Nobel y otros temas
Enrique Peña Hernández
NOBEL. Es el nombre o calificativo oficial de los diversos premios instituidos por el famoso químico sueco ALFRED NOBEL. En su lengua de origen esta voz es aguda: la fuerza de su pronunciación recae sobre la última sílaba (-BEL). La Real Academia Española ha recomendado que los hispanohablantes debemos pronunciarla aguda: NOBEL; “a pesar de que la pronunciación llana (Nóbel) está muy extendida, incluso entre personas cultas”.
En Nicaragua pronunciamos en forma grave o llana (Nóbel). Debemos atender la recomendación académica.
No se debe confundir este nombre (NOBEL), con el adjetivo novel, que se aplica al que comienza a practicar un arte o ejercer una profesión, o que tiene poca experiencia en su práctica o ejercicio.
PERSONALIDAD y PERSONERÍA. Se ha observado que con suma frecuencia, tanto en algunos medios de comunicación como en declaraciones de funcionarios públicos y personajes políticos principalmente, se emplee la palabra personería con el significado de personalidad. Sus significaciones son absolutamente diferentes. Por personalidad se entiende la aptitud legal para ser sujeto de derechos y obligaciones. Es una característica de las personas naturales o individuales, con sus excepciones por supuesto. En cambio, personería es la representación o mandato que ostenta o ejerce una persona, es la procuración de negocios ajenos.
Los organismos, asociaciones, entidades, etc., adquieren personalidad jurídica, que se las otorga por decreto el Poder Legislativo (entre nosotros la Asamblea Nacional). Se le concede aptitud legal para ejercer derechos y contraer obligaciones, como las personas naturales.
Cuando una persona jurídica o una persona natural confiere poder a alguien, éste obtiene personería jurídica, para que actúe conforme los principios del mandato. Como se infiere, el personero jurídico es un mandatario o apoderado.
Ha quedado establecida la diferencia entre personalidad y personería.
UNO Y PRIMERO. Se nos enseñaba que tanto en los textos forenses, notariales y administrativos como en la correspondencia, escritos familiares y de oficina, no se debía usar la palabra primero (primero de junio, primero de agosto, etc.) para designar el primer día del mes, sino el cardinal uno (uno de enero, uno de marzo, etc.)
La Academia Española ha acordado que el primer día del mes puede escribirse con el cardinal uno o con el ordinal primero. Quede constancia de ello.
Asimismo, manda la R.A.E. que en ningún caso debe escribirse un cero a la izquierda cuando el número que indica el mes o el día es inferior a diez. No se debe escribir, por ej., 06/07/2001. No estoy de acuerdo con tal disposición, porque se pone el cero a la izquierda del día, precisamente para evitar que maliciosamente coloquen otro número: 16 ó 26 en vez de 06. 
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