MIéRCOLES 14 DE ENERO DEL 2004 / EDICION No. 23331 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Opinión económica
¿Debemos pagar impuestos?

Sergio Vélez Astacio
sevelezas@hotmail.com

Los gobiernos sostienen que los impuestos son un mal necesario, “el precio de una sociedad civilizada”. Seamos o no de la misma opinión, es innegable que dicho precio por lo general es elevado.

Los impuestos pueden dividirse en dos categorías directos e indirectos. Entre los directos figuran los que recaen sobre los beneficios empresariales, los bienes inmuebles y la renta. Este último es probablemente uno de los más impopulares, sobre todo en países donde su cálculo es progresivo, es decir, a mayores ingresos, mayor gravamen. Sus críticos afirman que este sistema penaliza la dedicación y el éxito laboral.

Entre los impuestos indirectos hallamos los aranceles aduaneros y los que gravan el consumo, por ejemplo, de licor o tabaco. Aunque éstos son menos obvios que los directos, representan una gran carga económica, sobre todo para el sector pobre de la población. Existe la opinión errónea de que la mayor parte de la aportación tributaria de este país recae sobre los contribuyentes ricos y de clase media.

“Los impuestos indirectos suponen más del 60 por ciento de la recaudación de este país. Con toda probabilidad, los más pobres asumen una mayor carga tributaria que los ricos”. Es evidente que las tasas elevadas sobre artículos básicos, como el jabón y la comida, crean esta desigualdad.

AHORA BIEN ¿QUÉ HACE EL GOBIERNO CON LO QUE RECAUDA?

Hay que admitir que el Gobierno hace grandes desembolsos económicos a fin de suministrar y mantener los servicios necesarios.

En Nicaragua, por ejemplo, 14 de cada 100 habitantes trabaja en el sector público, que incluye entre otros a maestros, policías, funcionarios de correos y personal de hospitales.

Los impuestos se utilizan para costear sus sueldos y proporcionar carreteras, escuelas, hospitales y servicios postales y de recolección de basura.

Los impuestos sobre la renta de carácter progresivo, antes mencionados, constituyen otra modalidad de estrategia social, pues pretenden reducir la brecha entre ricos y pobres.

Casi todo el mundo reconoce, aunque sea a disgusto, que los impuestos benefician a la comunidad.

El responsable de una agencia tributaria de nuestro país me dijo en cierta ocasión: “A nadie le gusta pagarlos, pero pocos sostienen que nos iría mejor sin ellos”.

Según algunos cálculos el 90 por ciento de la ciudadanía nicaragüense cumple con el Fisco.

CIERTO EXPERTO EN LA MATERIA ADMITE:

Muchas inexactitudes se deben a la complejidad de las leyes y procedimientos, no a que se obre de mala fe. Sin embargo, el público en general reconoce que los impuestos son necesarios y no objeta al pago que le corresponde, no obstante, las famosas palabras atribuidas a Tiberio Cesar parecen ciertas: “El buen pastor esquila al rebaño, no lo despelleja”.

“En este mundo no hay nada tan seguro como la muerte y los impuestos”. Benjamín Franklin.

Casi un tercio del sueldo que tanto le cuesta ganar a “Juan Pueblo” amigo mío tiene por destino el pago de impuestos. “No sé adónde va a parar el dinero”, se queja este humilde vendedor. “Con tantos recortes presupuestarios cada vez tenemos menos servicios”. Nos guste o no, los impuestos forman parte de la vida. “Desde el inicio de la civilización, los gobiernos han ideado todo tipo de tributo”.

Una de las muchas diferencias económicas entre las naciones desarrolladas y las subdesarrolladas es que las primeras subvencionan a los trabajadores del campo, mientras que las últimas los cargan de impuestos.

Y finalmente “lamentablemente nuestros más altos funcionarios distan mucho de ser ejemplo que motive a los ciudadanos comunes a obedecer las leyes fiscales”, los nicaragüenses en definitiva debemos, aunque los impuestos generen rechazos y sean tan complejos y elevados, pagarlos, todo por el bien de nuestra querida Nicaragua.

El autor es especialista tributario.
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