DOMINGO 5 DE DICIEMBRE DEL 2004 / EDICION No. 23654 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Yelba Valenzuela, administradora de la Finca Esperanza Verde
“Esta finca tieneun toque muy mío”

. Hace siete años tomó en sus riendas una finca que, en conservación, hoy figura como la más “sostenible” a nivel mundial. Y aunque trata de asumir el trofeo como el esfuerzo de un trabajo en equipo no puede evitar verse como una diva ante el cetro

Amparo Aguilera

Asegura y perjura que es una mujer sencilla. Aunque viaje cada año por simple placer y use ropas de marcas caras. Su esfuerzo por verse humilde la hace asegurar que no sabía nada de caficultura cuando asumió la administración de Finca Esperanza Verde, sin embargo, creció entre cafetales y ganado.

Realidad o apariencia, no es una mujer vanidosa. Su contextura entre rellenita y delgada la viste exactamente para la ocasión: jeans, tenis, camiseta, gorra, y esconde sus pequeños ojos claros con unas gafas negras que no deja de modelar, y que contrastan con su piel blanca.

“Si uso un accesorio, aretes o cadenas, me gustan que sean de los buenos. Con la ropa de vestir es igual, porque prefiero las de marca, me gusta verme bien”, advierte.

Yelba Valenzuela, la administradora de Finca Esperanza Verde, es una mujer como cualquier otra: le gusta verse bonita y que se lo digan; le gusta ser la mejor y que se lo reconozcan. Aunque lo disimule.

Conserva el deje de las campesinas de montaña adentro que la delata como esteliana, por lo que nadie al verla se imaginaría que es técnica superior en Administración de Empresas, técnica superior en Enfermería, técnica media en Contabilidad, con estudios técnicos en Computación realizados en Suecia más conocimientos en inglés y trabajo social.

Deja entrever que llegó a San Ramón, Matagalpa, como guiada por el destino, ya que la enfermedad de una tía provocó que encontrara al hombre que llegó a ser su esposo e hiciera vida en el lugar.

Dirigir la biblioteca municipal fue el trampolín que la llevó a Esperanza Verde, que para entonces era una gran parcela de tierra como cualquier otra en Nicaragua, pero que llegaría a ser la mejor finca del planeta, “porque tiene un toque muy mío”, asegura con aires de autosuficiencia.

Con ese “toque”, la finca recientemente ganó el primer lugar en el certamen de Turismo Sostenible, en la categoría de Conservación, tras ser la favorita entre otras de más de 100 naciones del mundo que iban tras el trofeo que por cuarta vez promocionó The Smithsonian Magazine y Travelers Conservation Foundation.

Esa convicción hace pensar que no le sorprendió el triunfo.

Fíjese que sí me agarró por sorpresa. Claro sabía, y sabíamos que no íbamos a quedar en último lugar. Pero tampoco nos imaginamos ser los primeros.



¿Está preparada?

Sí, tengo que prepararme porque la verdad de las cosas es que esto no lo previmos. No sabíamos que íbamos a ganar. Sabíamos que teníamos cierto potencial por todo lo que hacemos, pero no estábamos tan seguros.



¿Cuánto de usted tiene Esperanza Verde?

La verdad es que la finca tiene un toque muy mío. Es cierto que los dueños son una ONG extranjera (Durham-San Ramón), pero tiene que ver con mi personalidad, con mis detalles y la voluntad que hemos tenido para salir adelante.



¿Qué detalles?

Algo que me caracteriza es el orden, la limpieza. Y si usted se fija toda la finca está muy limpia, incluyendo el área productiva donde procesamos café, los mismos plantíos de café. Porque yo pienso que siempre hay que dar una buena imagen de lo que es el sitio y uno no debe andar lujoso pero sí presentable. Es decir que se mire orden, que es una persona ordenada, una finca ordenada, limpia. Ése es mi toque personal.

SUENA FÁCIL PARA UNA FINCA.

Realmente es bien difícil, porque hay que pasar muchas horas. Yo trabajo 15 horas de seis de la mañana a ocho de la noche. Algo que me ha facilitado es que sólo tengo un hijo, mi esposo murió hace algunos años, entonces me he dedicado de lleno a cuidar a mi hijo y a la finca.



¿Cómo llegó aquí?

Una tía vivía aquí, ella estaba enferma y yo la vine a atender, conocí al papá de mi hijo y ya me quedé. Empecé trabajando en fundar una biblioteca. Después conocí a la ONG, me invitaron a este proyecto (Esperanza Verde) y que pasara a ser la administradora y que los representara. Era un proyecto innovador, desconocido y piloto que tenía que haber gente con mucha voluntad y deseos de trabajar.



¿Eso qué implicó?

Dejé el hospital porque empecé con el papá de mi hijo y ya no podía estar tanto tiempo en ese tipo de trabajo. En lo que mi hijo nació tuvo serios problemas de salud. Tuve que dejar la universidad y me decidí realizar estudios técnicos para emprender en otros trabajos y estar pendiente de mi familia y de mi hijo. Soy casera, soy hogareña. Me gusta mucho serlo y estar con mi hijo y mi familia.



¿Cuál es su salario?

350 dólares.



¿Entonces no lo repensó tanto trasladarse desde Estelí?

Primero pensé mucho porque lo natural de una finca son los hombres, es un trabajo de campo que es muy fuerte, había que saber mucho sobre café. Había que saber mucho sobre labores agrícolas. Entonces para mí era como un reto comenzar con este proyecto sin saber mucho de caficultura. Aunque realmente yo vengo de una familia rural.



Pero fue víctima del machismo de la zona.

Bueno eso es cierto. Pero en esto una tiene que ser muy fuerte, porque los hombres manejan las fincas (del país). Es muy raro ver a una mujer en estas labores, no predomina esto. Entonces había gente, hombres, que decían: “Ah, cómo es posible que una mujer va a cultivar café, o cómo una mujer va a conseguir compradores de café o hacer exportaciones...” y todo en lo que ha consistido esta finca, porque además de producir el café, hemos tenido que exportarlo, procesarlo... incluye muchas actividades a la misma vez, porque la finca es productiva y al mismo tiempo prestadora de servicios.



¿Cómo la ven a usted ahora?

Pienso que ahora han de decir que he tenido valor para hacer todo esto. Antes no había edificio, carretera. Y comencé con eso primero, luego a hacer senderos. Esta finca prácticamente era nada y ha pasado por mis manos todo ese proceso de hacer construcciones, carreteras, café, turismo, mercadeo y publicidad. Entonces ha sido un trabajo muy agitado que hay que saberlo hacer para llegar a este momento. Iniciamos con seis manzanas de tierra, sólo una chocita había donde vivía el antiguo dueño. Entonces si queríamos hacer turismo teníamos que hacer algo más, comenzamos hasta bajar cemento, arena, hierro, dos kilómetros hasta aquí, a pie.



A propósito, de hombres ¿cómo va la demanda que les entabló el diputado Vallecillo?

Es difícil hablar de eso. Es muy triste. Mi abogado se está encargando de eso. Pero en lo personal, le puedo decir que me parece rara la demanda. ¿Por qué hasta ahora que la finca es famosa reclaman las 20 manzanas? ¿Por qué no antes? ¿Por qué sólo 20 manzanas y no las 94 que tiene la finca?

La gente de Carolina del Norte está algo preocupada por ese tipo de comportamiento, porque nosotros no tenemos nada que esconder, todo está en regla y por eso estamos ventilando el caso, a donde se debe: los juzgados.



¿Esto va a detener los preparativos para la entrega del premio, que por cierto está previsto para este seis de diciembre?

Esta situación (la demanda) es una voz de alerta para el sector privado que quiera invertir en Nicaragua... pero no, para nada va a atrasar esos planes. La ONG dueña de la finca va a asistir a Hollywood, Miami, acompañada por la Ministra del Intur (Instituto Nicaragüense de Turismo) Lucía Salazar; y el cónsul de Nicaragua en Miami. Esto para nosotros es un apoyo, es muestra de confianza.



¿Usted por qué no va?

Tengo que ver los cafetales, la cosecha no pinta bien este año. Las condiciones climáticas no ayudaron, el café no se desarrolló a como debía. Y bueno, prevemos que van a haber pérdidas del 35 por ciento. Entonces prefiero quedarme, además en este mes tenemos la reunión mensual, con la ICV (Iniciativa Centroamericana Verde) y tengo que asistir, porque vamos a ver varios puntos incluyendo el de seguridad en reservas como ésta, esto porque nos preocupa lo sucedido en (la isla de) Ometepe, donde dos turistas desaparecieron, entonces vamos a ver qué medidas tomamos en conjunto, porque Esperanza Verde como tal tiene un plan especial ante emergencias.



Por ejemplo, ¿ante cuáles?

Tormentas especialmente. Aquí (en la finca) todos los trabajadores dominan el plan y las guías suelen estar pendientes ante cualquier eventualidad.



¿Qué sigue ahora?

Necesitamos más mercadeo y publicidad para vender mejor este producto. Y en cuanto a mí, me gustaría especializarme en empresas de pequeños negocios y mejorar mi inglés.



¿Cuáles son los retos?

Ahora que lo tenemos, pues nos tocan más retos porque tenemos que mercadear y publicitar mejor la finca y a la par tenemos que continuar conservando su ecosistema. A lo que se suma el compromiso que tenemos con la comunidad porque la idea es continuar apoyándolos con un proyecto social, que el próximo año podría ser de agua potable. Entonces hay muchas cosas por hacer.

VA POR OTRO PREMIO

Finca Esperanza Verde es finalista del concurso To-Do de Turismo Sostenible que impulsa un organismo alemán. Los criterios de este certamen incluyen sostenibilidad económica, ambiental y la parte sociocultural del proyecto.

“En este mes nos dan los resultados y estamos casi seguros que podemos ser los triunfadores”, cuenta alegronamente Yelba Valenzuela, administradora de la finca.

Manifiesta que de ganar este certamen, sería el tercero del año. “Y con eso estaría más que satisfecha”, refiere. Aunque desde ya dice que podría abandonar su cargo dentro de dos años.

“Si veo que el personal está lo suficientemente capacitado quizás termine con el contrato (cuya conclusión está definida para el 2006) porque quiero tomarme un descanso y pensar en el futuro. En lo que voy a ser cuando llegue a viejita”, adelanta. Sin embargo, sea cual sea el camino, de lo que sí está segura es que siempre va a terminar en San Ramón, ubicado a 18 kilómetros de Matagalpa.



FAN DE BELLI

Hoy Yelba Valenzuela es una viuda de 40 años. Es la cuarta de 10 hermanos, todos con alguna licenciatura. Es madre soltera, tiene un hijo de 17 años que estudia en Mercadeo y Publicidad. “Él es mi orgullo y mi incentivo”, dice.

No tiene afinidad con ningún partido político. Aunque sí con una religión: la católica. “Pero no soy iglesiera. Todos los días oró y pongo en las manos de Dios mi trabajo y mi vida incluyendo a mi hijo y a mi familia, y sólo voy los domingos a la Iglesia”, aclara.

Es fan de Gioconda Belli, al punto que el nombre de la finca lo tomó, junto a un grupo de turistas, de un mensaje ilustrado de la Mujer habitada. También lee a Gabriel García Márquez y dice relajarse en la finca que administra.
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“Esta finca tieneun toque muy mío”