VIERNES 14 DE MAYO DEL 2004 / EDICION No. 23,449 / ACTUALIZADA 02:30 am





EL HUMOR DE




Los obsoletos

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Róger Fischer

Hace más de treinta años, el arquitecto Eduardo Chamorro llamó obsoleto al general Anastasio Somoza por su forma caudillezca de gobernar. En esa época el córdoba estaba a siete por un dólar, el ingreso per cápita era el segundo más alto de Centroamérica, la deuda externa no preocupaba a nadie, había trabajo, la educación no estaba de capa caída. Existía un Seguro Social fuerte y bien administrado, y las Juntas de Asistencia Social funcionaban en cuanto a medicinas y servicio.

Políticamente Nicaragua se manejaba a través de una dictadura hereditaria que lastimaba la dignidad ciudadana y que era una afrenta para la democracia en Latinoamérica. Esa desesperación llegó al límite de proclamar: “Después de Somoza cualquier cosa…” y cualquier cosa ocurrió.

Con astucia el original Frente Sandinista pasó a ser de Liberación y con ese apellido fue sumando simpatizantes que estimulados por la dictadura somocista, decidieron derrocar al Gobierno. La unión de las tres fuerzas sandinistas dio como resultado un Frente Unido respaldado internacionalmente por gobiernos europeos y latinoamericanos, que creyeron como muchos nicaragüenses en un cambio positivo. El principal caldo de cultivo fue originado por el “Chigüín”, quien formó su propia guardia élite, la que hizo desmanes y logró entorpecer toda clase de diálogo, provocando irritación en el propio ejército y desde luego, desencadenando la insurrección popular.

Fidel Castro fue el artífice del modelo nicaragüense y los nueve comandantes se plegaron totalmente a la voluntad de Castro al extremo de imitarlo, no sólo en el campo político y la construcción de un estado “socialista”, si no también en las actividades represivas y hasta en la cubanización de sus discursos, acento, vestuario y ademanes.

Se perdió la oportunidad de hacer una revolución y diferente que diera chance a todas las fuerzas productivas del país, que se utilizara la infraestructura y que se redimiera al campesino. Al revés, fueron éstos y el pequeño agricultor los más agredidos y el empresario mayor, condenado a perder sus medios de producción. Se pretendió que el Estado fuera el dueño de la nación y se deformó el concepto, convirtiendo al Estado en padrino de todos. Los ahijados se volvieron haraganes, se acostumbraron al “chinchineo”, se perdió la iniciativa por falta de estímulos económicos y nos convertimos en un país dependiente política y económicamente. Después de ser un país generador de divisas y respetado por la banca internacional, pasamos a ser una nación de pedigüeños y menesterosos. Las colas para buscar aceite, comida y tantas necesidades hogareñas, desaparecieron con el triunfo de doña Violeta, pero la maña de pedir y no producir nos ha quedado como herencia sandinista.

Con la victoria de la señora Chamorro recuperamos la libertad de conciencia, de prensa, de asociación, de culto y de cátedra. En fin, todas las libertades públicas conculcadas por los nueve comandantes.

Los adversarios al presidente Bolaños dicen que Nicaragua no arranca. El país camina y va mejorando. Quienes realmente no arrancan son los políticos a la vieja usanza, los imitadores de Somoza, los caudillos que manejan a los principales partidos. Ellos no arrancan, ni dejan arrancar al país hacia el progreso; y no vamos a arrancar mientras ellos sigan siendo obsoletos. Ellos trabajan para quedarse con el poder y no para que el poder sirva a los ciudadanos. Don Daniel tiene más años mandando en nuestra Patria que cualquiera de los Somoza.

El cambio debe estar en ellos, en su amor por Nicaragua, en su devoción por los necesitados. En una voluntad institucional y no personalista; en síntesis, en un liderazgo que promueva el desarrollo y con él, las fuentes de trabajo. Ellos deben arrancar y arrancarse para siempre sus actitudes de políticos ancestrales y caudillos desfasados. Deben dejar sus posturas viscerales y hacer un acto de verdadero patriotismo. Sólo así podrá andar con fortaleza este país, renovando pensamientos y conductas y estableciendo una democracia verdadera, equitativa y justa. Por inteligencia, hay que cambiar... lo demás es obsoleto.

El autor es publicista
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