La depredación del Golfo de Fonseca
Este caso es un ejemplo palmario de cómo se desarrollan —perezosa y descuidadamente, con ribetes de picardía— las relaciones intracentroamericanas. Nos referimos al Tratado Gámez Bonilla firmado hace cien años entre Honduras y Nicaragua. Este documento fijaba los límites marítimos de ambos países en el Golfo de Fonseca. A pesar que la comisión mixta respectiva estableció las coordenadas de aquel trayecto, aún no han sido señalizadas. A ese respecto recordemos que lo primero que efectuaron los Estados que constituyen la Unión Europea fue solidificar la confianza negociando sus fronteras, ya que los límites territoriales es un elemento básico de la soberanía. En cambio en los países centroamericanos se habla mucho de unión cuando ni siquiera hay acuerdo de fronteras, como sucede entre Guatemala y Belice; El Salvador y Honduras; y en este caso entre Nicaragua y Honduras en lo que respecta a la bahía histórica de Fonseca.
En efecto sigue la pesca furtiva, valiosa e impune de pescadores hondureños en aguas jurisdiccionales nicaragüenses en aquel accidente geográfico, causando no sólo graves incidentes, sino cuantiosas pérdidas al ingreso nacional. Las advertencias que ha venido formulando nuestra Fuerza Naval acerca de la presencia reiterada de esas incursiones foráneas obliga a nuestras autoridades marítimas a capturar a los intrusos, incluyendo sus lanchas, motores y aperos de pesca, además de aplicarles la multa reglamentaria.
Es así como ese saqueo reiterado de larvas de camarones excede a los veinte millones de dólares anuales, de acuerdo con estimación de expertos. Por razones ecológicas, las hembras del camarón prefieren desovar en las aguas del golfo que bordean a los farallones pertenecientes a Nicaragua. Es posible que sea el mar más limpio y tranquilo en esos sitios, a diferencia del lado norte honduro-salvadoreño, donde hay ciénagas con alta contaminación producida por desechos orgánicos y productos químicos venenosos, vertidos por empresas hondureñas y salvadoreñas procesadoras de pescado.
En una excursión por helicóptero en 1997 pudo observarse a flotillas de cayucos, con procedencia de El Salvador y Honduras, faenando en nuestras aguas, lo curioso es que la Cancillería nicaragüense recibe casi todas las semanas insistentes y fastidiosas solicitudes de sus contrapartes para liberar a los apresados y dispensarles cargos. También es verdad que la Fuerza Naval de nuestro país se siente frustrada cuando autoridades civiles ordenan liberar a los depredadores, devolviéndoles todas sus pertenencias.
Lo que pasa es que los pescadores extranjeros se sienten impunes y contestan con metralla los requerimientos de nuestra Fuerza Naval para suspender sus incursiones ilegales. Un día de éstos se armará un intercambio de disparos, ocasionando pérdidas humanas que pudieron evitarse.
Para prevenir esos incidentes, un canciller de nuestro país en 1997 se empeñó en que fuesen colocadas de común acuerdo con Honduras boyas luminosas permanentes tipo Sentinel, que indicasen nuestros límites en el Golfo de Fonseca. Con esa medida se intentaba terminar con el pretexto de que no había manera de distinguir, donde termina Honduras y empieza Nicaragua en la mencionada bahía histórica. En realidad desde hace una centuria, se establecieron unánimemente todas las coordenadas que indican el referido límite a partir del portillo de Teotecacinte, hasta el punto medio de una línea vertical que va de la parte más meridional de la isla del Tigre, al sitio más septentrional de la península de Cosigüina, dividiendo en el trayecto por partes iguales las aguas del Golfo de Fonseca.
Felizmente hubo en aquel año de 1998 en Honduras un Ministro de Relaciones Exteriores quien entendió lo razonable de la posición nicaragüense. Convino entonces en señalizar el golfo. Al efecto ambos cancilleres lograron que la República China en Taiwan donase medio millón de dólares para ejecutar esos trabajos. Fue así como los dos altos funcionarios inauguraron e1 29 de mayo de l998 la boya maestra que serviría de reparo a las demás. Desde entonces esa tarea ha sido bloqueada por los intereses de empresas hondureñas en la zona, con influencia en los altos círculos de ese país. ¿Estaremos dispuestos a seguir dejando que nos despojen de nuestro patrimonio?

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