Noche de anillos
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 | Acerca de la novela de Chuno Blandón |
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Cabeza. Escultura de Miguel Angel Abarca. 2003. |
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Alejandro Serrano Caldera*
Hace seis años, aproximadamente, apareció Chuno en mi casa con un voluminoso manuscrito que contenía su nueva novela, La noche de los anillos. Me pidió que la leyera y le diera mi opinión con toda franqueza. Durante varias noches me enfrasqué en la lectura del libro de más de quinientas páginas atraído por sus relatos y atrapado en su trama desde la lectura de la primera línea.
“Un frío intenso me atraviesa hoy de lado a lado. Fantasmas del pasado. He vuelto a sentir sus gritos de jolgorio, carreras, pies mojados. Alaridos y bromas, viajes a la Sirena, excursiones al expendio de chicha, sorpresas en los bailes de tango. Confidencia en la noche, queda, casi secreta”.
El autor se sitúa ante el lector y le narra de entrada y sin previo aviso, su experiencia existencial frente a las sombras que en una época, como vidas plenas, violentas y esperanzadas, poblaron su juventud de escolar de secundaria en el Instituto Nacional del Norte de Matagalpa. Hoy son fantasmas que regresan por los viejos caminos tupidos de maleza, por los senderos que ya fueron recorridos y que hoy son revividos de nuevo, transitados otra vez en el recuerdo y la nostalgia.
Y el autor, que es también uno de los personajes de la historia se siente de pronto arrinconado por los espectros del pasado, su pasado no tan lejano como para olvidarlo, ni tan cercano como para sentirse todavía parte de él. Y así desfilan en rara procesión inmateriales sombras de los vivos y los muertos y él los interroga de nuevo, “¿qué se te hizo el partido, la raya en el cabello, negro, como las frases que soltabas a veces en la rueda de insomnes?... ¿Qué hicieron los costales y los zapatos viejos, mis pobres generales de guerras prematuras?... ¿Por qué han escogido esta noche fría para cantar las coplas de angustias colectivas?”
Son las preguntas que Chuno hace a sus espectros pero sobre todo a sí mismo en este inesperado monólogo-diálogo con el que inicia su libro. Pero están también las respuestas que hacen que la acción no sea únicamente un ejercicio de meditación y de recuerdos, para transformarlo en una conversación entre el hombre y las formas de su memoria, entre el presente y el pasado. ¿Qué pasó? ¿Te pusiste sentimental? Pues... fue un escalofrío. Se quedan viendo sin decir nada.
La técnica narrativa de Chuno desarrolla la novela en círculos concéntricos que van ampliándose progresivamente a medida que el relato toma vuelo, para volver luego a concentrarse en el núcleo inicial el que una vez más vuelve a ampliarse. Del grupo de amigos que forman el núcleo duro de su narración, se pasa a grupos más amplios de muchachos que cursan sus estudios en el instituto, a todos los estudiantes del centro, a la ciudad de Matagalpa y al país entero en donde se lucha contra la dictadura de Somoza, para volver luego el relato a la ciudad, al instituto, a los grupos de estudiantes, al núcleo de amigos que son los protagonistas principales del relato, todo ello en una acción pluriforme en la que se entrelazan las múltiples historias que se conectan y desconectan entre sí.
Como telón de fondo de las narraciones, que son la narración, están los rasgos culturales dominantes, no sólo pedagógicos y académicos del colegio, sino también y sobre todo de la cultura musical popular que prevalece en las cantinas y prostíbulos del pueblo. La Sonora Matancera, con Bienvenido Granda, “El Bigote que Canta”, Pérez Prado que proclama en su propia música y letra que “el mambo es universal”, y los tangos que en sus quejas melancólicas cuentan los infortunios del amor.
Los personajes aparecen en la obra entrelazados en toda la trama del relato, algunos con nombres propios y otros con nombres ficticios pero absolutamente verdaderos, tan verdaderos que algunos de ellos han sido sujetos determinantes de los capítulos más recientes de la historia nicaragüense. Entre ellos y sobre todo, Agatón, cegato y visionario, puro y asceta consagrado exclusivamente a la preparación de la revolución que debía de derrocar a la dictadura y establecer la justicia social en Nicaragua. Jacobino y marxista, su religión era la libertad, la finalidad de su vida la justicia, el sentido de su existencia, la lucha por la liberación de los oprimidos.
Pero también y antes que Agatón y sus luchas, el Chele Alonso, “rubio fuerte, sonrisa amplia” y consagrado también a las luchas por la libertad. Y así en un desfile de personajes similares, algunos, y disímiles la mayoría, transcurre la novela construida con múltiples relatos que son múltiples vidas que se entrelazan en una trama dominante que es la lucha por la libertad de Nicaragua desde el instituto, desde la montaña, desde la acción urbana, el pensamiento, el panfleto, el discurso...
Y así van sucediéndose e interactuando de diferentes formas y momentos, Arquímedes, el profesor, Anaxágoras, Eugenio Castilblanco, el Cuique, singular personaje dedicado a espiar a las mujeres, a “cotiar”, verbo acuñado por el que describe la acción de mirar sin ser visto. Y sigue el desfile de personajes e historias, Jorge Praslin, Tulipán, Rafael Praslin, Manuel Baldizón, Cipriano Orúe, quien fue mi compañero en primer año de la Escuela de Derecho en la Universidad Nacional, en León; Celán Ordóñez, uno de los principales personajes de la obra, con quien estuve conversando hace un año aproximadamente en la casa en el mar, El Tránsito, de mi consuegro, Luis López Azmitia, y más recientemente en el restaurante La Marseillaise, en la cena que dio Chuno a un grupo de sus amigos en ocasión de la aparición de su libro.
La obra de Chuno es una magnífica novela con una técnica esmeradamente trabajada y una prosa fluida, dinámica y a veces impactante. El complejo entretejido de su trama nos revela al novelista en pleno dominio de la técnica para construir la estructura; y la atracción y el interés creciente por el relato de una historia que ya conocemos, pone de manifiesto la maestría del escritor en la administración de los temas y el manejo de la prosa.
He vuelto a leer el libro ya publicado que Chuno me llevó personalmente y de seguro mucho más trabajado y elaborado que aquellos estupendos manuscritos que hace algunos años el autor me pidió que leyera. Pero hoy como ayer la novela me pareció de mucha calidad y volvió a capturar mi atención con el mismo interés de la primera lectura. Chuno se confirma en este libro como un novelista de singular valía, cualidad que se une a las de dramaturgo, humorista, actor y músico que componen la polifacética personalidad de este destacado escritor y excelente amigo.
*Filósofo y politólogo nicaragüense. 
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