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SUPLEMENTO SEMANAL DEL DIARIO LA PRENSA / SáBADO 14 DE AGOSTO DE 2004
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El régimen del primer Somoza

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.Comentarios al libro histórico de Knut Walter

 

Henry A. Petrie*

Por ignorancia o conveniencia política, la Historia de Nicaragua, en sus diversos episodios, no ha dejado de ser distorsionada y tergiversada, o bien, acomodada de parte interesada. Es imprescindible ponderar y connotar los hechos con el significado justo que corresponde a la condición humana de nuestra sociedad en sus diversas actividades. Cada vez más, adquiere particular importancia el estudio histórico mediante la investigación con metodología y técnicas que brinden pautas más objetivas al análisis interpretativo.

En tal sentido, El régimen de Anastasio Somoza 1936 – 1956 de Knut Walter, con sus 418 páginas —incluye fotografías—, publicado por el Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica de la Universidad Centroamericana (2004), denota una acuciosa y rigurosa investigación que inició a mediado de la década de 1980, con abundantes fuentes informativas y documentales. El autor es un reconocido historiador, investigador y consultor en el campo de la educación, que entre sus obras también destaca La educación en Centroamérica: reflexiones en torno a sus problemas y su potencial (2000)

Knut centra su estudio en lo indispensable que fue el crecimiento del Estado nicaragüense, para el asentamiento exitoso del régimen somocista, así como la adaptación en sus diversos niveles, identificando algunas características del sistema político de la época, que según él explican la “longevidad del viejo régimen, a la vez que aclaran los orígenes del movimiento revolucionario”.

A partir de la tesis que ubica como elemento incidente la intromisión extranjera en la conformación del estado y sistema político nicaragüense, se analiza a profundidad el proceso que conllevó a la instauración del régimen somocista, a raíz del retiro de las tropas norteamericanas del territorial nacional (1932) y el asesinato del general Sandino (1933). Knut establece tres períodos del régimen de Anastasio Somoza García (1933-1943; 1944-1947; 1947-1956), detallando sus esfuerzos políticos y económicos que lo fortalecieron como nueva alternativa en la época y lo ayudaron a sostener su poder con pertinentes alianzas sociales y políticas, pese a su origen inconstitucional (golpe de estado en 1936)

Desde la perspectiva del autor, coincidente con otros estudios nacionales, “el somocismo representaba una ruptura con respecto a la política tradicional nicaragüense, sobre todo debido a sus esfuerzos por incorporar a las masas obreras y campesinas dentro de un movimiento político nacional” (p. 79). Pero lógico, Somoza García era representante de un sector de la clase dominante en el país, que con sus negocios fraudulentos y la utilización del Estado para beneficio propio y de su camarilla —familia, elementos del Partido Liberal, alta oficialidad de la Guardia Nacional y algunos oligarcas— afectaron, en determinados momentos, las posibilidades de desarrollo y acumulación de riquezas de otros sectores, originando contradicciones que en efecto, tal como indica Knut, tuvo que resolver mediante la búsqueda del consenso y acuerdos entre las fracciones políticas tradicionales, tales como los pactos Cuadra Pasos-Somoza y el de los Generales, que a la vez acompañaron las Constituciones de 1948 y 1950, respectivamente -recuérdese que en Nicaragua ha sido frecuente los cambios de Constitución unilaterales para satisfacer intereses parciales, y que durante toda la dictadura somocista se elaboraron tres Constituciones, de las cuales, dos correspondieron a los años en el poder de Somoza García y una a Somoza Debayle en 1974, a raíz del pacto Agüero-Somoza-. Estas acciones, desde la perspectiva del autor, fueron imprescindibles para el conveniente crecimiento económico con bases capitalistas y agroexportadoras, además de garantizar la fuerza institucional y coercitiva del Estado.

Entre otras características del régimen de Somoza apuntadas en el libro, fue su subordinación a los intereses de los Estados Unidos, acentuado a partir de la Segunda Guerra Mundial, que convierte a Nicaragua en abastecedora de materias primas para alimentar la industria bélica de aquella potencia; políticas estatales de desarrollo basada en la apertura hacia las clases propietarias y orientadas a favorecer las exportaciones nicaragüenses en el mercado mundial; su espiral de corrupción dentro de la burocracia gubernamental y la Guardia Nacional, sus pilares fundamentales; enriquecimiento particular mediante la acumulación de tierras —ésta representaba un fuerte indicador de poder social mediante el cual se mantenía hegemonía y control político del país de la aristocracia terrateniente—, entre otras.

Los elementos anteriormente apuntados, sumados al cuestionamiento de la legitimidad del régimen, la concentración de riquezas en manos de los Somoza, la continua presencia de un miembro de esta familia en altos cargos del Estado, etc., dieron lugar a los orígenes del movimiento revolucionario, y en particular, al surgimiento del Frente Sandinista de Liberación Nacional, que abanderó la causa de Sandino y propuso la organización de un nuevo estado nicaragüense.

El régimen de Anastasio Somoza 1936 – 1956 pasa a integrar, junto a otros que esperan reediciones, el inventario de textos y documentos históricos que deberán servir para el estudio y el acertado análisis para construir un futuro donde los elementos negativos del pasado no regresen con nuevas máscaras, como el caudillismo, repartición de cuotas de poder y la corrupción; el primero se creyó fenecido con Emiliano Chamorro, pero ya ves, resucitó en otra estirpe de actores políticos, y los dos últimos, pues seguimos en ello, ¿no es así?

*(Escritor)  
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El régimen del primer Somoza