Alemania.

1965: Mikhail Sholokhov, Rusia.

1964: Jean-Paul Sartre, Francia (rechazó el premio).

1963: Giorgos Seferis, Grecia, nacido en Turquía.

1962: John Steinbeck, Estados Unidos.

1961: Ivo Andric, Yugoslavia.

1960: Saint-John Perse, Francia.  
.


---
Portada


Jorge Tablada pintor de la Cruz de América


John Maxwell Coetzee, Premio Nóbel de Literatura 2003


El cuidador de tumbas