Animales literarios
 |
|
|
El poeta chileno Enrique Lafourcade |
| |
Arnulfo Agüero (Crítico de arte)
Los Animales Literarios Chilenos, del hereje chileno Enrique Lafourcade (Santiago 1927). constituyen un inventario —narrados poéticamente y fuera del frío dato biográfico— de los retratos de las Vacas Sagradas Chilenas que vivieron en su tiempo. Estas íntimas y nostálgicas evocaciones, descorren la cortina de las memorias perdidas, con la idea de rendirles tributo a lo que está más allá de la palabra. Es un sentir de poeta: ánima de animal que arde, liberado por el talento creador en sus amplios espectros y que sobrepasa el ardid del poder político y religioso providencialista.
Es notable recordar que a finales de siglo XIX y a comienzos del XX Rubén Darío (Azul… 1888) renueva la lírica hispanoamericana y ejerce gran influencia en la literatura chilena. En esta centuria pasada la escritura de este país ha experimentado al pasar de las décadas las escuelas nativista, imaginista, neomodernista, vanguardista, surrealista. Cabe destacar que tres chilenos han recibido el Premio Nobel de Literatura Hispanoamericana. Gabriela Mistral (Desolación, Tala, Lagar), Pablo Neruda (Residencia en la Tierra, Canto general), y el padre del creacionismo, Vicente Huidobro (Poemas árticos, Altazor)
LAFOURCADE "INVENTOR" DE LA GENERACIÓN DEL CINCUENTA
Pero pasando al portal historiográfico de Chile, nos hemos “conectado” con Enrique Lafourcade, Premio María Luisa Bombal (Viña del Mar, 1982). Considerado el ingenioso “inventor” de la Generación del Cincuenta. Las arpas líricas de este movimiento poético, diverso y asistemático, apuntaron sus fusiles a la antipoesía y la trasgresión. Las teorías del excomulgado surrealista André Breton, iban ondeando sus portátiles en el propio epicentro de la convulsa II Guerra Mundial y los conflictos internos de su país.
En 1994, Enrique recibió el Premio Nacional de Literatura; reconocimiento fundado en 1942, también otorgando tres años después a Pablo Neruda. Le acompañaron con garras de renovación Jorge Edwards, quien escribió en forma de novela, Persona non grata (1973). Una obra crítica feroz, corrosiva y cargada de humor sobre el estalinismo. Esta acción le convirtió en persona non grata para la izquierda tropical y la derecha profascista. Otro es José Donoso, creador de ambientes alucinantes y personajes obsesivos. Coronación (1958), fue su primera novela. En ella retrató la decadencia de la aristocracia criolla simbolizada por el retrato senil de una dama corrupta, enferma y decadente. Pero alcanza notabilidad con su obra existencialista El obsceno pájaro de la noche (1970), novela que enlaza historias de seres ambiguos y monstruos. Se adhieren a su grupo el dramaturgo Luis Heiremansn y el poeta Enrique Lihn. Otros escritores que han encendido sus lumbreras —nacidos después de 1940— cabe señalar a Isabel Allende, Antonio Skarmeta y Ariel Dorfman. Por su lado Lafourcade ha sido en su larga existencia un narrador variado, prolífico cuentista y algo repentista. También ha fungido como profesor, comunicador social, crítico literario y agregado cultural en Madrid. Su producción literaria es abundante. Entre sus novelas claves deslumbran: La fiesta del Rey Acab, Las señales van al sur, Adiós al Führer, Cuando los políticos eran inteligentes, La cocina erótica del Conde Lafourchete, y Palomita blanca, que fue llevada al cine y varias veces reeditada.
Excéntricos, alcohólicos geniales, niños mágicos, maestros del horror... es como ve a sus “Animales...”
Sobre los retratos de sus Animales Literarios Chilenos, Lafourcade evoca a André Breton y Vicente Huidobro como las “lágrimas olvidadas en un libro olvidado”. Esto a su criterio es la belleza que resucita a sus “amigos notables, excéntricos de tiempo completo, alcohólicos geniales, niños mágicos guardados en cuerpos viejos, eruditos festivales y maestros del horror. Muchos de ellos ya se marcharon. Otros están presentes y otros vienen en tropel en busca del infinito”.
Para este “sabueso de poetas” es difícil para los escritores dedicarse por completo a escribir libros. Éstos terminan por no venderse o reeditarse. Enrique Bunster, unos de esos Animales... fue un escritor-valero, sin seguro ni beneficios extras. Veía a periodistas nonatos ganar tres veces más que él. Por delicatésse se lo comieron vivo, comenta en su juicio con honor de tragedia. Hablando de grandes borrachos, la estrella fue Antonio Cid. Se bebió cosechas y barriles full extras. Otro dato que recuerda como anécdota fueron las reuniones en 1953 en una casa fantasma —en lo que es hoy Ismael Valdés Vergara—, ahí gritaban, corrían y jugaban a la pieza oscura. Sobre Carlos León, apunta que religiosamente visitaba el Café Riquet. No escribía poesía pero dibujaba a los poetas como extraordinarios seres inexistentes. Por su parte Claudia Soler los retrataba como burros cargados de tristeza. Guillermo Quiñónez, este personaje era como un marinero oscilante con chaqueta en mano todo el tiempo; en cambio Neruda subía y bajaba los cerros como flotando.
LA MANDRÁGORA Y LA ESCUELA DE CALEU
Este encuentro con la melancolía lo hace recordar que el 12 de julio de 1938, Braulio Arena, Teófilo Cid y Enrique Gómez leen los primeros poemas y manifiestos proclamando su adhesión al surrealismo que criticaba el realismo social soviético. Años después Braulio, quien formaba parte de este grupo llamado Mandrágora, abandona esta corriente al descubrir un poema del siglo XVII, del poeta Gabriel Bocángel, que decía: Un ave de metal el aire suena. De algo está claro, Lafourcade, y es que aprendió mucho de la escuela de Caleu. Una escuela de la Generación del Cincuenta que se alimentaba de constantes lecturas, cánticos, diálogos y discrepancias. Esta escuela de Caleu también se reunía en la Posada de Ernesto Hidalgo. Ahí se reunían en sus tertulias literarias, el maestro Luis Oyarsún, el mago y poeta Alejandro Jodorowky, Cladio Giaconi, Jorge Berti, el pintor y gurú Roberto Humeres. Posteriormente esta escuela tuvo sus otras etapas y sus otros grupos. Un terremoto derribó la capilla y el tiempo se llevó hasta el dueño de la posada. Todas las cosas pasan como han pasado las escuelas de Atenas, de Viena, París y Praga, nos dice en señal de epitafio solemne Enrique Lafourcade, nacido en Santiago hace 77 años, y quien desde niño sintió la urgencia de vivir con impaciencia in crescendo la vida y la poesía, y... ¡vaya, que sí lo ha logrado entre esta selva de animales literarios!
A Blanca Lucila María del Rosario de Fátima Castellón
Argüello Quien ha creado su propia “ars perraria” con su
héroes caninos Kafú y Polo 
|