Accidente de tránsito (lentísimo)
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 | “Soy un hombre que está completamente aislado y a pesar
de que todos me conocen, muy pocos saben quién soy realmente”. Einstein, Albert |
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Ángel, Aparicio Arthola, óleo sobre tela, 2002. |
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Gustavo Adolfo Becerra
Tan solo y sobrecogido de músculos. Una pequeña tensión facial, que lo afecta desde niño, a la altura del maxilar, lo delata.
Dejé mucho de mi amor en su Puerta.
Dolores im-propios quitan brillo a sus Orígenes, agravado por una afasia que logra disimular con medicamentos.
No —existo para que sea— ésa es la Máxima.
Salgo por la Puerta de Servicio sin imprudencia ni atavismo.
Hasta Luego, señores. Ha sido un Gusto.
En mi lugar otro / que me anuncia, el relevo.
Limpia la casa / de otra tibieza habla el que viene.
De la Abstracción Pura al Recambio de Aceite.
Es uno de los muchos / el que me llega. Jamás pensé esos
nueve Tomos de pura melancolía.
Vagido y alma en el Mismo Vaso. Tampoco pude reconocerme en sus ojos ahora que sentía litúrgica la Escritura.
El Lector había muerto en un Accidente del Tránsito.
El Amado con sus horas fraternales devolviendo el aire que había acumulado desde Niño.
Fue obligado a Usar el Combustible de Emergencia, sólo para decirlo.
Derramada junto a su masa nuclear tenía un Libro de Poemas
No-Escrito y una Partitura de Ópera que jamás escuchó
(a pesar de sintonizar infinitas emisoras)
Por Dios, ¡qué mañana más bella, qué silencio tan Pájaro!
Había maltratado su Traje, hecho a medida: su cuerpo yacía boca-abajo. Y sus ojos se llenaron de Nubes.
Miles de Nubes repartiéndose los Palcos.
El Dios de los Infortunados estaba tendido sobre una Hamaca-Apocalipsis.
Qué duda podría caber: había muerto.
Siempre había soñado un Día de Lluvia / así soñándolo,
pero ya era tarde. Imaginó la música, antes que la lluvia se desnude.
Y los baldazos cayesen como Nudos.
Y todo lo que queda por decir, nombrándose en otra Lengua.
Realmente nunca me fui de ti.
Mis furias fueron oleajes / sin Registro.
Mi amor dejó silbidos en el Follaje y en el Olvido de los Follajes.
Y en el Olvido Mayor de todos los Ríos.
Y un Camino Viejo(in-transitable)
que se perdió por siempre en la Montaña.
Ella quizás un día me sabrá (pensaste), como yo le supe sus Horizontes, la tibieza de sus rincones, el aletear de sus Palomas.
Sus pequeños Paisajes nunca se irán de mi Memoria
ni el Verde-Amarillo de sus aguas.
Ella presentía Palabras que aún no habían sido dichas.
Y era capaz de navegar / orientada por el olfato. ¡Tanto amor tenía!
Tanto amor tenía que siempre la confundimos
con los Trigales maduros y la Piel de las Manzanas.
En bolsas plásticas, de un kilo, transportaba ese amor:
un litro de leche, un kilo de harina.
Amo la eternidad que se pudre. El Celeste-Relámpago
sobre mi mano muda, sigue siendo una pregunta.
Todo lo soñado se desgrana y quita el rostro.
Y él tratando de re-leer sus pasos, buscándose en una escritura que se borra. Amo ese ayer que nos dibuja— dijo.
Veo el declinar de las Hojas Metálicas del Imperio.
Perdí el equilibrio, y la piedra me supo.
Y mis secretos, ahora, desgranándose sobre la Mesa fría. 
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