LUNES 24 DE MAYO DEL 2004 / EDICION No. 23459 / ACTUALIZADA 11:00 pm





EL HUMOR DE




Una alianza por la República

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Ariel Montoya*

El querer concebir para la inmediatez de los próximos comicios municipales, y posteriormente los nacionales, una alianza política democrática con trascendencia electoral, al margen del bipartidismo libero sandinista, suena como algo iluso o simplemente fuera de toda perspectiva óptima, tomando en cuenta los sonados fracasos de las terceras vías, de los feudales caciques con bríos presidenciales que salen de cada propuesta y de las profundas divisiones a lo interno de las instituciones partidarias que han intentado promoverlas.

Sin embargo, la oportunidad histórica para impulsarla vuelve a tomar vuelo esta vez desde opciones sutilmente diferentes a las anteriores, contando ahora con un nuevo replanteamiento que podría darse entre todas las fuerzas políticas, entre las que puedan participar el sandinismo disidente, el liberalismo frustrado, la Contra, el conservatismo con atisbos de renovación y el electorado apartidario, entre otros, partiendo ahora de la alianza entre la Gran Unidad Liberal (GUL) y el Partido Conservador.

Pero además, ¿por qué no una alianza que pueda hasta arrastrar votos de los propios partidos mayoritarios, dada la imposición de sus caudillos? Daniel Ortega empieza a asomar la cabeza demostrando sus empecinadas obsesiones presidenciales, mientras que en el PLC empieza a crearse una frustración generalizada (y deserciones crónicas), de parte de candidatos a concejales y a alcaldes en distintos municipios ante las imposiciones y dedazos. Habría que ver si Arnoldo Alemán desde la cárcel relanza para el 2006 sus viejas pretensiones presidencialistas.

Los sandinistas y los liberales constitucionalistas podrán decir que en el pasado ellos han establecido alianzas entre fuerzas políticas bajo la conducción de sus partidos. Incluso, la misma Unión Nacional Opositora (UNO) lo hizo en 1990, habiendo demostrado una sólida coalición de partidos que tumbó al sandinismo cuando éste se sentía más invencible. No obstante, ninguna de estas tres fuerzas ha prolongado más allá de las guerrillas electorales, las alianzas establecidas.

Actualmente los partidos GUL y PC están sellando una alianza con la cual invitarán a todas las restantes fuerzas a establecer una especie de “alianza táctica” que sirva como un precalentamiento electoral en las próximas elecciones municipales. Estará por verse ahora cómo la gimnasia mental y el sentido de nación que tanto liberales y conservadores, junto a otras fuerzas que entren en el manifiesto táctico, puedan hacer tomando en cuenta la premura del tiempo, los obstáculos a vencer y la aceptación que tengan.

Es evidente que para enmendar una alianza de esta naturaleza no se deberá creer que su termómetro final será el establecido en estas elecciones próximas. Definitivamente que no. La fuerza del poder bipartidista es grande, y la enriquecen, además de las facultades constitucionales establecidas y las puestas en práctica de los vicios del poder, las debilidades de las fuerzas políticas alternativas, sus faltas de visiones integracionistas y sus raquíticas actitudes creativas y pragmáticas.

El mundo conceptual está cambiando y Nicaragua ha sido un país que de una u otra forma ha impuesto agendas geopolíticas en la región desde inicios de su historia. Nunca como ahora, los antivalores del poder público como la lucha contra la corrupción y el anti-caudillismo se han cuestionado tanto, condiciones éstas que hacen favorable como nunca antes una gran alianza democrática, muy diferente a las que existían durante el esfuerzo fallido del Pronal.

El caudillismo, la avaricia del poder, el enriquecimiento ilícito, el derroche institucional, el individualismo, la falsedad revolucionaria, el liberalismo corrupto, son algunos de los ejes típicos del pasado reciente, y una propuesta de nación que supere estos atropellos, desde la dinámica propia de la clase política, sigue siendo un reclamo histórico de la nicaraguanidad. Habría que ver hasta qué punto los dirigentes de estas fuerzas alternas, sus bases y la población entera, están dispuestos a ceder privilegios ideológicos, como tradicionalmente han existido entre liberales y conservadores, o bien, uniones célebres entre éstos y otros demócratas, y aquellos miembros del bipartidismo quienes, aturdidos y desencantados por sectores de las cúpulas amañadas y corruptas que los dirigen, den un paso por esta alianza por la República.

* El autor es directivo del GUL
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