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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 4 DE OCTUBRE DE 2003
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Entrevista
Jorge Tablada pintor de la Cruz de América

Foto  
.Según el pintor las cruces amerindias fueron creadas antes de la era de Cristo en el Continente Americano y representan las visiones de nuestros antepasados

La cruz. Oléo 2003. Jorge Tablada.

 

Arnulfo Agüero

En el nuevo siglo XXI se está experimentando un renacimiento cultural, por el misticismo cristiano y no cristiano. Se han elaborado complejas teorías filosóficas con el objetivo de explicar el fenómeno en sus variadas formas de expresiones filosofales. En el caso específico del simbolismo sacro vemos que la cruz de la Roma imperial era utilizada como instrumento de suplicio, escarmiento y muerte. Posteriormente este símbolo, se erigió en icono de redención, sometimiento y estandarte máximo de la celebración litúrgica cristiana.

Es a partir de esta cultura mística que han surgido manifestaciones artísticas, creando variadas formas como la cruz latina, cruz griega, de san Andrés, de Lorena, de Santiago, entre muchas otras. ¿Qué de la Cruz de América? Según el pintor nicaragüense Jorge Tablada Vanegas, las cruces amerindias fueron creadas antes de la era de Cristo en el Continente Americano y “representan las visiones de nuestros antepasados y las fuerzas de la naturaleza”.

Hoy interiorizada y exteriorizada, las recrea desde su propia dimensión espiritual, investigativa y pictórica. Al final de esta entrevista el pintor les deja a los filósofos y antropólogos la pregunta aún en discusión: ¿fue la Cruz de América la base simbólica de una religión heliolática y atmosférica?



—Podríamos afirmar que tu génesis pictórica social y mística fue marcada por dos épocas convulsas, antes y después de 1979. Estamos hablando de tu exposición (1976-1986) en la Casa Fernando Gordillo.

—El inicio de mi carrera plástica es casi prácticamente la revalorización de un trabajo que venía ejecutando en estos años; pero realmente mis primeros cuadros fueron expuestos colectivamente en 1978 con obras de los artistas Róger Pérez de la Rocha, Leonel Vanegas y Efrén Medina, en la galería La Cascada. La exposición que haces referencia, es un recorrido de diez años de estar incursionando en la plástica nicaragüense, y prácticamente reflejaba esos dos momentos históricos que estábamos pasando: antes de la Revolución donde deambulaba la muerte y después de ella, donde se abría el camino de la vida y la esperanza. Una de estas obras la que llamé El Torturado, una especie de “mártir crucificado” de 1.5x3 metros; recuerdo que Vanegas me dijo: “Este cuadro tiene vida”. También pinté Un canto desesperado, que es precisamente la imagen de un sapo, pero trabajado en la técnica povera. Las obras de esta década plateaban mi compromiso social y la búsqueda incesante por una mística que me llevara a una mayor dimensión espiritual dentro del arte universal.



—Hablando de esa mística en la pinturas, diez años después exhibiste otra exposición a la que llamaste curiosamente Oquedades lunares. ¿Qué camino estabas marcando?

—Ya tenía un camino marcado que es “la espiritualidad de las formas de la naturaleza”, que nos permite una comunicación más comprometida con Dios y más fluida con el universo mismo. Exactamente en esta exposición presenté varios glifos cruciformes; de ella el maestro Leoncio Sáenz hace una valoración positiva de lo que ha sido mi trabajo y ésta apunta esencialmente a lo que es la búsqueda de mi espiritualidad en la pintura sacra indigenista.



—¿Cuándo exactamente descubrís, con mayor plenitud, que tu búsqueda señala hacia los gráficos cruciformes como expresión de plasticidad de rescate cultural religioso?

—Nace aproximadamente como tema integral de mis obras hace ocho años. Fui juntando todos estos signos cruciformes a partir de las primeras muestras de Oquedades lunares. Así retomé los simbolismos que representan las visiones de nuestros antepasados con las fuerzas de la naturaleza, hoy en día definido en dos formas: uno es prácticamente la historia de sometimiento de los españoles a nuestros antepasados. Y la cruz en sí como un símbolo natural. Ahora estos símbolos cruciformes (indígenas) aparecen antes del surgimiento de la cruz cristiana. La experiencia con el gráfico de la cruz nuestra, me ha enseñado que éstos constituyen lazos misteriosos de lo visible e invisible que nos une, nos da fuerza y orientación.



—¿El concepto de Oquedades lunares, tiene algo que ver con la influencia que recibiste del “Tata” (Leonel) Vanegas?

—Esta exposición sin duda tiene que ver con el homenaje que le dediqué al “Tata” Vanegas y con la idea de Oquedades lunares, porque prácticamente todo giraba alrededor de la Luna como fenómeno fertilizante de la tierra. Y el “Tata” fue un fenómeno en la plástica nacional que sirvió para unir generaciones. Te puedo decir con firmeza que uno de los discípulos de Vanegas, fue el pintor Róger Pérez de la Rocha, independiente que éste posteriormente haya creado su propio lenguaje influenciado —a como él mismo lo dice— por Goya. Ahora bien: mi trabajo, tiene que ver con la simplificación de las formas, por encontrar el misterio de la materia que es la vida misma, y no precisamente de plagiar la naturaleza al hacer paisajes sin espíritu, sin esencia. En el caso de Vincent Van Gogh sus paisajes están impregnados de su espíritu, que es genial. Hoy muchos pintores están exaltando sus obras hacia lo preciosista, hacia la línea y el color, hacia la idea sin alma.



—¿Tu propuesta de los signos cruciformes en qué dirección del “arte místico contemporáneo nicaragüense” apunta?

—Mi reciente exposición de los signos cruciformes (Arte y óleo en Oro-Arte Rupestre de Nicaragua) es sobre nuestra herencia cultural del arte rupestre, que son las primeras pinturas existentes de nuestra historia nacional. Con esta exposición expreso el simbolismo de la espiritualidad del hombre en todos los tiempos y no el emblema religioso esclavizante europeo. Estos gráficos además expresan en un mismo plano que el hombre es producto de la misma creación del universo.



—Estamos hablando de 44 gráficos de arte sacro figurativo y simbolista interrelacionado con la naturaleza y las creencias. ¿Cómo llegaste a ellos?

—Estos gráficos cruciformes han sido recreados, pero también es parte de un trabajo de investigación y recopilación de imágenes que realizaron nuestros antepasados en vasijas de barro... por lo general encontradas en la región del Pacífico, a excepción de la Serpiente emplumada de la Laguna de Asososca, que también es un gráfico cruciforme, a mi modo de ver no hay otra serpiente como ésta. En el ámbito de América, la cruz también está diseminada desde el norte de Canadá hasta la Patagonia y representada para la América-india, como símbolo de los poderes creativos fertilizantes de la naturaleza y de sus fenómenos atmosféricos. Cuando vinieron los conquistadores, lo que miraron en las cruces indias fueron sus conceptos de la fe cristiana. Esto es sorprendente, porque en las crónicas mexicanas el secretario de Hernán Cortés, Gomara, afirmó que en Cozumel (México) “había una cruz tan alta como diez palmos” y que ésta era reconocida por los nativos como Tlaloc, el dios de la lluvia y la fertilidad. O sea que la Cruz Amerindia ya existía desde antes del nacimiento de Cristo, y que no era explicada por ninguna enseñanza religiosa. Irónicamente hoy uno de estos gráficos ceremoniales (la cruz doble papal) es la que utiliza el Papa Juan Pablo II.



—Esto que decís es revelador; pero también en el siglo antepasado llegaron a nuestras tierras inmigrantes como Ephrain G. Squier y Carl Bovalius que relataron en sus crónicas de viajes algo relativo a este tema de las cruces indígenas y su cosmogonía mágica.

—Así es. Todos ellos hablaron de que estos símbolos eran toltecas, que comunicaban con los Mayas y los Aztecas, y que eran representaciones de Tlaloc. Bovalius, por ejemplo hablaba que “la cruz era cuádruple grabada en cuádruple fondo delante de un amplio pedestal”. También el padre Hidelbrando María, según narró Nadailac, sus signos tenían poderes creativos. Otra cosa que se puede apreciar de la cruz en sus orígenes es que se asocia al número cuatro, porque cuatro son los puntos cardinales, cuatro los elementos de la naturaleza tlaloc (agua), tlatecuhtli (tierra), hueheieteot (fuego) y xiuhcuhtli (aire).



—Y esto nos abre una interrogante: ¿fue la Cruz de América la base simbólica de una religión heliolática y atmosférica?

—El número cuatro significa esa idea mágica... En síntesis te puedo decir que la esencia de la cruz reflejada en el arte rupestre de América es símbolo de la creación y de la divinidad nativa de nuestro Continente, y su nacimiento no está asociado al simbolismo cruciforme de la civilización de la fe cristiana.  
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Jorge Tablada pintor de la Cruz de América


John Maxwell Coetzee, Premio Nóbel de Literatura 2003


El cuidador de tumbas